El poder de las palabras

Un sabio amigo una vez me dijo,”Las palabras son hechizos, con los que vas creando tu realidad”, en su momento se me hizo interesante, pero con el paso de los años cada día ha cobrado más sentido esa frase. Uno de los aprendizajes más grandes de mi vida ha sido:

La importancia de la palabra.

Te puedes dar cuenta de quién es una persona por su diálogo, si prestas la suficiente atención encontrarás el subtexto que se esconde bajo la superficialidad, por ejemplo:

“Prefiero estar solo, odio a la gente, si por mi fuera nunca saldría de mi cueva”. Expresa un miedo gigante a ser rechazado por la sociedad.

 

Las palabras funcionan primero que nada, para exponer los miedos que se quieren ocultar, segundo, decretan la manera en la que quiero que se rija mi vida y tercero llenan de veneno a la gente que me escucha.

Utiliza con sabiduría tus palabras, cambia las oraciones negativas a positivas, habla cuando te nazca y no para llenar espacios. Es terrible la tensión que se genera por el silencio  entre dos personas que no tienen tema de conversación, pero me parece todavía peor hablar al azar para cubrir el vacío.

Últimamente hablo menos, observo y escucho más, lo cual me hace encontrar maestros en todas partes, cada persona me deja algo de sí mismo con su conversación y también cuando me nace platicar mis palabras tienen mayor poder y repercusión en quien está frente a mí.

Te invito a que observes la manera en la que hablas, si dices muchas cosas negativas o malas palabras, si tus temas de conversación son superficiales o llenos de aprendizaje, al igual que escuchar a tu gente más cercana e intentar descifrar lo que realmente necesitan y verás como vas a generar un gran cambio a partir de pequeñas acciones.

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Experiencias trascendentales 1.0

La llegada del amanecer fue una experiencia repleta de textura y matices, tuve una sensación de integridad que no se siente todos los días. Conforme pasaban los minutos y la luminosidad aumentaba, podía percibir el alza del sol como si Dios hubiera accionado el interruptor de un controlador celestial, llenando de vida el día.

 

A la par de la llegada de un nuevo día, también un nuevo “yo”, se alzó.

Con estas palabras quiero empezar a relatar la experiencia que viví la semana pasada en ceremonia de Ayahuasca y Psilocibina. Admito que me da miedo escribir de ello por la opinión pública, pero también lo utilizo como herramienta de aceptación de mí mismo, de quién soy. Dejo de ocultar mi esencia. Es un camino que decidí tomar hace ya algún tiempo.

El bosque fue el espacio de práctica y liberación, la noche nos arropó dando inicio a la ceremonia, las tomas sucedieron y  a con el paso de los minutos mi mente se expandió, permitiéndome la entrada al juego astral de la consciencia.

Mi ego se inhibió y emergió; “Salvador”. El niño, el adulto, la esencia, lo real. Me sorprendí por su personalidad juguetona y llena de energía. Ahora que lo pienso, tal vez mi cansancio crónico proviene de utilizar gran parte de mi energía en mantener mi esencia bajo las sombras.

Durante la noche fui  un niño inocente, lleno de amor y con una palpable necesidad de sentirlo y transmitirlo. Bailé alrededor de la fogata, sentí las canciones tamborilear en mi corazón, pero también tuve que enfrentarme a la realidad, de la que se desprende una dura pregunta.

¿Quién Soy?

Me transmute en una hoja de papel que Dios tomó con sus mano y arrugó sin clemencia. Aquello que quería que permaneciese impoluto se convirtió en el eslabón más débil, esa hoja que escribí con cursiva y  buena ortografía; las leyes y caminos que rigen mi vida, como cada ceremonia, fueron destrozadas.

Recuerdo la insoportable presión de la medicina diciéndome, acepta lo que eres y mi terca negación de no hacerlo por miedo, entre las cosas que destacan recuerdo frases como:

“Extraño a _______, pero no me permito aceptarlo porque sería vulnerable”

” No quiero hacer aquello a lo que me comprometí”

“Me mantengo al margen de la vida porque me da miedo ser lastimado y rechazado”

“Necesito expresar amor; me estoy secando por mantener apariencias”

Aquella ola de totalidad terminó con una última frase que entregué a la llama de la fogata:

“¿Por qué siempre me obligo a hacer cosas que odio? ¿Por qué me obligo a vivir sintiéndome mal?”.

Lo que acabo de relatar no fue toda la experiencia, ni siquiera se acerca a la punta del iceberg, pero si dejo evidencia un aspecto importante de aquel sábado en que fui yo mismo.

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Gracias queridos lectores que me acompañan en el interesante caminar de la vida.

 

Madurar duele, acéptalo y crecerás

La llegada del invierno marca el marchitar de la temporada, como el desvanecer de un sólido que se queda sin esencia, las hojas se deslizan secas bajo la fuerza de un viento que las lleva a un destino incierto.

El ser humano también experimenta dentro de si un cambio de estaciones.  El niño no sabe el dolor de la madurez, pero cuando llega el momento de hacer la transición, se le presentan dos opciones: aceptar el cambio o perecer. Si decide acceder, debe entregarse al sufrimiento que trae consigo la transformación; en cambio si decide negarlo, no significa que físicamente va a morir, más bien es entregar su espíritu como sacrificio para “salvar” su comodidad.

Nadie sabe que es lo que le espera del otro lado, el joven se retuerce de miedo al pensar en los demonios que va a encontrar al cruzar el río. Los que ya lo han cruzado lo exhortan a ser fuerte y entregarse a la evolución de consciencia. Mientras que aquellos que renegaron al crecimiento, lo asustan y maldicen su camino, porque el joven tiene el corazón suficiente para dar el siguiente paso.

El muchacho se sienta a esperar la llegada del invierno, observa su reloj con impaciencia mientras en su interior siente el consumir de su antigua persona, las hormigas del cambio extinguen lo mundano. Vuelve a mirar el reloj, tan solo unos cuantos segundos han transcurrido, “¿Cuándo llegará el final?”, se pregunta. Aparece un maestro, tiene la cabeza rapada y una barba blanca como la nieve, su mirada seria se esconde detrás de los anteojos. Lo observa con seriedad y extiende su mano para ayudarle a levantarse.

Lo primero que le enseña es a trabajar en si mismo, lo siguiente a ser paciente,

“Cada persona tiene su tiempo, no intentes acelerar el tuyo, fluye de manera orgánica”, le dice con su dura voz.

El chico quiere entender, desea con todo su corazón imitar al maestro a quien ama por haberle salvado, pero no puede entenderlo porque está del otro lado. Logra ver el premio a la distancia, pero por más que brasea a través de las densas aguas de la existencia, no llega a su destino.

Un golpe con el bastón, el muchacho se soba la cabeza y reclama.

“Deja de fantasear, mata la mente”, replica el maestro, “No pienses en la meta, vive tú camino y recoge los nutrientes que necesitas para fortalecerte, esto tan solo ha comenzado”.

El joven se abruma y llora con desesperación, se siente incomprendido, abandonado y débil, pero tiene fe en su maestro y eso le hace creer en si mismo también.

Se levanta y continúa con su camino, sabe que caerá, comprende que será difícil, pero nunca más vuelve a dudar de su capacidad.

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Mexicanos con “M” mayúscula, porque somos grandes

Hace una semana redacté un un ensayo para mi clase de Geopolítica, en el que tenía que expresar mi postura ante considerar a México como un Estado Fallido, en mi reflexión mencioné aspectos como: desigualdad, corrupción y narcotráfico, afirmando que estábamos fallando como nación, pero que:

Tal vez todo lo negativo que se nos presentaba era para que tocáramos fondo y eso nos motivara a trabajar para salir adelante.

Siempre he pensado que nuestro problema es que tenemos una sociedad basada en el individualismo y eso fácilmente se expresa en dichos populares como: “El que no tranza no avanza”, “Para que haya un gandalla siempre se necesita un güey que se deje”, y más frases que ejemplifican la necesidad de desenvolverse en un ambiente “hostil”.

Siempre he pensado que la mejor solución es:  Generar un sentimiento de comunidad entre los ciudadanos, no estimaba que fuera posible (en tan corto tiempo),  pero admito que me quedé sin palabras ante el sismo del 19 de septiembre, ya que a pesar de la terrible catástrofe, ocurrió un milagro;  la gente se movilizó para ayudar y sacar adelante la situación.

Todo mexicano, aunque no estuviera involucrado directamente con el desastre desarrolló empatía por el prójimo, abrió su corazón y rompió con las barreras que nos separan entre clases sociales. Ante la crisis todos nos convertimos en hermanos. Ayudar se transformó en una necesidad interna, nos convertimos en una gran comunidad.

Mexicanos que han donado víveres y herramientas para el rescate, Mexicanos que abrieron la puerta de sus casas a otros hermanos, Mexicanos que dejaron todo para acudir a las zonas críticas para ayudar a remover escombros y salvar personas.

Mexicanos con “M” mayúscula, porque somos grandes, no solo en nuestras acciones, sino en el corazón.

Que éste evento pase a la historia no solo como un evento desastroso, sino también como el inicio de una nueva era para México, en que el individualismo se extinguió para dar comienzo a una etapa de compañerismo, donde todos somos comunidad y velamos por el bien común. En la cual crecer significa ayudar al otro a subir los escalones del desarrollo.

¡Gracias Mexicanos! #FuerzaMéxico

¿Por qué nos da miedo ser reales?

Hay una escultura bellísima, todos la elogian por la suavidad de sus lineas, por la fineza de su material y la propuesta innovadora que emana. Hasta que encuentran un defecto. Es un simple detalle, pero excavan tanto que  llegan a la conclusión de que toda la obra es una porquería. Todo por esa nimiedad.

Ahora imagina que esa escultura es una persona, que trabaja su apariencia para ser perfecta a los ojos de los demás, pero un día la gente descubre que tiene algo que no cuadra con esa perfección (claramente aparente) y es juzgada de ser un fraude.

La realidad es que desde un principio no fue real, porque buscar agradar al otro es modificar lo que uno es, para ser del gusto común y claro siempre habrá algo que desagrade y desenmascare la mentira.

¿Por qué nos da tanto miedo ser reales?

¿Acaso la opinión pública nos va a partir por la mitad?

Nos asustan tanto los juicios, que somos capaces de cambiar todo lo que somos para encajar en la sociedad. Al grado que hacemos cosas que odiamos para ser aceptados. Fingimos ser como los demás para que nos quieran. Hablamos como el de al lado para no estar solos. Nos abandonamos para ser amados, pero es imposible que nos amen si somos una mentira.

Nadie nos puede privar de lo que somos más que nosotros mismos.

Las palabras son invisibles, dentro de nosotros está siempre la posibilidad de hacerlas flechas que penetren y destruyan o negarles el paso a nuestro corazón.

El rechazo duele, lastima y  nos asusta, pero duele más pretender ser algo que no somos para quedar bien frente a los demás.

Queridx lectorx, te invito a dejar de esculpir una belleza externa que esté vacía en las entrañas. Trabaja por ser real, da el clavado a tu interior y encuentra lo que te hace ser únicx. No dejes que los juicios te devoren, tú eres más fuerte.  

La persona más hermosa es aquella que se acepta tal cual es.

 

 

Vive tu vida como necesites vivirla

Imagina que caminas por una brecha de tierra, tus zapatos empolvados, las piernas cansadas de tanto caminar, lo único que te mantiene es la esperanza de llegar a un maravilloso destino.

Después de mucho andar llegas ante una disyuntiva, en la que puedes tomar cualquiera de los dos senderos:

El de la izquierda, te dará riquezas y alegría inmediata; vas a ser el rey de lo mundano, poderoso e invencible. La gente te va a respetar por tu fama y posesiones, pero el sacrificio que deberás hacer, es abandonar tu esencia, lo que realmente quisieras ser.

Por otro lado, en el camino de la derecha, te anticipo que vas a  sufrir. El trayecto va a estar lleno de pruebas que te van a hacer sentir impotente e incapaz de seguir adelante. La recompensa será que al final vas a experimentar un estado de plenitud que creías imposible, pero a cambio serás un rebelde contra el sistema y tus posesiones materiales van a ser mínimas.

¿Cuál de las dos opciones escogerías?

La izquierda tiene más atractivo a primera vista, porque tendrás los lujos que toda estrella del cine tiene, pero a cambio vas a  perder la esencia que te define y eso es lo peor que le puede pasar a alguien, porque después de todo te das cuenta que no hay una cantidad de dinero suficiente para hacerte feliz.

Yendo por la derecha aceptas renunciar a lo mundano, sé que es difícil de visualizar y todavía más de realizar, en parte porque la gente rechaza a los que no tienen éxito en lo material, pero piensa esto:

¿Qué te va a importar, si vas a sentirte feliz hasta la raíz?

La verdadera riqueza se encuentra en lo invisible a los ojos, recuerda que nada es permanente.

Que quede clara una cosa: No estoy hablando de que tienes que convertirte en un mártir o un monje sin pertenencias, mejor aún, lo que digo es que te transformes en una persona que elimina de su vida lo que no le sirve y con esto aprende a vivir con lo poco que le hace sentir feliz.

Vive tu vida como necesites vivirla, deja a un lado las opiniones de terceros, solo tú sabes lo que te hace feliz.

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¿Y qué sentido tiene todo esto?

Cuando te levantas por la mañana, te lavas los dientes, te bañas y desayunas. Sigues la misma rutina de todos los días. Escuchas el sermón del maestro mientras desearías estar dormido, o los mismos chismes del compañero de trabajo que no soportas, lo peor es que  pones cara de interés para no herir sus sentimientos. Después de todo el aguante te pregunto:

¿Y qué sentido tiene todo esto?

Porque igual que tú, yo también sigo la misma rutina a diario. Hay veces en que me miro al espejo y me cuesta reconocer al ser humano que se encuentra frente a mí. Claro soy yo, de eso no hay duda, pero es un “yo” que se ha moldeado y transformado en lo que se necesitaba para poder adaptarse al ecosistema social que lo puso en crisis, y debo decirte que esto duele.

Te lo repito con letras más grandes:

D U E L E

Duele porque me pregunto, ¿Y qué sentido tiene todo esto?, ¿De qué me sirve angustiarme tanto? ¿Por qué debería de preocuparme por las mismas (inserte insulto) de siempre? Y no encuentro respuesta, porque la respuesta carece de palabras.

Todo se resume a un sentir y a una plenitud del ser.

Amiga lectora, amigo lector, no dejemos que el sistema nos devore vivos, no somos víctimas de él si aprendemos a vivir por nosotros mismos y te hago una nueva pregunta.

¿Qué es lo que tu corazón desea?

Haz una meditación en la que profundices en la persona que quieres ser. No te limites. Si lo que quieres es viajar, ¡Hazlo!, si lo que quieres es pintar, ¡Hazlo!, si lo que más deseas es ayudar a otros, ¿Qué estás esperando? Vive de acuerdo a lo que tu esencia te pide y lo demás llegará por añadidura.

Lo que necesitas en ésta vida es: ¡Vivir! Feliz. Pleno. Amando y siendo amado.

Rodeado de la gente que más te llena y junto al paisaje que más te enamora. Trabaja por ello como si no hubiera mañana, porque tal vez no lo haya. Nada es para siempre, nuestra existencia es tan frágil como la hoja seca que se desprende de un árbol en otoño.

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Feliz de existir

Tal vez mis palabras no tengan estructura literaria, ni sentido pero eso no importa si logran comunicar, lo que yo deseo es que mis letras lleguen a ti, las leas y entiendas, sientas lo que yo siento y generar contigo una complicidad, un vínculo que antes no existía.

Somos dos extraños que se entienden, yo también sufro, yo también quiero encontrar un sentido en esta maraña de experiencias, sé que no es fácil crecer, que de niños al ver a los adultos pensábamos:

“De seguro ellos conocen el sentido de todo”.

Ahora que nosotros somos los adultos vemos con claridad que ellos tampoco sabían un carajo y solo pretendían entenderlo todo para no caer presas de la desilusión.

La gente nos marca las pautas sobre como deberíamos pensar, creer, actuar y hasta respirar, pero tú y yo sabemos que están equivocados, que cada persona tiene la oportunidad de ser libre y buscar su propio camino.

Hay que romper con esa cárcel invisible, te invito a que nos liberemos y eliminemos ese falso sentido con el que nos han contaminado la vida, sé que queremos sentirnos felices sin tener que ligar esa felicidad con otra cosa.

Estar feliz por el simple hecho de existir.

 

La (eterna) búsqueda de la felicidad

Entre el paquete de creencias que nos instalan cuando somos niños, se encuentra la idea de pensar que la felicidad es un regalo que nos es dado al  nacer y que estamos listos para utilizar como nos plazca, cuando en realidad tenemos que luchar, trabajar por ella a lo largo de nuestra existencia.

Me apasiona el tema de la felicidad y el sentido de vida porque es lo único importante, ¿De qué sirve estar vivos si no vamos a disfrutar vivir? Es cierto que habrán momentos de enojo, tristeza y  agonía, pero no tenemos que sucumbir ante ellos.

Me gusta la enseñanza del Buda en éste tema:

“El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.”

Así que de nada sirve estar lamentándonos por lo que ocurrió en el pasado o por lo que podría pasar en el futuro, yo sé que es fácil decirlo, pero experimentarlo requiere de gran coraje.

Soy una persona que en el exterior parece en paz, en constante gozo y armonía; pero la realidad es que tengo un caos interno, en forma de basilisco que me intenta devorar día con día y contra el cual debo luchar para no caer presa de la depresión.

Hay temporadas en que pierdo, pero he aprendido a  no dejarme hundir, porque sé que a pesar de la tormenta que no me permite ver el horizonte, nada es eterno y llegara el momento en que la luz vuelva a iluminar mi camino.

Hoy los quiero invitar a que se den un tiempo de silencio y vuelvan a apostar por ustedes mismos, todos somos un Buda en potencia solo necesitamos creer en nosotros y trabajar por ello.

Buenas Vibras.

Reconciliación con nosotros mismos

Hay un chico sentado en una banca del parque, su expresión es seria, sombría; mira a las palomas que buscan migajas de pan para abastecer su hambre, misma que él siente hacia ser feliz.

También observa a la gente; parejas, solteros, familias, amigos, que al final del día son seres humanos como él que día con día siguen una misma rutina, luchan por conseguir sus sueños y superan sus crisis existenciales.

Cada uno con sus diferentes limites, la diferencia que él tiene con ellos, es que él no quiere ser feliz hasta que no alcance la cumbre de su existencia:

Éxito profesional, mente abierta, espíritu pleno, amor en abundancia, seguridad económica, libertad total.

Visualiza cada una de sus metas y mide la distancia para alcanzarlas que sigue siendo abismal; a pesar de que año con año da un paso para acercarse a ellas. Se frustra, se mira en el reflejo del charco y se escupe con repudio, comienza un monólogo de rabia y odio consigo mismo.

— ¡¿Cómo puede ser que a ésta edad sigas luchando contra los mismos demonios?!— Se dice con desprecio.

— Es que tú no entiendes lo difícil que es para mí superar esos miedos, yo solo quiero sentirme bien, todo lo demás es complementario. — Se contesta arrepentido.

— ¡Deja de lamentarte pedazo de mierda! Entiende que la única manera de ser grandes es alcanzando lo que nos hemos propuesto.

— ¡Déjame en paz, me queman tus palabras, ya no quiero ser tu esclavo! — Se responde entre sollozos.

La gente que pasa por el parque lo mira confundida, un hombre piensa en acercarse a ayudarlo, pero él lo aleja con un movimiento de manos. No padece demencia, tan solo es otra persona que no puede lidiar consigo mismo, que día con día pierde la batalla contra su propio ser.

¿En dónde reside la verdadera felicidad?

Existen mil y un teorías diferentes, yo creo que se encuentra en lo más sencillo, como la reconciliación con nosotros mismos.