Me acerqué a la cafetería, con la esperanza de encontrar a un viejo fantasma, camuflado entre embriagantes notas de café, al entrar, el piso de madera cruje ante mis pies y me recuerda un tiempo de largas pláticas, repleto de carcajadas, el retrato de un ayer que me iluminó de placer.

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(Urban Sketchers)

Para mi sorpresa te encuentro, un viaje al pasado, lo único que cambia es la persona  frente a ti, ya no soy yo, se trata de otro hombre, el reemplazo perfecto, no puedo evitar sentirme mal y alejarme de ahí, tú no te das cuenta, pero yo sí.

Qué grande es el dolor que puede provocar una escena delante de nosotros, una benigna serie de imágenes que desfilan ante nuestros ojos, sin la intención de lastimarnos, pero que nos provocan desgarres de tristeza.

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(Val.)

Qué difícil es dejar ir, sobre todo a aquellas personas que no solo tocan el interior de nuestro ser, sino que nos inundan con nueva vida; aquellas que se convierten en energía vital en nuestra existencia, que al caminar dejan huella, ¿por qué los tenemos que soltar? Que agradable sería poder cerrar la mano y como un montón de coloridos globos impedir que sigan volando hasta su destino, dulce egoísmo de retener aquello que nos hizo feliz.

Me encuentro en una orilla de la banqueta, con la cabeza entre las rodillas, las lágrimas como un torrente empapan mis pantalones, o tal vez estoy en un rincón de mi mente, ya no sé, de lo único que estoy seguro es que el horizonte se va cerrando y quedo encapsulado dentro de él, cada respiración se hace más corta, y la esperanza se apaga.

CandyWareHouse

(CandyWareHouse, 2016)

De pronto algo cambia mi destino, un niño se acerca a mí, viene de la mano de su madre y le pregunta el porqué de mi desolación, ella no sabe que responder. Toma impulso y se suelta de su brazo, corre hacia mí, en un gesto de empatía y me ofrece su paleta de caramelo, una espiral de colores. Yo me niego y le agradezco. Él no desiste de su intento y me embarra el objeto en el rostro. Ese simple acto me deja anonadado, una acción tan diminuta como esa, me hizo entender un principio básico de la vida.

Es necesario cerrar ciclos, puertas, ventanas para abrir otras nuevas, permitir un eterno flujo de energía alrededor de nosotros, dejar de ser presas que buscan retener el agua, para de manera egoísta llenarnos hasta reventar, a tal grado que olvidamos, que sin movimiento el agua se estanca y lo que alguna vez nos hizo bien se convierte en tóxico y desagradable.

The Great Wave off Kanagawa  by KATSUSHIKA HOKUSAI

(Kanagawa oki no namiura, Katsushika Hokusai)

Así que en  vez de buscar guardar para mí todo lo maravilloso y pudrirme con ello, comprendo que debo liberar las compuertas de mi deseo, y dejar que fluya y siga su camino, agradezco y honro a todo aquel que pasa por mí, pero al dejar que la corriente continúe, logro llegar al mar, eterno repertorio de espiritualidad.

Salvador  Gonram.

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