Despertamos a la manera de los antiguos, con el sol naciente, a la orilla del mar, en la playa “El Requesón”. Desayunamos, nadamos y conocimos a una familia que venía desde Ensenada, Baja California Norte, nos regalaron pan de dátil y platicamos un rato. Posteriormente fui a cazar almejas a la orilla del estero, para mi sorpresa encontré muchas que llevé al campamento.

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Tomamos camino en la mañana y llegamos hasta Sta. Rosalía, una pequeña ciudad minera, colonia francesa y famosa por la arquitectura de sus casas y la iglesia construida por Gustave Eiffel, (el mismo de la Torre Eiffel).

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Lo único malo de la ciudad era el calor, yo la llamaría el paso al infierno, porque estaba verdaderamente caliente. Visitamos la iglesia y la famosa panadería nombrada igual que la compañía minera, El Boleo, donde compramos un pan típico de la región, llamado Pitaya, suave y parecido a una concha, pero con un sabor muy peculiar.

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Llegamos hasta los mejores tacos de pescado que he probado en mi vida, ubicados en un carrito al final de una avenida. Vaya que es un pueblo pintoresco, te sientes fuera de México, lo único que te hace recordar que sigues aquí, es la alta temperatura y la alegría de su gente, subimos hasta el museo, antigua oficina de El Boleo, que tenía una gran exhibición de artículos usados en la época de su funcionamiento a finales del siglo XIX.

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Salimos de ese pequeño infierno y nos dirigimos al punto final de La Baja Sur, Guerrero Negro, llegamos en la tarde, acudimos a la salinera, para nuestra suerte, nos comentaron que debíamos regresar al día siguiente para tomar el tour. Abandonamos el lugar, sin haber visto las dunas de sal, pero con el corazón contento por haber llegado al final de nuestro camino.

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Arribamos a uno de los más grandes oasis de La Baja Sur, San Ignacio, una población ubicada entre Guerrero Negro y Santa Rosalía. Nos instalamos en el campamento “Los Petates”, donde conocimos a un grupo de ciclistas que estaban recorriendo el país, alegres y con buena vibra.

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Dormimos a la orilla del lago San Ignacio, un lugar mágico, muy diferente a todo lo que habíamos conocido, verde, repleto de agua dulce, con patos y ranas. Ocurrió lo impensable, sentimos frío en la noche y nos metimos en los sleeping bags.

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