Le apodaban el “recoge basura” porque nadie sabía su  verdadero nombre, él era una persona que carecía de edad, ya que algunos lo veían como un joven en sus veintes y otros como un anciano a sus noventas, era un vagabundo que utilizaba su vida para recorrer cada pueblo del globo, y se dedicaba a recoger la basura del lugar a cambio de comida y hospedaje.

La gente no entendía las razones de su peregrinar ni a qué destinaba todos los desechos que recogía, pero era un alivió que existiera un ser capaz de llevarse todo aquello que ensucia.

Un día llego hasta Dalamán, un pueblo reconocido por ser ecológico y autosustentable, ellos no utilizaban productos desechables y todo aquello que consumían se podía reciclar, así que carecían de desperdicios, el recoge basura recorrió el pueblo de principio a fin ofreciendo sus servicios pero nadie los aceptó porque simplemente no lo necesitaban.

Se hizo de noche y el señor continuó caminando en busca de despojos, hasta que una viuda se compadeció de él y decidió recibirlo. Lo alimentó, le dio una cama donde dormir y hasta lo vistió con las ropas de su difunto esposo. A la mañana siguiente en que el recoge basura se disponía a partir, éste le dijo.

— Señora agradezco sus atenciones, me gustaría retribuirle llevándome su basura.

— En este pueblo no existe la basura joven, tu compañía fue el mejor regalo. — Contestó la mujer.

— Claro que hay muchos desperdicios, este es uno de los asentamientos más sucios por los que he transitado.

La señora cambió su expresión amable por una cara seria y que irradiaba despecho.

— ¡Tenemos un reconocimiento mundial por ser lo más limpios! ¡Lárgate de mi casa!

El recoge basura no se inmutó, su expresión se mantuvo serena y su voz era igual de suave que antes de las amenazas.

— Abre tus brazos y deja salir todas aquellas noches de llanto por alguien que ya se fue, permite que me lleve todo el enojo por haber sido separada por la muerte del amor de tu vida.

La mujer se quedó callada y miro con extrañeza a la persona que tenía frente a sí, después de unos momentos siguió sus instrucciones. El recoge basura tomó un hilo que salía del cuello de la mujer, era negro y carecía de brillo, lo fue extrayendo hasta que terminó con él.

La antes envejecida y consumida mujer, ahora irradiaba luz y felicidad, tenía un nuevo brillo en todo su ser, como si hubiera sido rejuvenecida. Su mirada buscó al señor, que ahora caminaba a lo lejos encorvado como un anciano y apoyándose en un bastón. Su misión en ese pueblo se había completado. No toda la basura que acumulamos es material, también el cuerpo y el espíritu acumulan desechos que deben ser liberados.

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