30 estudiantes de diferentes escuelas de cine, comunicación y animación de México, Costa Rica, Brasil, Guatemala, Alemania, Argentina, Cuba y Estados Unidos.

21 películas mexicanas, que vimos, analizamos, deliberamos y finalmente otorgamos premios a mejor director, fotografía, actor, actriz y el premio mayor a mejor película por $500,000 pesos.

10 días del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG32)

6 días para ver las películas

4 grandiosas personas que cuidaron, guiaron y fraternizaron con el jurado.

1 sola experiencia para encontrar amistades de vida.

Cuando me dijeron que había sido elegido para ser Jurado Mezcal, supe que iba a existir un antes y un después de mí, yo lo veía como uno de esos cursos intensivos que la vida te pone para evaluar tu crecimiento y asimismo te enseña cosas nuevas.

Fue un gran reto para mí, en el que tuve que demostrar mi fuerza interior, mi capacidad de adaptarme al cambio, ser flexible y la humildad que tanto creía tener, ante situaciones con las que no esperaba encontrarme.

Uno piensa que es fácil ver películas, pero no saben lo que es ver entre 3 y 5 filmes diarios, en una sala oscura y sin la posibilidad de dormirte en ellas, con tan solo 4 horas de sueño, todos desarrollamos una habilidad superior para mantenernos despiertos y estar atentos.

Fueron días exhaustivos, en los que me enamoré, comprendí mi misión de vida y conocí a personas de las cuales me puedo vanagloriar en llamar hermanos, fue una estancia que no solo engloba aspectos cinematográficos, sino de todo el espectro humano, desde los primeros días en que todos caímos enfermos del estómago y perdimos vergüenza, hasta la convivencia diaria con personas que no nos conocíamos y  de un momento a otro compartíamos una rutina.

Nunca antes había sentido tanta comodidad con un grupo de gente, siempre he sentido que debo de cuidar mi lado vulnerable, pero con ellos, pude prescindir de ello sin sentir angustia. Me sorprendió mucho conocer a gente tan rica en conocimientos, cultura, amor, creatividad y locura.

Comprendí que la locura no es mala, al contrario es necesario acogerla para ampliar los límites de la mente y explotar la creatividad al máximo. Descubrí mi mantra diario: “soy lo que debo ser, no lo que los demás quieren que sea. Renuncio a mi necesidad de complacer expectativas.”

La experiencia terminó con dos sentimientos: nostalgia, por las personas que partieron a sus hogares y felicidad, de saber que tengo hermanos y hermanas en diferentes partes del globo, me siento plenamente agradecido con la vida por unos días tan plenos.

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