Ram se paró entre la multitud de personas, todas lo observaron con curiosidad porque él era un chico admirado por su serenidad y habilidad de escucha,  estaba llorando, las lagrimas se escurrían hasta su pecho, la gente tardó un tiempo en percatarse de su desnudez, no llevaba ni una sola prenda, lo cual lo hacía verse vulnerable.

Cargaba una gran pila de platos de cerámica, eran bellísimos y estaban muy bien cuidados, tenían letras y dibujos, pero la gente seguía sin entender lo que estaba ocurriendo.

— ¿Qué te pasa Ram? — Preguntó un anciano, mientras acariciaba su barba canosa intentando comprender las acciones del muchacho.

Entre sollozos logró contestar el joven de piel morena y ojos tristes.

— Estos platos son todas las opiniones que tienen sobre mí, las etiquetas que me han impuesto, las obligaciones sociales que tengo hacia ustedes, lo que ahora voy a hacer va a destrozar todo aquello. Este es el último acto que hago.

La gente seguía sin comprender, hasta que Ram dejó caer los platos al suelo, se hicieron pedazos en cuanto tocaron el piso, la multitud lo miró horrorizado porque se dieron cuenta que el joven estaba abandonando todo.

Un ataque de risa invadió a Ram que se revolcó en los escombros, la gente no pudo soportar tal espectáculo y se fueron retirando de la escena hasta que el chico se quedó solo. Sonrío plácidamente y también partió de la escena del crimen.

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