Estaba triste lo cual no era extraño ni un evento cósmico que solo ocurriera cada cierto tiempo, más bien era el estado natural de Josué, deprimido, sin sentido, nada le era agradable, más bien cada cosa que se le cruzaba la percibía como otra piedra para cargar en sus hombros.

No soportaba estar continuamente así, había intentado ir a terapia, a meditaciones guiadas, acercarse a la religión, hasta a rituales new age, pero nada remediaba su estado de ánimo, cada día estaba más cerca de la locura, porque le era imposible sentirse feliz. Recordaba momentos de alegría, pero nunca la plenitud que veía expresada en otras personas, que se veían tan ligeras, casi como si en cualquier momento fueran a despegar y a volar como cometas en el cielo.

En un momento de lucidez decidió salir a dar un paseo por las calles de su pintoresco pueblo, caminó hasta la orilla del lago, en la cual estaba un hombre que reía a carcajadas, solo, pero que parecía estar disfrutando de la compañía de alguien más, danzaba, sus movimientos eran suaves y fluidos.

Josué se quedó un rato observándolo confundido, intentaba descifrar la razón de su gran festejo, el señor volteó y con una sonrisa le invitó a acercarse.

— Me tengo que ir, ya es tarde, pero gracias — Dijo Josué mientras apuntaba a su reloj y retomaba su camino, pero el hombre corrió hasta él y lo tomó del hombro, Josué se asustó con al sentir el contacto del extraño, pensó que lo iba a lastimar.

— Ven, te invito a celebrar el lago me ha dicho que necesitas de él.

— Emmm… Lo siento, pero me… tengo… que… ir…

— Solo serán unos minutos, no te haré daño.

Josué se quería negar, pero sabía que mientras más se negara, más le iba a insistir aquel hombre, así que prefirió acercarse y pasados unos minutos se retiraría.

Se sentaron en el suelo en la orilla del lago, él hombre puso sus manos en la cabeza de Josué, que comenzó a sentir calidez, la cual se convirtió en paz con el paso de los segundos.

— Deja de pensar tanto y entrégate al momento — Le dijo en un susurro casi inaudible.

Josué estaba tan relajado que no quiso contestar, tan solo sonrió y respiró profundamente el limpio aire del lago, comenzó a escuchar una melodía, era antigua y no se asemejaba a ningún instrumento, más bien era la mezcla de todos los sonidos del lugar que generaban un ritmo fresco y disfrutable, se dejó llevar por la música y dejó que su cuerpo guiara sus movimientos, se empezó a mover con suavidad y fluidez como respuesta al regalo que le había sido dado por la tierra.

Cuando abrió los ojos ya no había nadie, miró a su alrededor pero ni siquiera pudo encontrar huellas de que otra persona hubiera estado ahí, se preocupó un poco, pero después recordó lo bien que se sentía y continúo danzando ante la bella escena que tenía frente a él.

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