La palabra  obligación me parece dura y venenosa, porque es forzar lo que no se desea, contra la voluntad, y casi siempre son cosas negativas, como el querer imponer una postura, ideología, religión o hasta el amor, pero tras una larga reflexión encontré que también posee una gran utilidad.

Como he dicho muchas veces, crecer no es fácil, requiere de valentía, esfuerzo, disciplina y también dolor, porque rompemos con viejos patrones, ideas que nos hacen sentir seguros, al igual que con antiguas costumbres.

Por lo que es necesario obligarnos a realizar y repetir acciones que no nos gustan pero sabemos que son fundamentales para poder cambiar, es la única manera de dejar atrás aquello que no nos funciona y además nos hace daño.

Yo amaba consumir azúcar (dulces, nieves, postres), lo resalto porque era parte de mi rutina diaria, el problema es que no me hace bien, me provoca ansiedad, dolor de cabeza crónico, dolor en articulaciones, en resumidas cuentas me envenena.

De un día para otro dejé de hacerlo, cuando sentía la terrible necesidad de consumir algo dulce, me obligaba a no hacerlo y ocupar mi mente en otra cosa, llevo aproximadamente 6 meses desde que empecé y claro que hay ocasiones especiales en que me como un postre, pero en mi rutina diaria es una regla que no me permito romper y los efectos positivos en mi vida han sido muchos.

Así que no hay que temer a las obligaciones, más bien analizar cuantas de ellas nos oprimen y cuantas nos ayudan a evolucionar en nuestra vida. 

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