Meditar para estar consciente

Al meditar recuerdo pensar que era necesario el silencio total en el espacio que estuviera, no quería que ningún ruido externo penetrara en mi estancia sagrada porque me iba a distraer, así que cuando sucedía me llenaba de ira y echaba la culpa a ese ruido de que no pudiera concentrarme y entrar en un estado consciente.

Cualquier pequeño ruido, desde mi madre hablando hasta un carro que pasara, lo percibía como una maldición a mi crecimiento espiritual, llegue al punto de utilizar tapones de oídos, pero la realidad es que era una excusa para distraerme y no tomar responsabilidad de ello.

Se escucha muy extraño, pero tiene sentido. Últimamente cuando medito, lo primero que hago es hacerme consciente del espacio en el que estoy, de los sonidos, las entradas de aire, la calidez, el frío, el estado de mi cuerpo; si estoy tenso o siento dolor, al igual que mi estado anímico, porque esa es la consciencia plena y el propósito primario de meditar es estar en el presente.

Así que me he dado cuenta que los (mal llamados) ruidos externos ya no me molestan, porque comprendí que lo que realmente me distrae es el diálogo interno: pensar en los pendientes del día, en la experiencia que tendré ante cierto evento o en la manera de desenvolverme mejor con las personas.

Siempre buscamos excusas que nos liberen de nuestra propia culpa, es parte de las trampas que nos pone la mente y es importante que nos hagamos conscientes de ello para que dejen de tener poder sobre nosotros.

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