Experiencias trascendentales 1.0

La llegada del amanecer fue una experiencia repleta de textura y matices, tuve una sensación de integridad que no se siente todos los días. Conforme pasaban los minutos y la luminosidad aumentaba, podía percibir el alza del sol como si Dios hubiera accionado el interruptor de un controlador celestial, llenando de vida el día.

 

A la par de la llegada de un nuevo día, también un nuevo “yo”, se alzó.

Con estas palabras quiero empezar a relatar la experiencia que viví la semana pasada en ceremonia de Ayahuasca y Psilocibina. Admito que me da miedo escribir de ello por la opinión pública, pero también lo utilizo como herramienta de aceptación de mí mismo, de quién soy. Dejo de ocultar mi esencia. Es un camino que decidí tomar hace ya algún tiempo.

El bosque fue el espacio de práctica y liberación, la noche nos arropó dando inicio a la ceremonia, las tomas sucedieron y  a con el paso de los minutos mi mente se expandió, permitiéndome la entrada al juego astral de la consciencia.

Mi ego se inhibió y emergió; “Salvador”. El niño, el adulto, la esencia, lo real. Me sorprendí por su personalidad juguetona y llena de energía. Ahora que lo pienso, tal vez mi cansancio crónico proviene de utilizar gran parte de mi energía en mantener mi esencia bajo las sombras.

Durante la noche fui  un niño inocente, lleno de amor y con una palpable necesidad de sentirlo y transmitirlo. Bailé alrededor de la fogata, sentí las canciones tamborilear en mi corazón, pero también tuve que enfrentarme a la realidad, de la que se desprende una dura pregunta.

¿Quién Soy?

Me transmute en una hoja de papel que Dios tomó con sus mano y arrugó sin clemencia. Aquello que quería que permaneciese impoluto se convirtió en el eslabón más débil, esa hoja que escribí con cursiva y  buena ortografía; las leyes y caminos que rigen mi vida, como cada ceremonia, fueron destrozadas.

Recuerdo la insoportable presión de la medicina diciéndome, acepta lo que eres y mi terca negación de no hacerlo por miedo, entre las cosas que destacan recuerdo frases como:

“Extraño a _______, pero no me permito aceptarlo porque sería vulnerable”

” No quiero hacer aquello a lo que me comprometí”

“Me mantengo al margen de la vida porque me da miedo ser lastimado y rechazado”

“Necesito expresar amor; me estoy secando por mantener apariencias”

Aquella ola de totalidad terminó con una última frase que entregué a la llama de la fogata:

“¿Por qué siempre me obligo a hacer cosas que odio? ¿Por qué me obligo a vivir sintiéndome mal?”.

Lo que acabo de relatar no fue toda la experiencia, ni siquiera se acerca a la punta del iceberg, pero si dejo evidencia un aspecto importante de aquel sábado en que fui yo mismo.

Si te gustó te invito a dar like, compartir y comentar.

Gracias queridos lectores que me acompañan en el interesante caminar de la vida.

 

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