Mantener la energía positiva

FUERZAS OPUESTAS

Las Leyes Universales nos enseñan que todo tiene un lado opuesto con la misma fuerza. Masculino y femenino. Blanco y negro. Luz y oscuridad. Positivo y negativo. Es el balance natural de las fuerzas.

Lo cual quiere decir que conforme más vayamos creciendo, evolucionando, acercándonos a la luz, también más oscuridad se formará del otro lado, o más que formarse, su manifestación tendrá más poder.

Por eso los retos de una persona que no ha hecho mucho por superarse son pequeños en comparación con los de alguien que dedica su vida a vencer sus limites, pero esto no quiere decir que sea bueno o malo, simplemente es.

EXPERIENCIA PERSONAL

Mis días se han convertido en una feroz lucha interna por lograr el equilibrio, tengo momentos de gran paz, claridad y entendimiento. Siento la esfera vital girar llena de poder. Mientras que en otros momentos me llegan miedos intensos, que me hacen querer poner un alto a todo y refugiarme en mi espacio de seguridad, pero por primera vez en mi vida estoy plenamente comprometido conmigo mismo.

Así que, me miro en el espejo y me digo: “Aquí no hay espacio para cobardes, estamos en la lucha por conseguirlo todo o quedarnos en la nada, pero no existen intermedios”. 

Me tiemblan las piernas, todo mi ser busca gritar un, “Saquenme de aquí, quiero regresar a mi hogar”, pero mi voz interior, la parte sabia que habita en mí. Se sienta en silencio y me invita a hacer lo mismo.

Me abraza como un padre a un niño asustado, me pide que me calme, respire y deje que las cosas se asienten.

Sigo su consejo, porque es la única manera de regresar al equilibrio. Después de que pasa la tormenta y resistí, abro los ojos y observo como ese mar que antes parecía hostil e impenetrable, ahora es una playa color turquesa que me invita a disfrutar de ella.

CONCLUSIÓN

Así es la vida queridos lectores, un mar, que dependiendo las emociones, se muestra como el infierno o un paraíso. Está en nosotros mantenerlo tranquilo para poder disfrutar.

Los invito a seguir leyendo mis textos, si les gustan haganmelo saber, siempre es lindo recibir comentarios de gente que me lee.

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Transmuta tu vida

Transmutación es mi palabra del momento, además de que suena poderosa, tiene un significado profundo muy interesante. En su sentido literal quiere decir: convertir una cosa en otra. Los antiguos alquimistas buscaban la piedra filosofal que se decía transformaba cualquier metal en oro.

 

Yo en lo personal no estoy buscando hacerme millonario haciendo experimentos con papel aluminio para convertirlo en lajas de oro.

Más bien me refiero a que en todo momento tenemos el poder de transmutar nuestra experiencia a algo mejor. Así que si estamos pasando por una pésima etapa, en la que quisiéramos desaparecer, está en nuestras manos darle la vuelta a la situación para llegar a la luz.

En mi caso personal, al estar aquí en Chiapas, tengo días en los que me siento pleno, donde no surge duda en mi interior. Todo es un flujo armónico de la existencia, pero por ejemplo tuve una noche, en que desperté de madrugada y caí en cuenta de la soledad en la que me encuentro.

Simplemente quería poder abrazar a mi madre o padre, saber que al despertar los vería en la mesa del desayuno, o algo tan sencillo como compartir una sonrisa con ellos.

Pero no, estoy a muchos kilómetros de distancia, comenzando mi vida de adulto. Solo. Hacía años que no tenía esa sensación de “homesick” tan desagradable. Estos días han sido un enigma para mí, levantarme y no saber quien soy o a dónde voy, luchar contra ello. Desgarrarme intentando resolver el rompecabezas de mi vida.

¿Cómo me voy a desarrollar para tener estabilidad económica? ¿En qué basaré mi vida profesional? ¿Qué me conviene aprender ahora? o tan fácil como ¿Qué es lo mejor que puedo hacer el día de hoy?

A lo cual recibo por respuesta un mar de pensamientos juiciosos y denigrantes, pero si me siento a meditar y concentro mis energías en estar presente, un cálido silencio se apodera de mi cuerpo, recordándome que el sentido de la vida es inherente a la misma.

De nada sirve buscar afuera las riquezas que solo podré materializar desde mi interior. Por ello necesito transmutar esa energía de baja vibración en energía de alta vibración, que en vez de oscurecer me ayude a iluminar el camino que tengo por delante.

He descubierto que las personas más felices son aquellas que viven plenamente cada momento, mientras que las que planean cada segundo de su existencia y buscan que la vida siga sus indicaciones terminan por amargarse, a pesar de haber conseguido lo que se habían propuesto.

Así que, queridos lectores, los invito a disfrutar de éste momento sin cuestionar su valor o trascendencia, tan solo otorguense el regalo de éste instante como venga. Con mariposas en el estómago o dolores de cabeza.

 

Los miedos son del tamaño de nuestra imaginación

El guerrero se entrenó para vencer a su enemigo, monstruo feroz de gran estatura, poder y malicia. Pensaba que en su actual estado no podría hacerle frente a la bestia, así qué se sumió en las más profundas meditaciones para despertar su espíritu ancestral, realizó ejercicios físicos que hicieron explotar sus músculos hasta tonificarlos y hacerlos fuertes, se desarrollo en las más complejas artes marciales y el uso de armas para estar a la altura.

En resumidas cuentas se pulió a tal grado que no quedó ninguna pizca de la antigua debilidad que en él se había presentado. Por medio de un halcón envió un mensaje a su enemigo, se encontrarían al atardecer en el campo de batalla, solo ellos dos, para definir la victoria entre uno u otro.

Llegado el momento, el guerrero sintió nervios, reprimió la sensación con el pensamiento “lógico” de que la gente fuerte no se siente así.

De frente con su enemigo, observó que tenía una musculatura más desarrollada que la suya, dientes afilados,  y era tal su nivel psíquico que su cuerpo levitaba. De sus manos emergía oscuridad que podía moldearse en el arma más letal. Ante tal imagen no pudo reprimir un agudo temblor que recorrió todo su cuerpo, sentía que el aire le faltaba, tomó grandes bocanadas de oxígeno que no hacían más que acentuar el miedo.

Huyó despavorido desde antes de haberlo intentado, simplemente le fue imposible mover un dedo frente a tal demonio. En su dojo se sentó tomado de las rodillas a temblar, llorar y maldecir la vida.  Se dijo a sí mismo « ¿Cómo es posible que después de tanto no hayas podido?¡Eres peor escoria que él!», se dio latigazos hasta que su piel sangró implorando la dejaran en paz, pero ni aun así dejó de hacerlo.

Exhausto se desplomó sobre el suelo de madera, manchado con sangre, en un profundo sueño en el cual se presentó su maestro. Iba sentado sobre una blanca nube que cambiaba de colores conforme la emoción del momento.

— Acércate— Dijo telepaticamente.

Dócilmente se acercó cabizbajo el alumno que no había podido sobreponerse a sus propios miedos.

— Maestro.

El maestro levantó el dedo índice de la mano derecha haciéndolo callar.

— No necesito tus excusas, quiero que me digas una cosa, ¿Por qué has dejado de confíar en ti?

El guerrero iba a comenzar a hablar, pero le era imposible dar una respuesta carente de excusas, simplemente no tenía razón alguna más que el miedo.

— Me dejé dominar por el miedo.

El maestro asintió con un movimiento de su cabeza, puso sus dos manos sobre la coronilla del guerrero y le transmitió energía sanadora. Quién se desvaneció relajado.

Al abrir los ojos se encontró sobre el piso manchado de sangre, tocó su espalda para sentir las heridas, pero ya no había nada, la piel estaba lisa y sana.

Tomo una ducha con agua helada, lavó su cuerpo con cariño y una vez más salió al encuentro de su enemigo, quien seguía en el mismo lugar del día anterior. Inmóvil.

Se posó frente a él e hizo una reverencia, sintió una vez más los nervios y las ganas de huir, pero sabía que no tenía escapatoria, desenfundó su espada y con un movimiento limpio del sable, cortó por mitad a su enemigo.

Sorprendido ante tal hazaña, vio a su enemigo evaporarse como humo blanco, anonadado sostuvo con más fuerza su espada a la espera de ser atacado por la espalda, era imposible que así de fácil pudiera vencer a tal enemigo.

Alerta y en guardia, gritó a su enemigo, “¡Sal bestia inmunda, no te escondas de tu destino!”, pero pasaron los minutos y nada ocurrió. El sol resplandecía, los pajarillos cantaban, la atmósfera estaba sumida en un sopor de tranquilidad.

Una voz le susurró al oído, “Los miedos son del tamaño de nuestra imaginación”.

El guerrero hizo una reverencia y agradeció a la vida por haberle impartido tan sabia lección.

 

Primeros días en San Cristóbal de las Casas

Que deleite es llegar a un lugar en el que te sientes comprendido, donde te encuentras con gente que comparte los mismos anhelos que tú, poseedores de un corazón abierto y que te reciben con brazos abiertos.

“Soy un extranjero de extranja”, Alejandro Jodorowsky.

Me he sentido rejego a escribir para el blog, más que nada de publicar, como si de manera celosa quisiera retener toda esta magia para mí, pero amigos lectores, La magia solo existe cuando se comparte.

DÍA 1: LA LLEGADA

Al salir de la casa de mis padres, el martes de madrugada, comprendí que esa ilusión que veía tan lejana se había convertido en algo real. Mi cuerpo temblaba en espasmos nerviosos, sobretodo al ver la tristeza reflejada en los ojos de mis progenitores,  que me veían como si nunca fuera a regresar…

El aeropuerto era un caos, nunca me había tocado experimentar algo así, llevaba mi equipaje, que consistía en una mochila de viajero de 55lts, casa de campaña, sleeping, tenis extras y una mochila más pequeña con mis artículos personales, en total, cargué unos 40 kilos. Es horrible llevar eso sobre la espalda!!! 

En el mostrador para documentar mi equipaje, una parte de mí rezaba porque me fuera negado el abordaje. No quería salir de mi zona de confort, deseaba con todo mi ser permanecer en lo seguro, aunque esto no me hiciera feliz.

A pesar de que fue un proceso complicado por la excesiva cantidad de cosas que llevaba (no vuelvo a viajar pesado, me lo juré desde ese instante), logré llegar a Tuxtla Gutiérrez, en dónde tomé una van hasta San Cristóbal.

Caminé hasta el domicilio del cuarto que renté, se encuentra en el barrio del cerrillo y como dice su nombre está cuesta arriba. Me recibió la cacera, Karin, una enfermera suiza que se dedica a dar masajes tailandeses y reflexología.

Me introdujo a mi nuevo hogar, y en cuanto estuve solo me senté en la cama de mi nuevo cuarto, intentando respirar, pero me sentía profundamente ansioso.

—¡¿Qué carajos estoy haciendo aquí?!—me pregunté varias veces, pero estaba tan en shock que no podía pensar, la mente me saboteaba.

Caminé por la ciudad, conocí a unas cuantas personas pero no me sentía cómodo, maldije para mis adentros el haber tomado una decisión, que me había desestabilizado tanto.

Mis padres, abuelos y amigos me apoyaron con llamadas telefónicas para que me tranquilizara. Pedí a Dios y a mis seres Divinos que me apoyaran, porque yo solo me sentía incapaz.

DÍA 2: SAL AL MUNDO, NO TE ENCIERRES.

Al día siguiente amanecí mucho mejor, con la resolución de abrirme y salir adelante en esta ciudad desconocida.

Lo hice, a pesar de que mi mente siempre me había hecho creer que me era imposible socializar y ser “normal”, pero en esta ciudad de gente tan distinta por primera vez en mi vida, me siento integrado.

He conocido a infinidad de gente; artistas, poetas, sanadores, budistas, europeos, indígenas, latinoamericanos, asiáticos y esto me ha hecho volver a descubrir, que todos poseemos algo muy especial, que más que distinguirnos de los demás, nos permite estar conectados con ellos.

CONCLUSIÓN: VIVE LA AVENTURA DE LA INCERTIDUMBRE

Cada día es una aventura para mí, hay momentos en que quiero huir, hacerme bolita en mi cuarto y desaparecer, pero es cuando mi oración tiene más poder, porque desde la vulnerabilidad me entrego a Dios, con Fe en que esta incertidumbre será la que me va a otorgar la unión conmigo mismo que tanto estoy buscando.

Y efectivamente, salgo de mi cuarto, sin expectativas, sin saber que ocurrirá y me encuentro con gente y situaciones hermosas. Porque la vida es hermosa, es el regalo más bonito que nos pudo haber dado Dios y está en nuestras manos, vivir esta experiencia mundana de una forma negativa y llena de sufrimiento, o arriesgarnos, lanzarnos al vacío y vivir cada instante como si fuera el último. 

Me he quedado corto con todo lo que he experimentado en estos días, porque no quiero saturarlos, pero sepan que mi escritura será más prolífica y contendrá más detalles sobre este viaje, no a una zona geográfica, sino al interior de mi mismo. 

Amigos lectores, los invito a compartir conmigo esta aventura, si les gustó compartan con su gente cercana. Los quiero!!!

Ser espontáneos para librarnos de la ansiedad

Se acaba una etapa y está por comenzar una nueva.

Mi interior es una licuadora de sentimientos; positivos, negativos y neutros (si es que existen), siento una oleada de energía que me mueve por dentro. Cada que una ola me impacta, me sacude con violencia, pierdo el equilibrio y trastabillo un poco pero me vuelvo a parar.

Todo se me está juntando; las ganas de hacer, las ganas de no hacer, el querer ver a gente, el no querer ver a otra gente. Despedirme o desparecer como un suspiro. Despreocuparme dejando que todo fluya o preocuparme por tener todo lo más preparado posible. Siempre estoy buscando armar un “plan perfecto”, para tener todo en control y no sentir estrés.

Por lo mismo en mi actuar me he vuelto más espontáneo, para que me lleguen estás inyecciones de ansiedad, ser capaz de recibirlas, digerirlas y posteriormente dejarlas ir, para que poco a poco pierdan su poder en mí, pero es una realidad que ahorita están en su máxima potencia, ya que me quedan días antes de partir al comienzo de mi vida como adulto.

Una amiga me mandó un texto de Osho en el que habla sobre abandonar la idea de seguridad, entregarnos al presente, sin un rumbo específico ni una forma de actuar tajante, yo utilizaría la metáfora de ser como un gato.

Los felinos parece que siempre están en estado de meditación, pueden permanecer largo tiempo inmóviles, sin pestañear, serenos, pero en cuanto perciben un cambio en el ambiente  brincan con gran agilidad y cambian de posición para estar a la altura del presente.

Ellos no están pensando—hasta donde sabemos— en conquistar el mundo o planeando su próxima cacería, solo se “dejan ser”. Si desean dormir lo hacen, si sienten hambre cazan, si quieren pasear lo hacen.

Son lo que tienen que ser en cada segundo de la existencia.

Siento que la vida me ha estado obligando( por años)— a raíz de la ansiedad— a estar presente, dejar tiradas las pendejadas que me invento en la cabeza y simplemente aprender a respirar y disfrutar de cada momento como sea que llegue, sin pensar en lo que viene o como reaccionaré a ello.

¡Soltemos queridos lectores!

Soltemos las ideas que tenemos de nosotros mismos.

Soltemos los estrictos planes que tenemos para el futuro.

Soltemos la necesidad de controlar todo.

Porque de control no tenemos nada, la vida tomará el curso que desee, las cosas ocurrirán según su cause, el único poder que tenemos  es el de estar a la altura del presente y actuar con amor, sinceridad y fidelidad a nosotros mismos.

El destino se crea a cada momento y está en nuestras manos tener una actitud positiva para que tome la forma que más deseamos.

 

 

Superar el miedo más crudo

En la última ceremonia de Ayahuasca a la que asistí, me topé con una dureza que no había podido ver antes. Siempre había pensado que por ser sensible estaba abierto, pero que equivocado me encontraba. Estaba tan duro y cerrado como una nuez.

Todo comenzó en febrero del año pasado en una ceremonia, en que sentí un miedo intenso, yo diría que profundo, porque provenía de la parte más elemental de mi ser. En ese miedo yo escuchaba una voz que me decía; “es hora de partir”, tal como yo siempre había querido. Sentí una necesidad gigante de pararme y comenzar a caminar, sin rumbo ni destino aparente hasta encontrar lo que siempre había añorado; la plenitud.

En ese momento el miedo me paralizó, comencé a temblar y me aferré a la persona más cercana a mí, una chica llamada Diana, quien me abrazó y me ayudó a pasar la dificultad.

Durante todo el año estuve trabajando intensamente por enfrentar eso, era una mezcla entre miedo a volverme loco, a perder toda “solidez” de mi vida, porque estaba pasando por el dilema de terminar la carrera (me faltaba un año) y vaya que me sentía vacío yendo a la universidad, sin un sentido y hasta como si me estuviera inflingiendo un daño irremediable.

Les adelanto el año de lucha, no pude superarlo, cada vez que me topaba con ese miedo me resistía para “no perder la coherencia”, pero poco a poco me fui ablandando. Hasta que decidí superar el miedo, porque me di cuenta de lo estancado que estaba.

Así que en la ceremonia de enero me enfrenté de lleno a él.

Lo primero que sentí fue un dolor grande en el pecho, como si algo quisiera salir pero yo lo negara, me faltaba el aire, quería hacerme bolita y dejar que todo pasara, pero eso era una vez más voltearle la cara a mi destino.

Debajo de esa incomodidad se escondía: negación al amor, así que abrí el corazón. Luego llegó ese miedo crudo e incomparable que me heló la sangre, pero me entregué a perderlo todo, porque eso iba a ser mejor que continuar con mi estado jodido.

Al pasar por ese velo me di cuenta de algo impresionante, era mi ego que para mantenerme amarrado me hacía creer que si lo soltaba me perdería en la nada, pero al cruzarlo encontré la dicha de la unión con Dios.

Fue una noche difícil, me sentía incapaz de vomitar al demonio que llevaba dentro, no encontraba un soporte para hacerlo, todo el grupo me ayudó energeticamente a  expulsarlo, en mi trance los escuchaba gritar de dolor, sentir el fuego que durante tanto tiempo me había estado quemando pero yo ya no lo sentía por costumbre, como si estuviera anestesiado.

Recuerdo a alguien gritar: “¿Cómo puedes haber vivido tanto tiempo con eso dentro de ti?”

Al final logré sacarlo, encontré la fuerza en la fe, entendí que en ocasiones es ciega y no se siente, pero hay que confiar, es la única forma de cruzar el valle de las tinieblas. Recibí el apoyo de gente que amo, una de ellas me dijo: “El amor lo puede todo”, se convirtió en el mantra que me elevó de la profundidad del averno.

Me conecté una vez más con quien soy, con la gran luz que emana de mi interior, pero me topé con un nuevo reto, aprender a sentir las emociones desde la luminosidad, porque toda una vida la había pasado creyendo que sabía lo que era el amor, cariño, felicidad, cuando en realidad lo estaba experimentando desde una oscuridad mentirosa.

El que yo haya superado esa montaña no significa que de pronto todo esté perfecto, porque sigo luchando por no dejar que la oscuridad se apodere de mí, lo que si logré fue obtener el dominio de mi ser para fortalecerme y evolucionar en la persona que quiero ser.

Cómo abrir el corazón

En mí pecho se encuentra un órgano que bombea sangre, la filtra y la mantiene limpia para que yo pueda seguir viviendo, pero no sólo eso; en el plano energético, es el generador de amor. Es por dónde se filtran las toxinas negativas del ambiente y las que surgen en mi interior.

Si lo cuido, lo expando, y lo utilizo para amar, mi órgano va a hacerse más grande en su capacidad de expresar amor y de filtrar las malas energías, llenándome de luz que después será transmitida a lo que me rodea.

Pero si cierro mi corazón a las heridas, me criticó, me trato con desprecio y niego mi esencia única y personal, se forma una capa viscosa y putrefacta alrededor de él que no permite el paso de las energías y por ende al no limpiar lo negativo, me quedó con ello adentro de mí, que como un enfermo contagio todo por donde camino.

¿Cómo abrir el corazón?

Es una pregunta que me he hecho un millón de veces—si es que no más— pero apenas estoy aprendiendo que el corazón se abre sintiendo, se dice fácil para los que no son de cabeza dura como yo, para mí todo tenía que pasar a través de la mente para ser procesado y entendido.

Pero, eso no sirve cuando hablamos de sentimientos, espíritu y evolución del ser humano. Solo podemos abrir el corazón si sentimos: Lo bueno, lo no tan bueno, el placer, el dolor, la salud, la enfermedad, la libertad, la impotencia. Todo lo que llega a nosotros y nos hace estremecernos.

Nos enseñaron que a los sentimientos dolorosos se les cierra la puerta, pero eso solo les da más fuerza y hace que nos enfermen. Mientras que si les abriéramos los brazos y los aceptáramos sin juicios, ellos mismos se marcharían rápidamente. Porque el torrente de la de la vida está hecho para fluir, no sufrir.

Les propongo un ejercicio para suavizar el corazón:

Antes de dormirte y al despertarte, cierra los ojos y respira profundamente hasta que te sientas tranquilo, después mira en tu interior, sin juzgar observa lo que está pasando en el océano de tus emociones.

¿Hay un oleaje caótico? ¿Está tranquilo? o ¿Se ve que se acerca una tormenta?

Simplemente observa como una persona que está sentada en la playa admirando la belleza de la creación. Verás que poco a poco podrás distinguir en qué parte del cuerpo se manifiestan ciertas emociones, que sensación tienen, cómo se mueven y los aportes/deficiencias que dan a tu vida.

Hasta que con el tiempo y la práctica seas capaz de controlar y dirigir tus emociones de la manera más conveniente.

 

¿Qué es una despedida?

La última vez que la vio fue en el parque donde se conocieron y su relación proliferó, ese lugar donde niños y adultos asisten a olvidar el ajetreo diario, en el que una pareja descubrió el significado de la palabra amor. El mismo en que dijeron adiós y sus caminos fueron separados para nunca más unirse.

Al pensar en despedidas siempre imagino esa escena dramática, en la que el paisaje es lúgubre, está lloviendo y todos lloran. Cada vez que he tenido que partir o dejar ir a una persona, busco recrear un momento así, porque pienso que ese recuerdo se queda impreso en la memoria.

He dejado de hacerlo, porque también me he dado cuenta que esas despedidas solo ocurren en situaciones muy especiales y cuando se está abierto a lo que el momento tenga para darnos. Muchas veces intenté forzar estos desenlaces y solo terminé con un vacío mayor al de la despedida.

Pero ¿Qué es una despedida? ¿El simple hecho de decir adiós? ¿Un último abrazo? O más romántico tal vez ¿Un último beso?

Mi conclusión es que solo son símbolos que expresan algo mayor: La separación de dos—aunque fuera un grupo de personas, extrañas a cada una por su valor individual—personas, que probablemente no se vayan a volver a encontrar, o por lo menos no en la misma situación que en ese específico momento.

Es la ruptura de una relación fuerte, que genera dolor y un síndrome de abstinencia—porque extrañar a alguien no es más que añorar volver a estar unidos—, a pesar de que en ocasiones la causa de la separación sea por el bien de ambos.

Nostalgia, eso siento al pensar en me voy, tal vez sean solo unos meses, o años, o toda una vida. Eso solo lo va a dictar el destino, pero sé que a pesar de que regrese y todo esté “igual”, yo no seré el mismo y me duele pensar en extrañar lo que estoy viviendo ahorita, que en parte no estoy sabiendo apreciar.

Porque siempre sabe mejor la melancolía del pasado, que la realidad de lo que viviste en ese momento específico. Todos tenemos que partir alguna vez, en un ciclo natural del ser humano, es como crecemos y nos desarrollamos de manera honesta, porque solo con la valentía de decir adiós podemos dar la bienvenida a nuevas experiencias.

 

 

 

 

¿Cómo vivir el cambio?

Una imagen dice más que mil palabras, pero ¿qué tal que un conjunto de palabras expresan más que un millón de sentimientos? Retóricas mentales para el día a día.

Día a día. Hora por hora. Año por año. Todo tiene un orden, coherencia, distancia y peso. Hasta las benditas palabras. Malditas también.

Los cambios llegan, las estaciones se modifican y por más que disfrute del verano y quiera vivir eternamente con traje de baño, me será imposible—O bastante complicado. Cuando esté nevando.

¿Cómo vivir el cambio?

Dejándome llevar como la montaña rusa que desciende a toda velocidad por una pendiente en que sentiré vértigo subir por la garganta y unas incontrolables ganas de gritar. ¿De qué serviría reprimir la emoción y esconderme por miedo? 

De nada.

Mejor abro los brazos y preparo los pulmones para emitir el más fuerte grito de éxtasis nunca antes experimentado.

En unas semanas termino la universidad, cuatro años de asistir a clases para que al culminar el periodo me formara como un profesionista de calidad. Después de tanto podré llamarme Licenciado en Comunicación Audiovisual. Se escucha lindo escribirlo.

Para serles sincero NUNCA de los nuncas, pensé que fuera a llegar a su final. Desde el día uno desee acabar, ahora que me encuentro a poco tiempo—Sigo añorándolo con todo mi ser. Pero también tengo mucho miedo. Me cae el veinte de que no solo dejo de ir a la escuela, sino que también dejo de ser un niño.

Me voy a vivir a San Cristóbal de las Casas, Chiapas. ¿Por qué? Esa es una buena pregunta. En primera porque mi intuición eligió ese lugar, segundo, que quiero estar en un lugar rodeado de naturaleza, cultura y más que nada lejos de Guadalajara.

Quiero descubrir quién es Salvador González debajo de todo este bagaje aprendido. Quiero independizarme y demostrarme que soy capaz de salir adelante por mi cuenta. Quiero enfrentar el miedo de estar solo en un lugar desconocido y sin las facilidades habituales. En resumidas cuentas quiero sumergirme en el mundo real.

Una parte de mí está muy emocionada, mientras que otra—La oscura que a veces gana. Se muere de miedo y lo que más quisiera es quedarse aquí a lo cómodo, “tranquilo” y seguro. PERO eso no pasará, porque es mayor mi deseo por superarme.

Sé que me enfrentaré a un sinfín de situaciones difíciles. Que habrán días en que no querré salir de la cama. Que me sentiré solo y extrañaré a toda la gente que dejo atrás.

Pero me mueve más el saber que si acepto este periodo de cambio y logro mi cometido, voy a obtener mucha más confianza en mis capacidades y seré un hombre—Ya no un niño mimado. Orgulloso de su fuerza y voluntad.

En las próximas entradas les seguiré actualizando mi situación de vida, para que sepan que tan bien—o mal. Me encuentro.

Buenas vibras queridos lectores,

 

Salvador González.

El beso que dejamos atrás

— ¿Por qué me molestas diciéndome que te vas a morir Raúl?

— Pues, porque puede pasar, ¿No te habías puesto a pensar que hoy puede ser el último día que nos veamos? — Contestó el muchacho.

Los ojos de la chica se perlaron de lágrimas, las cuales derramó en silencio, como la suave corriente de un arroyo que se disuelve en el mar.

— ¡Deja de decir eso! ¡¿Qué no entiendes que me lastimas?! — Replicó entre sollozos.

Un nudo se formó en su garganta de Raúl, que intentó formular unas cuantas palabras para remediar las cosas, pero la voz se le quebró en cada intento. Desistió y se quedó en silencio por unos segundos que se tornaron eternos.

Estiró su brazo y con la yema de sus dedos rozó el  antebrazo de Maggie, ella no se movió, así que la continuó acariciando, como una madre acaricia a su hijo para consolarlo después de una tormenta eléctrica.

— Entiéndeme Margarita… La muerte está siempre con nosotros, desde el día que nacemos, hasta pues, el día en morimos…

— Pero hablas de ella como si estuviera latente, como si fuera un hecho que no te volveré a ver.

— No lo digo de ese modo, más bien es como. — Pensó en su respuesta. — Como cuando sales a carretera, que puede que llegues sin problemas a la playa, o se te descomponga el coche a la mitad.

— No compares tu vida con un pinche coche Raúl. — Replicó molesta.

— No, no, tranquila, no es eso. Ya pues, no sé cómo explicártelo, a lo que quiero llegar es que quiero que éste día quede impreso en nuestros corazones. Quiero que disfrutemos de cada segundo, quiero sentirte Maggie, eres lo más importan… — El nudo de su garganta se soltó y su voz se rompió en pedazos, liberando una oleada de emociones. —Te para mí.

Esta vez ella se acercó a él, lo abrazó y ambos se fundieron en el cuerpo del otro, la fragancia acre de Raúl, se mezcló con su perfume floral, aquel que tanto le gustaba a él, quien aspiró entre sollozos. Se hizo para atrás y con sus manos tomó su rostro, la observo como se observa un tesoro muy preciado.

Besó su frente, después sus parpados, como un ritual sagrado prosiguió con sus mejillas hasta llegar a sus labios. Esperó unos segundos, sus labios a unos milímetros de tocarse, alargó la espera saboreando el momento, hasta que decidió generar el choque.

Con los ojos cerrados visualizó destellos luminosos en el espacio oscuro de su mente, «Tal vez eso son las estrellas…», pensó, «El dulce beso de dos amantes que generan una explosión en el cosmos, de eso está hecha la vida».

Silenció la mente y se entregó a un instante que nunca más se repetiría.