Reconciliación con nosotros mismos

Hay un chico sentado en una banca del parque, su expresión es seria, sombría; mira a las palomas que buscan migajas de pan para abastecer su hambre, misma que él siente hacia ser feliz.

También observa a la gente; parejas, solteros, familias, amigos, que al final del día son seres humanos como él que día con día siguen una misma rutina, luchan por conseguir sus sueños y superan sus crisis existenciales.

Cada uno con sus diferentes limites, la diferencia que él tiene con ellos, es que él no quiere ser feliz hasta que no alcance la cumbre de su existencia:

Éxito profesional, mente abierta, espíritu pleno, amor en abundancia, seguridad económica, libertad total.

Visualiza cada una de sus metas y mide la distancia para alcanzarlas que sigue siendo abismal; a pesar de que año con año da un paso para acercarse a ellas. Se frustra, se mira en el reflejo del charco y se escupe con repudio, comienza un monólogo de rabia y odio consigo mismo.

— ¡¿Cómo puede ser que a ésta edad sigas luchando contra los mismos demonios?!— Se dice con desprecio.

— Es que tú no entiendes lo difícil que es para mí superar esos miedos, yo solo quiero sentirme bien, todo lo demás es complementario. — Se contesta arrepentido.

— ¡Deja de lamentarte pedazo de mierda! Entiende que la única manera de ser grandes es alcanzando lo que nos hemos propuesto.

— ¡Déjame en paz, me queman tus palabras, ya no quiero ser tu esclavo! — Se responde entre sollozos.

La gente que pasa por el parque lo mira confundida, un hombre piensa en acercarse a ayudarlo, pero él lo aleja con un movimiento de manos. No padece demencia, tan solo es otra persona que no puede lidiar consigo mismo, que día con día pierde la batalla contra su propio ser.

¿En dónde reside la verdadera felicidad?

Existen mil y un teorías diferentes, yo creo que se encuentra en lo más sencillo, como la reconciliación con nosotros mismos.

Huyendo del sacrificio humano

Corro por la selva, soy perseguido por la multitud enardecida, alcanzo a distinguir las luces de sus antorchas a lo lejos, mi taparrabos se ha atorado con una mata, estoy desnudo, mi pene y mis testículos se golpean contra mi muslo, no me duelen, es mayor la adrenalina de salir con vida, me recuesto en la hierba y espero a que todos pasen, casi me pisa uno de ellos, continúo imperceptible; mi respiración al mínimo.

Se han ido, me pararé, lo hago, siento la navaja presionada contra mi nuca, un hilo de sangre caliente se escurre por mis hombros, maldito mi destino, maldito yo que no logré escapar, me amarran, me llevan a rastras, mi espalda está raspada por las piedras del suelo.

Al llegar allá el sacerdote ordena que me azoten, lo hacen y la piel que permanecía intacta de mi espalda se desprende como la de un plátano, es tanto el dolor que me vuelvo inmune a él, estoy rodeado por una ferviente multitud de personas, pintados con colores de guerra, soy el tributo para su Dios, si lograba escapar de ellos me convertía en un héroe, ahora seré inmortalizado para una deidad que probablemente ni exista y solo sea una excusa para que puedan seguir con estos actos violentos sin sentir un remordimiento de conciencia.

Es mejor dejarle la responsabilidad a algo desconocido que a uno mismo. Me rindo a mi destino, maldito destino, cruel, crudo y sangriento. Recuerdo el último beso que le di a aquella mujer, me llenó de vida, me hizo sentir eterno, invencible, divino, pero ahora me encuentro como la más inmunda bestia, sobre la plancha de piedra en lo alto de la pirámide.

El sacerdote toma con habilidad la cuchilla de obsidiana, mira al cielo, se hinca y recita unas palabras que dicen:

“Te entregamos esta sangre como ofrenda Gran Huitzilopochtli, bendícenos con más guerras, llena nuestros corazones de poder”.

Me mira a los ojos, pero en realidad no me está viendo, no ve al ser humano que se encuentra frente a él, tan solo mira al próximo objeto que le servirá como tributo, en una rápida sucesión de movimientos abre mi pecho con el filo de la piedra, logra perforar el hueso, con la otra mano toma con fuerza mi corazón y de un tajo corta las arterias que lo sostienen, en ese momento todo se detiene, lo jala y lo arranca de su hogar, por unos segundos miro como la vida se me escapa, la luz se desvanece, todo es oscuridad y me disuelvo en la nada.

 

Ámate

El incrédulo Isaac cree que el amor no existe porque nunca lo ha sentido, piensa que es una invención de los poderosos para mantener controlado al mundo; cuando sale de su casa ejercita su “capacidad de amar”, esto funciona así: cada vez que una persona cruza frente a él, él se acerca y apunta al otro con el dedo indice, mientras con todas sus fuerzas le grita, “Te amo”, y procede a acercarse a abrazarlo.

La gente al ver este espectáculo y no entenderlo se aterra y corre lejos de Isaac, quien les persigue para poder cumplir con su cometido, éste personaje tiene 52 órdenes de restricción, ha estado en la cárcel 114 veces y muchas otras más lo han golpeado o amenazado, pero no entiende por qué.

El amor no se debe forzar, el amor al otro comienza en uno mismo y me parece que esa oración es la más difícil de integrar en nuestra vida, porque ¿Cuántos diríamos que no nos amamos? Pensamos que el amor propio es algo con lo que se nace y lo cual no necesitamos trabajar, pero he caído en la cuenta de que es el más difícil de sentir.

Esto porque somos nuestros peores jueces, las barreras que nos imponemos son las más altas, al igual que los insultos y castigos por equivocarnos, cuando caigo en cuenta de lo mucho que me he lastimado me visualizo como si tuviera un doble, al que me refiero como el “Salvador lastimado”, imagino que lo abrazo y acaricio su cabeza mientras le pido perdón y me recuerdo que soy humano y parte de mi naturaleza es cometer errores y aprender de ellos.

El largo camino del amor propio empieza con una disculpa y termina con un abrazo.

El solitario lobo

El solitario lobo recorre el vasto territorio en busca de un sentido por el cual vivir sin compañía. Aúlla a la noche, a la luna, añora un abrazo que consuele su estado de soledad; no quiere regresar con la manada, es diferente, sus hermanos no lo aceptan, lo segregan: ¿Por qué ir con ellos? ¿Con quién se podrá sentir pleno? Necesita encontrar un grupo de lobos que sean cómo él, tal vez nunca llegue a ellos, tal vez no existan, tal vez la respuesta esté en su corazón, pero es mejor tomar la decisión de salir y vivir el dolor a carne viva, que seguir estancado en un círculo donde no se puede crecer.

— Luna, lunita, quiero sentirme bien ¡Ayúdame! — Dice el lobo entre aullidos.

— Hazlo tú, yo no lo haré por ti. — Contesta con un tono suave.

— ¿Cómo? Me siento perdido, sin rumbo, sin un sentido.

— Danza para mí.

— ¿Cómo?

— Déjate llevar por los movimientos que dicte tu corazón.

El lobo comienza a girar alrededor de la luna, no entiende que está haciendo, pero sigue las órdenes del satélite natural, sin que apenas lo note, una canción penetra en sus oídos suavemente.

La escucha con placer y continúa con el baile, conforme sus movimientos adquieren fuerza y complejidad, la canción aumenta de volumen y el ritmo también es más rápido e intenso, los tambores del corazón del mundo resuenan en su pecho.

— ¡No estoy solo! — Grita en éxtasis — ¡Nunca lo he estado! Me acompaña el amor del mundo. Soy todas las plantas, el riachuelo que se convierte en cascada, las estaciones del año, la presa y el depredador, ¡Gracias Luna!

El astro se mantiene inmóvil en el cielo, no le contesta palabra alguna, el lobo sonríe y corre por los páramos de la grande y bella Alaska.

Reto de treinta días completado

Llegó el día, hace treinta días tomé la decisión de empezar el reto de escribir diario durante este periodo de tiempo, no tenía un propósito claro, pero sabía que me ayudaría a crecer como escritor, persona y aumentar mi contenido.

El día de hoy tampoco estoy seguro de porqué lo hice, pero he llegado a distintas conclusiones:

  1. Me sirvió para escribir de manera más íntima.
  2. Es aterrorizante no saber que escribir y dejar que el corazón hable porque el intelecto deja de funcionar.
  3. Lo más importante de todo, una promesa conmigo mismo; frecuentemente hacemos promesas a los demás y no cumplirlas se considera algo muy negativo, pero faltar a una promesa con nosotros mismos es algo que NUNCA deberíamos hacer porque ahí reside nuestra confianza y nuestro amor propio; mientras que al cumplirlas crecemos mucho como seres humanos.
  4. Fue un viaje de un mes mes a través de las diferentes olas de emociones que he tenido, de los eventos positivos y negativos; hay días poéticos, otros más sobrios y unos cuantos más en los que juego con el cuento, lo que me enseña que encasillarnos es la muerte.
  5. Me hizo cambiar una vez más la concepción de este blog, porque antes buscaba escribir cosas muy profundas, llenas de palabras interesantes y metáforas lindas, lo cual me encanta, pero quisiera que mi contenido llegara a más personas y poder dejar una semilla en ellas.
  6. Entendí esa bella y simple frase: “Less is more” (Menos es más).
  7. Al abrir mi intimidad, abrí mi corazón e hice parte de este proyecto a cada uno de los que me leen, así que gracias por ser parte de mi vida.
  8. Esto es solo el comienzo de algo MUY grande.

Caer por el abismo

— No puedo seguir sosteniendo tu mano Efraín— Dijo mientras dejaba de aplicar fuerza, poco a poco sus dedos comenzaron a resbalarse de los míos, el pánico se comenzó a apoderar de todo mi ser, el sudor perlaba mi cuerpo y hacía de todo más inestable.

— ¡Espera!— Dije, por un instante vaciló y volvió a sostenerme con fuerza, pero cayó en cuenta del último recurso que estaba utilizando para que me salvara.

Me soltó

Caí.

La duración de la caída me pareció eterna, me sumergí en la oscuridad del abismo, era ese tipo de oscuridad tan densa que se siente como algodón, hasta podría decir que sentí placer.

Poco antes de llegar al suelo, el tiempo se detuvo y vi, sentí, viví plenamente el momento en que mi cuerpo se estrelló contra la dureza del piso, mi cráneo rebotó tres veces y a la tercera se partió, la masa encefálica se derramó, huyó de su recipiente y se integró con las olas del mar que golpeaban la pared de piedra.

En unos segundos los años de experiencia, todo el trabajo espiritual e intelectual acumulado se fue a la basura y fue en ese momento en que mi alma se elevó y logró despedirse de la prisión terrenal a la que se me había sometido.

Esta historia podría ser la muerte física de una persona, o la metáfora de un abandono (cuasi) imposible de superar, ustedes deciden como interpretarlo.

Enfrenta tu destino

Las puertas del templo sagrado se abren, el profeta se decide a entrar, aunque no sabe que se encontrará adentro, pero está seguro en que es su destino y debe dejar de escapar de él.

Da un paso en el interior de la estancia y el exterior se desvanece, ahora está encerrado en el recinto.

Todo es blanco, «¿Estaré en el cielo?» Se pregunta. Camina y no logra topar con el final, ni a un lado, ni al otro. No hay paredes, es un limbo, el tiempo ha dejado de existir, «¿Quién soy?, ¿Quién era?, ¿En qué me convertiré?», se cuestiona. Más no hay respuesta que resuelva la espiral insana en la que se encuentra.

Pasan segundos, tal vez horas, días o años, la masa abstracta de tiempo parece no tener sentido.

En un instante es un niño, en otro joven, adulto y viejo. Hombre, mujer. Nada. Nada. Nada ¡Nada!

— ¡Por favor sácame de aquí! — Grita con todas sus fuerzas — ¡Ya no aguanto este purgatorio!

No hay respuesta. Se sienta en el suelo, se toma de las rodillas y hunde la cabeza en ellas.

Pasa un rato y se serena, deja que la experiencia lo penetre.

Cruza sus piernas, junta sus manos en una plegaria y con la espalda erguida respira profundamente.

De su pecho surge una pequeña risa que se transforma en una sonora carcajada.

— ¡Eres un genio Señor! — Exclama con lágrimas de felicidad en los ojos — No soy nada, nunca más me quiero definir.

El profeta se desnuda y comienza a danzar ante la melodía de Dios.

Su cuerpo se desliza por la existencia, al abrir los ojos se encuentra con que el vacío se ha desaparecido y el Cosmos entero se le presenta como regalo divino.