Cuando tu interior hable, escucha

Mi interior me pedía a gritos un cambio, así fue como me di cuenta que no podía permanecer estático, igual que siempre; impasible, distraído y como si nada pasara. Decidí cambiar el rumbo de mi existencia, porque si quería vivir, <No solo existir, sino realmente tener una experiencia plena de vida>, iba a necesitar de un sinfín de recursos.

Durante mucho tiempo me sentí maldito, como si fuera un despreciado por Dios, ya que siempre me he sentido todo menos “normal”, veo como la gente vive de manera despreocupada, disfruta de lo que esta frente a sí y hace lo mismo que muchos otros. Mientras que yo pareciera que a todo llevo la contra— No, no por hipster.

Ahora que lo pienso, eso ha sido un gran regalo porque ante la inconformidad se convirtió en una necesidad el encontrar algo que me hiciera sentir bien, aunque fuera algo pequeñito. Cuando decidí cambiar, comencé a cuestionar lo que para mi era correcto, busqué otras formas de aprender y desarrollarme, me lancé a un gran número de vacíos con tal de encontrar la razón de mi existencia. Me topé con demonios que hielan la sangre, he fallado y me he caído, pero siempre, por más lastimado que he estado logro levantarme.

He llegado a un punto en el que me he destrozado tantas veces que ya no me asusta morir, porque sé que el arco iris solo puede aparecer después de la lluvia.

Estoy lejos de ser perfecto, de ser un hombre pleno y de saberlo todo, pero eso no importa porque cada día estoy más cerca de lo que soy y eso me llena de felicidad.

El llamado está dentro de ti también, ese grito interno que obliga a frenar y observar lo que está ocurriendo. Asusta, es difícil de aceptar, pero es la única manera de cumplir con tu propio destino, así que:

Escuchalo, integralo y trabaja por conocerte más, verás como el mundo cambia cuando tú cambias. 

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El poder de las palabras

Un sabio amigo una vez me dijo,”Las palabras son hechizos, con los que vas creando tu realidad”, en su momento se me hizo interesante, pero con el paso de los años cada día ha cobrado más sentido esa frase. Uno de los aprendizajes más grandes de mi vida ha sido:

La importancia de la palabra.

Te puedes dar cuenta de quién es una persona por su diálogo, si prestas la suficiente atención encontrarás el subtexto que se esconde bajo la superficialidad, por ejemplo:

“Prefiero estar solo, odio a la gente, si por mi fuera nunca saldría de mi cueva”. Expresa un miedo gigante a ser rechazado por la sociedad.

 

Las palabras funcionan primero que nada, para exponer los miedos que se quieren ocultar, segundo, decretan la manera en la que quiero que se rija mi vida y tercero llenan de veneno a la gente que me escucha.

Utiliza con sabiduría tus palabras, cambia las oraciones negativas a positivas, habla cuando te nazca y no para llenar espacios. Es terrible la tensión que se genera por el silencio  entre dos personas que no tienen tema de conversación, pero me parece todavía peor hablar al azar para cubrir el vacío.

Últimamente hablo menos, observo y escucho más, lo cual me hace encontrar maestros en todas partes, cada persona me deja algo de sí mismo con su conversación y también cuando me nace platicar mis palabras tienen mayor poder y repercusión en quien está frente a mí.

Te invito a que observes la manera en la que hablas, si dices muchas cosas negativas o malas palabras, si tus temas de conversación son superficiales o llenos de aprendizaje, al igual que escuchar a tu gente más cercana e intentar descifrar lo que realmente necesitan y verás como vas a generar un gran cambio a partir de pequeñas acciones.

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Experiencias trascendentales 1.0

La llegada del amanecer fue una experiencia repleta de textura y matices, tuve una sensación de integridad que no se siente todos los días. Conforme pasaban los minutos y la luminosidad aumentaba, podía percibir el alza del sol como si Dios hubiera accionado el interruptor de un controlador celestial, llenando de vida el día.

 

A la par de la llegada de un nuevo día, también un nuevo “yo”, se alzó.

Con estas palabras quiero empezar a relatar la experiencia que viví la semana pasada en ceremonia de Ayahuasca y Psilocibina. Admito que me da miedo escribir de ello por la opinión pública, pero también lo utilizo como herramienta de aceptación de mí mismo, de quién soy. Dejo de ocultar mi esencia. Es un camino que decidí tomar hace ya algún tiempo.

El bosque fue el espacio de práctica y liberación, la noche nos arropó dando inicio a la ceremonia, las tomas sucedieron y  a con el paso de los minutos mi mente se expandió, permitiéndome la entrada al juego astral de la consciencia.

Mi ego se inhibió y emergió; “Salvador”. El niño, el adulto, la esencia, lo real. Me sorprendí por su personalidad juguetona y llena de energía. Ahora que lo pienso, tal vez mi cansancio crónico proviene de utilizar gran parte de mi energía en mantener mi esencia bajo las sombras.

Durante la noche fui  un niño inocente, lleno de amor y con una palpable necesidad de sentirlo y transmitirlo. Bailé alrededor de la fogata, sentí las canciones tamborilear en mi corazón, pero también tuve que enfrentarme a la realidad, de la que se desprende una dura pregunta.

¿Quién Soy?

Me transmute en una hoja de papel que Dios tomó con sus mano y arrugó sin clemencia. Aquello que quería que permaneciese impoluto se convirtió en el eslabón más débil, esa hoja que escribí con cursiva y  buena ortografía; las leyes y caminos que rigen mi vida, como cada ceremonia, fueron destrozadas.

Recuerdo la insoportable presión de la medicina diciéndome, acepta lo que eres y mi terca negación de no hacerlo por miedo, entre las cosas que destacan recuerdo frases como:

“Extraño a _______, pero no me permito aceptarlo porque sería vulnerable”

” No quiero hacer aquello a lo que me comprometí”

“Me mantengo al margen de la vida porque me da miedo ser lastimado y rechazado”

“Necesito expresar amor; me estoy secando por mantener apariencias”

Aquella ola de totalidad terminó con una última frase que entregué a la llama de la fogata:

“¿Por qué siempre me obligo a hacer cosas que odio? ¿Por qué me obligo a vivir sintiéndome mal?”.

Lo que acabo de relatar no fue toda la experiencia, ni siquiera se acerca a la punta del iceberg, pero si dejo evidencia un aspecto importante de aquel sábado en que fui yo mismo.

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Gracias queridos lectores que me acompañan en el interesante caminar de la vida.

 

Madurar duele, acéptalo y crecerás

La llegada del invierno marca el marchitar de la temporada, como el desvanecer de un sólido que se queda sin esencia, las hojas se deslizan secas bajo la fuerza de un viento que las lleva a un destino incierto.

El ser humano también experimenta dentro de si un cambio de estaciones.  El niño no sabe el dolor de la madurez, pero cuando llega el momento de hacer la transición, se le presentan dos opciones: aceptar el cambio o perecer. Si decide acceder, debe entregarse al sufrimiento que trae consigo la transformación; en cambio si decide negarlo, no significa que físicamente va a morir, más bien es entregar su espíritu como sacrificio para “salvar” su comodidad.

Nadie sabe que es lo que le espera del otro lado, el joven se retuerce de miedo al pensar en los demonios que va a encontrar al cruzar el río. Los que ya lo han cruzado lo exhortan a ser fuerte y entregarse a la evolución de consciencia. Mientras que aquellos que renegaron al crecimiento, lo asustan y maldicen su camino, porque el joven tiene el corazón suficiente para dar el siguiente paso.

El muchacho se sienta a esperar la llegada del invierno, observa su reloj con impaciencia mientras en su interior siente el consumir de su antigua persona, las hormigas del cambio extinguen lo mundano. Vuelve a mirar el reloj, tan solo unos cuantos segundos han transcurrido, “¿Cuándo llegará el final?”, se pregunta. Aparece un maestro, tiene la cabeza rapada y una barba blanca como la nieve, su mirada seria se esconde detrás de los anteojos. Lo observa con seriedad y extiende su mano para ayudarle a levantarse.

Lo primero que le enseña es a trabajar en si mismo, lo siguiente a ser paciente,

“Cada persona tiene su tiempo, no intentes acelerar el tuyo, fluye de manera orgánica”, le dice con su dura voz.

El chico quiere entender, desea con todo su corazón imitar al maestro a quien ama por haberle salvado, pero no puede entenderlo porque está del otro lado. Logra ver el premio a la distancia, pero por más que brasea a través de las densas aguas de la existencia, no llega a su destino.

Un golpe con el bastón, el muchacho se soba la cabeza y reclama.

“Deja de fantasear, mata la mente”, replica el maestro, “No pienses en la meta, vive tú camino y recoge los nutrientes que necesitas para fortalecerte, esto tan solo ha comenzado”.

El joven se abruma y llora con desesperación, se siente incomprendido, abandonado y débil, pero tiene fe en su maestro y eso le hace creer en si mismo también.

Se levanta y continúa con su camino, sabe que caerá, comprende que será difícil, pero nunca más vuelve a dudar de su capacidad.

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Vive tu vida como necesites vivirla

Imagina que caminas por una brecha de tierra, tus zapatos empolvados, las piernas cansadas de tanto caminar, lo único que te mantiene es la esperanza de llegar a un maravilloso destino.

Después de mucho andar llegas ante una disyuntiva, en la que puedes tomar cualquiera de los dos senderos:

El de la izquierda, te dará riquezas y alegría inmediata; vas a ser el rey de lo mundano, poderoso e invencible. La gente te va a respetar por tu fama y posesiones, pero el sacrificio que deberás hacer, es abandonar tu esencia, lo que realmente quisieras ser.

Por otro lado, en el camino de la derecha, te anticipo que vas a  sufrir. El trayecto va a estar lleno de pruebas que te van a hacer sentir impotente e incapaz de seguir adelante. La recompensa será que al final vas a experimentar un estado de plenitud que creías imposible, pero a cambio serás un rebelde contra el sistema y tus posesiones materiales van a ser mínimas.

¿Cuál de las dos opciones escogerías?

La izquierda tiene más atractivo a primera vista, porque tendrás los lujos que toda estrella del cine tiene, pero a cambio vas a  perder la esencia que te define y eso es lo peor que le puede pasar a alguien, porque después de todo te das cuenta que no hay una cantidad de dinero suficiente para hacerte feliz.

Yendo por la derecha aceptas renunciar a lo mundano, sé que es difícil de visualizar y todavía más de realizar, en parte porque la gente rechaza a los que no tienen éxito en lo material, pero piensa esto:

¿Qué te va a importar, si vas a sentirte feliz hasta la raíz?

La verdadera riqueza se encuentra en lo invisible a los ojos, recuerda que nada es permanente.

Que quede clara una cosa: No estoy hablando de que tienes que convertirte en un mártir o un monje sin pertenencias, mejor aún, lo que digo es que te transformes en una persona que elimina de su vida lo que no le sirve y con esto aprende a vivir con lo poco que le hace sentir feliz.

Vive tu vida como necesites vivirla, deja a un lado las opiniones de terceros, solo tú sabes lo que te hace feliz.

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¿Y qué sentido tiene todo esto?

Cuando te levantas por la mañana, te lavas los dientes, te bañas y desayunas. Sigues la misma rutina de todos los días. Escuchas el sermón del maestro mientras desearías estar dormido, o los mismos chismes del compañero de trabajo que no soportas, lo peor es que  pones cara de interés para no herir sus sentimientos. Después de todo el aguante te pregunto:

¿Y qué sentido tiene todo esto?

Porque igual que tú, yo también sigo la misma rutina a diario. Hay veces en que me miro al espejo y me cuesta reconocer al ser humano que se encuentra frente a mí. Claro soy yo, de eso no hay duda, pero es un “yo” que se ha moldeado y transformado en lo que se necesitaba para poder adaptarse al ecosistema social que lo puso en crisis, y debo decirte que esto duele.

Te lo repito con letras más grandes:

D U E L E

Duele porque me pregunto, ¿Y qué sentido tiene todo esto?, ¿De qué me sirve angustiarme tanto? ¿Por qué debería de preocuparme por las mismas (inserte insulto) de siempre? Y no encuentro respuesta, porque la respuesta carece de palabras.

Todo se resume a un sentir y a una plenitud del ser.

Amiga lectora, amigo lector, no dejemos que el sistema nos devore vivos, no somos víctimas de él si aprendemos a vivir por nosotros mismos y te hago una nueva pregunta.

¿Qué es lo que tu corazón desea?

Haz una meditación en la que profundices en la persona que quieres ser. No te limites. Si lo que quieres es viajar, ¡Hazlo!, si lo que quieres es pintar, ¡Hazlo!, si lo que más deseas es ayudar a otros, ¿Qué estás esperando? Vive de acuerdo a lo que tu esencia te pide y lo demás llegará por añadidura.

Lo que necesitas en ésta vida es: ¡Vivir! Feliz. Pleno. Amando y siendo amado.

Rodeado de la gente que más te llena y junto al paisaje que más te enamora. Trabaja por ello como si no hubiera mañana, porque tal vez no lo haya. Nada es para siempre, nuestra existencia es tan frágil como la hoja seca que se desprende de un árbol en otoño.

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Feliz de existir

Tal vez mis palabras no tengan estructura literaria, ni sentido pero eso no importa si logran comunicar, lo que yo deseo es que mis letras lleguen a ti, las leas y entiendas, sientas lo que yo siento y generar contigo una complicidad, un vínculo que antes no existía.

Somos dos extraños que se entienden, yo también sufro, yo también quiero encontrar un sentido en esta maraña de experiencias, sé que no es fácil crecer, que de niños al ver a los adultos pensábamos:

“De seguro ellos conocen el sentido de todo”.

Ahora que nosotros somos los adultos vemos con claridad que ellos tampoco sabían un carajo y solo pretendían entenderlo todo para no caer presas de la desilusión.

La gente nos marca las pautas sobre como deberíamos pensar, creer, actuar y hasta respirar, pero tú y yo sabemos que están equivocados, que cada persona tiene la oportunidad de ser libre y buscar su propio camino.

Hay que romper con esa cárcel invisible, te invito a que nos liberemos y eliminemos ese falso sentido con el que nos han contaminado la vida, sé que queremos sentirnos felices sin tener que ligar esa felicidad con otra cosa.

Estar feliz por el simple hecho de existir.

 

Necesidades modernas

Al visualizar mi vida perfecta, me percibo en un bosque de altos pinos, escucho la melodía de una guitarra acústica al fondo, me percibo sin ropa; corriendo alegre, en éxtasis, salgo del bosque a una playa impresionante, el sol calienta mi cuerpo y la arena se siente agradable al tacto, me zambullo en el agua color turquesa, fluyo con las olas, a ratos dentro del agua y a otros fuera, me lamo un dedo y sabe a sal, sonrío y continúo con mi celebración.

Es una dicotomía, exactamente lo opuesto a lo que vivo en la ciudad que me produce ansiedad, porque aquí constantemente me siento vulnerable y atacado, el ritmo rápido me parece antinatural, los compromisos y obligaciones irreales, al igual que los ideales que se tienen sobre una existencia plena.

Me veo enfrentado ante la necesidad natural de dejar el nido, de comenzar a independizarme y el primer paso es generar dinero, una palabra que admito se ha convertido en el demonio que más me aterra, porque es el amo del mundo, la representación máxima del poder y aquel que no lo posee está perdido.

Quisiera dejar de un lado esta necesidad, pero sé que debo reconciliarme con el dinero y aprender a generarlo para que sirva como un medio para lograr mis metas de vida, pero estoy en crisis y mi única salvación es mantenerme sereno para no perder el control.

Siento que debo de escribir una solución a todo, una reflexión o moraleja pero creo que hay veces que simplemente no la hay y lo único que tenemos que hacer es dejar que la realidad se desenvuelva y estar presentes para poder actuar de acuerdo a nuestro corazón.

Soberbia: herramienta negativa de poder

Tengo impreso en la mente un pasaje de Carlos Castaneda; en el cual,  él le dice a Don Juan que se siente seguro y poderoso. A lo que el brujo Yaqui le contesta: cuando un hombre siente que está en la cima de la montaña es porque está en el precipicio a punto de caer.

Cuando nos sentimos tan altos es porque transpiramos soberbia, porque nos sentimos superiores a los demás e inmunes al error, se nos ha enseñado que la equivocación es negativa y de gente débil, los medios de comunicación promueven a súper-estrellas que llevan tatuada en la frente esta palabra.

En estos días a través de golpes de realidad, me he dado cuenta que soy un ser humano muy soberbio, que a veces realizo acciones con un “sentido positivo”, pero que detrás de ellas esconden un propósito egoísta, que en ocasiones termina por lastimar a otras personas.

¿Cómo resolverlo? 

Con humildad; aceptar que nos equivocamos y que no por ello somos malos, ya que es una forma de aprender, reconocer nuestros errores y ceder ante el orgullo de parecer que no somos vulnerables.

Todo ser humano tiene un lado débil que debe aprender a ver, trabajar y amar, porque es una parte que le define y le distingue de los demás, no quiere decir que sea mala, simplemente que es necesario fortalecerla.

Hoy acepto éste defecto que me acompaña, no en una actitud de tortura, sino de sinceridad y disculpa a todos aquellos que pude haber llegado a dañar en el camino, porque quiero trascender y para ello es necesario hacer conscientes mis áreas negativas y trabajar en ellas.

 

Evaluar para tomar mejores decisiones

Cada cierto tiempo es necesario cerrar los ojos, respirar y poner en pausa el mar de actividades que llenan nuestra rutina, observar detenidamente cada cosa que nos obligamos a hacer y si aquello por lo que estamos trabajando nos hace algún sentido.

La palabra evaluación, me hace referencia a la primaria, a los periodos de exámenes en que de niños sufrimos nuestros primeros encuentros con el estrés innecesario, pero que ha cobrado un sentido distinto y con una connotación positiva para mí.

Evaluar es hacer un análisis sobre cierta información y emitir un juicio ya sea positivo o negativo, se nos ha enseñado que se utiliza para procesos de trabajo, escolares, de rendimiento pero nunca (o casi nunca) a aplicarla a nosotros mismos, no en un afán de juzgarnos, sino de darnos cuenta si estamos viviendo como deseamos.

Me di cuenta que doy pasos en ciertas direcciones que me hacen sentir incómodo y más que una falta de placer, me hacen sentir mal y conforme sigo tomando esos rumbos peor es mi estado interno, pero son cosas que por estar distraído en su momento no me di cuenta.

Vivir en la ciudad es vivir rápido, tomar decisiones impulsivas y mal meditadas, comprometernos con situaciones que no van de acuerdo con lo que somos; obligarnos a seguir rutas que no son nuestras y para eso es que sirve la evaluación.

Es la manera de bajar de las nubes de los pensamientos y fantasías y aterrizar aquellos elementos que son fundamentales para nosotros y también de los cuales podemos prescindir. Hoy te invito a que hagas el intento y descubras esos aspectos negativos que pueden estar bloqueando la luz de tus días.