¿Por qué nos da miedo ser reales?

Hay una escultura bellísima, todos la elogian por la suavidad de sus lineas, por la fineza de su material y la propuesta innovadora que emana. Hasta que encuentran un defecto. Es un simple detalle, pero excavan tanto que  llegan a la conclusión de que toda la obra es una porquería. Todo por esa nimiedad.

Ahora imagina que esa escultura es una persona, que trabaja su apariencia para ser perfecta a los ojos de los demás, pero un día la gente descubre que tiene algo que no cuadra con esa perfección (claramente aparente) y es juzgada de ser un fraude.

La realidad es que desde un principio no fue real, porque buscar agradar al otro es modificar lo que uno es, para ser del gusto común y claro siempre habrá algo que desagrade y desenmascare la mentira.

¿Por qué nos da tanto miedo ser reales?

¿Acaso la opinión pública nos va a partir por la mitad?

Nos asustan tanto los juicios, que somos capaces de cambiar todo lo que somos para encajar en la sociedad. Al grado que hacemos cosas que odiamos para ser aceptados. Fingimos ser como los demás para que nos quieran. Hablamos como el de al lado para no estar solos. Nos abandonamos para ser amados, pero es imposible que nos amen si somos una mentira.

Nadie nos puede privar de lo que somos más que nosotros mismos.

Las palabras son invisibles, dentro de nosotros está siempre la posibilidad de hacerlas flechas que penetren y destruyan o negarles el paso a nuestro corazón.

El rechazo duele, lastima y  nos asusta, pero duele más pretender ser algo que no somos para quedar bien frente a los demás.

Queridx lectorx, te invito a dejar de esculpir una belleza externa que esté vacía en las entrañas. Trabaja por ser real, da el clavado a tu interior y encuentra lo que te hace ser únicx. No dejes que los juicios te devoren, tú eres más fuerte.  

La persona más hermosa es aquella que se acepta tal cual es.

 

 

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Soberbia: herramienta negativa de poder

Tengo impreso en la mente un pasaje de Carlos Castaneda; en el cual,  él le dice a Don Juan que se siente seguro y poderoso. A lo que el brujo Yaqui le contesta: cuando un hombre siente que está en la cima de la montaña es porque está en el precipicio a punto de caer.

Cuando nos sentimos tan altos es porque transpiramos soberbia, porque nos sentimos superiores a los demás e inmunes al error, se nos ha enseñado que la equivocación es negativa y de gente débil, los medios de comunicación promueven a súper-estrellas que llevan tatuada en la frente esta palabra.

En estos días a través de golpes de realidad, me he dado cuenta que soy un ser humano muy soberbio, que a veces realizo acciones con un “sentido positivo”, pero que detrás de ellas esconden un propósito egoísta, que en ocasiones termina por lastimar a otras personas.

¿Cómo resolverlo? 

Con humildad; aceptar que nos equivocamos y que no por ello somos malos, ya que es una forma de aprender, reconocer nuestros errores y ceder ante el orgullo de parecer que no somos vulnerables.

Todo ser humano tiene un lado débil que debe aprender a ver, trabajar y amar, porque es una parte que le define y le distingue de los demás, no quiere decir que sea mala, simplemente que es necesario fortalecerla.

Hoy acepto éste defecto que me acompaña, no en una actitud de tortura, sino de sinceridad y disculpa a todos aquellos que pude haber llegado a dañar en el camino, porque quiero trascender y para ello es necesario hacer conscientes mis áreas negativas y trabajar en ellas.

 

Cambios radicales

¿Qué soy? Y ¿Qué quiero ser? Son dos preguntas que circulan en mi mente todos los días y que vivo replanteándome, sé que para poder llegar a lo que quiero ser, necesito hacer mucho y todavía trabajar más en mi trascendencia, lo cual es doloroso, sé que tengo que ser radical en mis decisiones y derrumbar las barreras que me limitan, son las cosas que me van a moldear para llegar a lo imposible.

El día de hoy me rapé, fui a la estética con miedo, angustia y ganas de arrepentirme, y dejé que me pasaran la rasuradora por la cabeza, conforme veía mi cabello ceder ante las cuchillas de la maquina y mi nueva imagen emerger, no pude evitar pensar: “¿Qué acabo de hacer?”, pero también fui consciente en todo momento que no fue un acto para mejorar mi imagen, carecía de todo fundamento estético, más bien fue un acto de desprenderme.

¿Qué significa el cabello para mí? Mi imagen, mi vanidad, una definición física de mi ser, porque una de los aspectos que a la gente le agrada de mí es mi cabello, y justamente en estos días varias personas me dijeron que en estos momentos se me veía muy bien, que no lo cortara, pero lo hice.

¿Por qué? Porque estoy en una continua metamorfosis, mutación, evolución del ser, en la que decidí sacrificar mi cabello, para afrontar esta nueva vida, necesitaba un cambio radical, dejar atrás una de mis fuentes de seguridad para dejar de depender de un rasgo físico para agradar a la gente.

Debo admitir que me dolió, que me veo al espejo y también pienso que me gustaba más la imagen previa, pero eso no quiere decir que este triste, más bien estoy feliz, porque me animé a hacerlo a pesar de que me daba miedo, porque estoy más fresco y ligero, dejé que el peso de ideas, emociones y pasado se desvaneciera.

 

Sigue los caminos con corazón

Hay días en que despierto y puedo visualizar el despliegue de la vida, la manera en que todo está conectado y se integra, que nada es arbitrario y todo pertenece a una gran red universal, pero también hay días en que amanezco y percibo una gran muralla alrededor de mí, me hace sentir recluido en la prisión de mi mente y sin posibilidad de escapar de ella.

Yo me pregunto, ¿Qué es lo que determina la manera en que percibimos el día a día? y mi respuesta es, que todo depende de la manera en que nos expresamos, ya sea desde lo interior, hasta lo exterior. Lo que pensamos, decimos y hacemos. Es la energía que transpiramos, positiva o negativa que va a moldear nuestro mundo de acuerdo a lo que estemos sintiendo.

Una gran lección sobre este tema la dice Don Juan, brujo yaqui,  “Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas, eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte; el otro te debilita” (Castaneda, 1968), todo es cuestión de transitar por las vías de aquello que nos hace trascender y abandonar las sendas que nos desintegran.

Para encontrar la verdadera felicidad y permitir que nuestro día a día florezca, debemos de dejar viejos hábitos de actuar, pensar y hablar. Hay que buscar caminos dotados de corazón, que nos hagan crecer y disfrutar de la vida. Que nos enseñen a amar plenamente. De esta manera será más fácil inclinarnos hacia lo positivo, en vez de vivir una continúa lucha contra aquello que repudiamos.

Bibliografía

Castaneda, C. (1968). Las Enseñanzas de Don Juan. Estados Unidos: University of California Press.