Reconciliación con nosotros mismos

Hay un chico sentado en una banca del parque, su expresión es seria, sombría; mira a las palomas que buscan migajas de pan para abastecer su hambre, misma que él siente hacia ser feliz.

También observa a la gente; parejas, solteros, familias, amigos, que al final del día son seres humanos como él que día con día siguen una misma rutina, luchan por conseguir sus sueños y superan sus crisis existenciales.

Cada uno con sus diferentes limites, la diferencia que él tiene con ellos, es que él no quiere ser feliz hasta que no alcance la cumbre de su existencia:

Éxito profesional, mente abierta, espíritu pleno, amor en abundancia, seguridad económica, libertad total.

Visualiza cada una de sus metas y mide la distancia para alcanzarlas que sigue siendo abismal; a pesar de que año con año da un paso para acercarse a ellas. Se frustra, se mira en el reflejo del charco y se escupe con repudio, comienza un monólogo de rabia y odio consigo mismo.

— ¡¿Cómo puede ser que a ésta edad sigas luchando contra los mismos demonios?!— Se dice con desprecio.

— Es que tú no entiendes lo difícil que es para mí superar esos miedos, yo solo quiero sentirme bien, todo lo demás es complementario. — Se contesta arrepentido.

— ¡Deja de lamentarte pedazo de mierda! Entiende que la única manera de ser grandes es alcanzando lo que nos hemos propuesto.

— ¡Déjame en paz, me queman tus palabras, ya no quiero ser tu esclavo! — Se responde entre sollozos.

La gente que pasa por el parque lo mira confundida, un hombre piensa en acercarse a ayudarlo, pero él lo aleja con un movimiento de manos. No padece demencia, tan solo es otra persona que no puede lidiar consigo mismo, que día con día pierde la batalla contra su propio ser.

¿En dónde reside la verdadera felicidad?

Existen mil y un teorías diferentes, yo creo que se encuentra en lo más sencillo, como la reconciliación con nosotros mismos.

Página en blanco

Tratar de medir la creatividad en tiempo transcurrido es uno de los aspectos que más bloquea su flujo, porque no es un trabajo medible, no podemos determinar con exactitud el tiempo que tardaremos en lograr que la inspiración tome posesión de nosotros, nos penetre y nos permita utilizar la energía divina para crear obras trascendentales.

Cualquiera puede escribir, pintar, dibujar y esculpir, pero los verdaderos artistas son aquellos que humildemente permiten que Dios funja como maestro de títeres y guíe sus trazos y palabras de acuerdo a su fin.

Son aquellos que se enfrentan al miedo de hacer una mierda, porque en muchas ocasiones al estar frente al lienzo en blanco lo único que pasa por la mente es: “No quiero cagarla”, ¿Cómo superar al antiguo yo? ¿De qué manera seré mejor que antes? Con valentía, frente a un miedo que nos paraliza y hace temblar.

Es estar parado frente a una ola que te dobla cuatro veces la estatura, sin la posibilidad de huir y con la plena consciencia que será un encuentro doloroso, en el que serás azotado por una fuerza superior a ti, que tu mejor opción es aligerar el cuerpo y fluir con el agua que te va a moldear de acuerdo a su gusto, porque si opones resistencia saldrás lastimado, parapléjico y en el peor de los casos muerto.

Así es la vida, una danza sin expectativas, que deja que los brazos se extiendan y el pecho se alce al cielo para abrir el corazón, mientras más intentemos dominar y sentir seguridad peor la pasaremos, dejemos que la realidad caiga bajo su propio peso.

Para hacer cosas imposibles es necesario amar

Me encontraba sentado en la densa oscuridad con los ojos cerrados, meditando, dejé que todo aquello que me hacía sentir mal, bloqueado y acongojado saliera de su madriguera y se presentara frente a mí, no intenté juzgarlo o eliminarlo, tan permití desfilar a la gran pasarela de monstruos terribles.

Cada uno me mostró sus peores venenos, la manera en que me podían hacer daño y también lo que se escondía detrás de cada uno de ellos, el miedo al futuro, una mala relación con un ser querido, palabras de odio hacia otro ser, cuando por fin terminaron de pasar reino el silencio.

De esa calma brotó el tallo de una planta, pequeña y casi imperceptible, que se convirtió en una flor colorida y de dulce fragancia que se impregnó en todo mi ser, era el amor. Una palabra prostituida y tan utilizada para expresar afinidad hacia otro ser humano, pero que verdaderamente es la clave para que la vida se despliegue y se llene de riqueza.

Comprendí que si quería tener mejor relación con la gente que me rodea, disfrutar de mi cotidianidad y poder estar con otro ser, tenía que consagrarme al amor, esto no quiere decir que por haberlo decidido, mágicamente todo se convertiría en amor y paz, pero si quiere decir que cada vez que realice una acción o diga una palabra sea con la consciencia plena de que lo hago en función del amor.

Al terminar la sesión de meditación volví a recuperar el sentido que añoraba en mi existencia, lo que antes me parecía pesado se había convertido en la ligera briza de la primavera, me llené de gozo por haber sentido la presencia del Gran Creador.

Días difíciles

Hay días en los que desde el momento en que abro los ojos deseo con todo mi ser convertirme en un ente inanimado, como una piedra, montaña o hasta un árbol para no tener que mover un centímetro de mi cuerpo. Son días en que envidio a Mushu mi perro, porque él su única obligación es pasar la víspera echado y nadie espera que haga nada, son jornadas en que no me siento yo, pero también son las más importantes para mi crecimiento personal.

Esto es porque el progreso no se deslinda de las situaciones cómodas, es muy fácil ser constante y realizar una acción cuando no nos cuesta trabajo ni nos genera conflicto alguno, pero cuando pagamos con sudor y sangre aquello que queremos obtener, es el momento en que se impregna en nuestro ser y se convierte en parte de nosotros, son los hábitos que permanecen con el tiempo.

Hoy me siento así, enajenado, desconfiado, sin motivación, con miedo y sería muy fácil ausentarme del mundo, faltar a todas mis clases y compromisos para simplemente encerrarme a ver películas o leer un libro que me brinde la posibilidad de escapar de mi realidad, pero sería un acto cobarde porque perdería una pelea muy importante, una batalla conmigo mismo.

Por eso he decidido empezar con un reto personal en el cual durante treinta días escribiré un post diario, es un ejercicio del que he escuchado genera un cambio positivo en las personas que lo hacen ya que ayuda a desarrollar la creatividad, improvisación y sensibiliza al escritor, más porque las publicaciones se convierten en algo íntimo con el lector.

En estas líneas les describo la persona que se esconde detrás de los versos y cuentos, el que ven en las fotografías sonriendo o que parece muy relajado, éste soy yo, me presento desnudo de etiquetas.

La ansiedad como antídoto

Recuerdo la ceremonia del bosque, en cierto punto me encontraba sostenido de un árbol, estaba mareado y con el peor ataque de pánico de mi vida, buscaba una salida al sufrimiento, cuando de manera inesperada se acercó a mí el Taita, puso su mano sobre mi hombro a señal de apoyo y me dijo,

— Tranquilo, respira, deja que la medicina te cure.

En ese momento no pude entenderlo, pero decidí seguir ciegamente sus palabras, me senté frente a la fogata y dejé de evitar esa gran angustia que me producía ese estado mental.

Me inundó como la niebla que se extiende ante un valle vacío y lo cubre todo, inhalé el miedo y permití que se alojara dentro de mí, al principio me fue muy difícil, sentía ganas de salir corriendo, gritar, llorar, escapar de esa experiencia que tanto me asustaba. Bloquear la visión de la verdad que se me  presentaba, pero logré aguantar y me tranquilicé como me dijo el Taita.

Pasado un rato llegó la paz interior, todos esos sentimientos negativos que momentos antes se apoderaron de mí se habían desvanecido porque dejé de ocultarme y decidí ver.

A partir de ese momento cada vez que sufro de ansiedad y recupero un segundo de cordura entre el caos generado, recuerdo la voz del Oso y las palabras de sabiduría que me regaló, de ese modo me dejo llevar por la marea angustiosa que tanto deseo extinguir.

Nunca es fácil, siempre requiere de una gran fuerza de voluntad y mucha valentía para abrir los ojos ante la bestia que se encuentra frente a mí.

He llegado a desarrollar una teoría que deja de catalogar a la ansiedad como algo negativo y más bien la polariza a un aspecto de crecimiento, ya que es un cúmulo de energía interna, la cual es necesaria para desbloquear cierta área de nuestra vida, pero que no miramos porque nos asusta, así que pasa el tiempo y como la bola de nieve que rueda cuesta abajo, va creciendo hasta que se vuelve inevitable no verla y se convierte en un verdadero obstáculo en nuestra vida.

Bloquea todas las demás esferas de nuestra existencia y nos obliga a dejar todo en pausa para dedicarle la atención que merece, cuando esto ocurre generalmente interpretamos que algo catastrófico ha ocurrido y que debemos de buscar una salida cuando la respuesta esta dentro de nosotros.

La mejor manera de resolver esta situación es al hacer introspección y buscar aquello que nos acongoja, a pesar de que esto nos vaya a generar un dolor intenso

La ansiedad es el siempre vivo recuerdo de que no tenemos más que una pequeña parte del control de nuestra vida. Así que dejemos de obsesionarnos con tener todo calculado, con que nuestro día sea como una hilera de dominós que va a seguir el curso establecido por inercia, nada es seguro y mientras más rápido aprendamos que la vida se vive en el presente y no en el pasado o futuro, más podremos disfrutarla.

Debo aclarar que esta reflexión no pretende invalidar el proceso terapéutico o cualquier otro tipo de remedio para sanar este estado mental, tan solo es una propuesta diferente para enfrentarlo.

 

Ésta Navidad solo quiero…

Todo empieza con la llegada del invierno, un día te despiertas con un poco de frío, observas el calendario y te das cuenta que ha falta poco para terminar el año, vas por la calle y ves ofertas de luces de colores, Santas inflables y pinos en cada esquina, el típico olor a Navidad.

Una fecha que de niños nos llenaba de anhelos e ilusiones, que esperabamos con ansias todo el año y hasta nos hacía convertirnos en angelitos, con tal de recibir los regalos que tanto queríamos, pero que conforme maduramos se convierte en una pesadilla para la mayoría.

Eso es lo que no entiendo, son fechas en que la familia se reúne alrededor de un ritual común para todos: el acto de comer y regalar al otro. Al igual que se siguen diferentes pasos para realizar una gran ceremonia, desde poner el Nacimiento y el Árbol de Navidad, hasta el tradicional ponche y el bacalao, que para la gente se convierte en un agobio, porque atenta contra su bolsillo, tiempo y energías.

─ Se me va a ir toda la lana en los regalos─ Dicen unos.

─ Tengo que ver a todos esos familiares que me pudren─ Dicen otros.

─ De seguro me va a tocar poner la casa, cocinar y limpiar todo─ Unos cuantos más comentan.

Esto hace que los villancicos se vean ahogados por los coros del desdén, en el que los únicos beneficiados son los niños, que ajenos a la situación están expectantes de la calidez de ver a sus primos, abuelos, tíos y padres juntos. De recibir regalos no solo del Niñito Dios, sino de todos aquellos familiares que quieren pintar una sonrisa en su rostro.

De disfrutar de las caricaturas que más nos gustan y ver clásicas películas de estas fechas, de sentir la magia que producen estos tiempos ¿En qué momento perdimos esa inocencia y gran placer de compartir? Me parece que es una pregunta que tomaría mucho tiempo y esfuerzo explicar, pero que se resume en; exhortarlos a vivir una Navidad diferente, a disfrutar de los seres queridos que nos acompañan, a compartir no sólo con regalos, sino con el corazón, son fechas de tregua, en las cuales podemos cultivar amor, reconciliación, amistad y mucho cariño. Sin más por decir, les deseo muy felices fiestas.

Fin del camino, inicio de una vida

Yo creo que la vida es un flujo de periodos de tiempo que nos hacen crecer, pero hay ciertos momentos, muy específicos en que si estamos más conscientes y los utilizamos a nuestro favor, podemos evolucionar de manera desmesurada. Este verano ha sido una de las etapas más importantes de mi vida, porque me regalé la oportunidad de desarrollarme, decidí que cada momento de mi existencia lo iba a dedicar a abonar a mi progreso personal, porque topé con pared, fue un momento en el que todos mis artilugios para continuar en el camino perdieron su efecto y tuve que enfrentarme ante la cruda realidad, sin ningún arma más que mi ser, pero incapaz de usarlo, ya que no me conocía ni sabía quién era.

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Es impresionante como Dios, el universo, o como gusten llamarle, actúa a tu favor y dispone de los elementos que necesitas, cuando estás en sintonía con la vida. Todo comenzó con asistir a la Sagrada Ceremonia de la toma de Ayahuasca, necesitaba algo que me ayudara a romper con esa gran barrera que no me dejaba seguir adelante, la mayor parte de mi vida he estado deprimido y es uno de los peores estados en los que un ser humano se puede encontrar, porque no tienes fuerza ni voluntad para salir de ese agujero, así que decidí someterme a esta antigua medicina, fue una grandísima experiencia, dicen que son treinta años de terapia en una sesión y verdaderamente lo fue, doce horas de una intensa lucha conmigo mismo y mis demonios. Fue el momento en que decidí emprender el viaje a mi muerte, vencer el más grande de los miedos y así; hecho cenizas, incorpóreo decidí nacer, como alguien nuevo, fuerte y con muchas ganas de aportar un granito de arena al mundo.

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La cumbre más alta de este periodo fue el viaje que realicé con mi papá a La Baja Sur, porque ninguno de los dos era un campista experimentado, simplemente éramos personas con las ansias de recorrer míticas tierras, y encontrar en nuestro peregrinaje la esencia de la vida. Fueron días difíciles, desde el drástico cambio de clima al que estamos acostumbrados, era tal el calor que varias veces tuvimos que dormir bajo las estrellas y aun así tenías la sensación de estar en una hoguera, pero todo valía la pena al estar rodeado de tanta magia, la naturaleza es el mejor maestro que puede tener el ser humano, y aprender a contemplarla es uno de los mayores regalos que nos podemos dar.

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Conocimos playas de una belleza impresionante, nos rodeamos de gente buena y cálida, aprendimos a vivir como nómadas, recuperamos esa naturaleza olvidada, porque los primeros seres humanos, no tenían un hogar e iban deambulando por diferentes locaciones, a merced de las estaciones y el alimento. Pero es impresionante todo lo que uno puede crecer al estar en ese estado, comienzas a entender el desapego, dejas de necesitar gran cantidad de cosas y comprendes que con tener alimento y cobijo no necesitas de otra cosa. Me enseñó la simpleza y a encontrar en ella el milagro de estar vivos, que mientras menos nos complicamos, más obtenemos y apreciamos lo que nos rodea.

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Todo culminó con mi estadía en Los Cabos, el lugar donde todo empezó, el lugar al que yo llamo hogar, porque me hace sentir pleno. Pude convivir de nuevo con mi abuelo, una de las personas que más admiro, con Alonso mi tío, que se convirtió en un gran amigo, de Lorenzo su pequeño hijo, que me enseñó a volver a ser niño y de Jos, que me ayudó a volver a ver la vida sin vendas frente a los ojos. Gente con la cual pertenezco a una tribu, con la que realmente siento empatía y una conexión.

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Fueron días grandes, de mucha alegría, al igual que dolor y purificación interna. Mucho escribir, mucho descansar y mucho estar en contacto con el mar, que tanto instruye. Todo terminó con una acción que para muchos puede parecer banal, pero tuvo gran significado para mí, cortar mi cabello, después de dos años de dejarlo crecer, decidí deshacerme de todo aquello que fue recogiendo a lo largo de una de las etapas más difíciles de mi existencia, todo para volver a empezar limpio.

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Dicen que cada final es un nuevo comienzo y estoy seguro que toda esta gran aventura, es simplemente el nacimiento de muchas más, el inicio de un camino pleno, lleno de amor y crecimiento. Así que en vez de quejarme por todas las cosas negativas que puede tener este lugar, voy a apreciar cada situación que me rodea y encontrar el milagro de la existencia.

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