Heridas personales

Una habitación oscura,

El indiscreto faro de la calle ilumina la escena,

En la que está una persona sentada,

La cual tiene un cuchillo en sus manos,

Lo sostiene con fuerza, su mirada es iracunda,

Observa su antebrazo, la suave piel que le cubre,

Con un dedo presiona el filo de la navaja para probarla,

Un delgado corte, la sangre escarlata se aglomera en una gota,

Que cae sobre la baldosa del suelo,

El líquido se junta hasta formar un pequeño charco,

Con el mismo dedo escribe un texto que dice:

“Yo nunca pedí nacer en este mundo”,

Se dispone a cortar las venas que irrigan su brazo izquierdo,

Con la habilidad de un artesano práctica el corte,

Siente la presión del filo sobre su piel,

Lo va a hacer,

Alguien entra al cuarto,

Es una mujer; no es su madre, tampoco su hermana,

Tal vez una amante, eso no importa,

Lo abraza, la sangre deja de ser lo único que mancha el suelo,

Las lágrimas de ambos fluyen como un torrente fluvial,

Ella se disuelve, Él se queda solo, pero ya no necesita de nadie,

Se ha vuelto a integrar, el arma blanca es inútil para liberarlo de sí mismo,

La única respuesta está en su interior,

Se adentra en el abismo de su ser y encuentra:

Vida, amor y serenidad,

Los intenta tomar pero no puede, la fuerza no ayuda,

Una voz le susurra algo al oído, es femenina y angelical:

“Humildad”,

Abre sus brazos y expone su pecho,

“Perdona la soberbia de haber pensado en quitarme lo más sagrado que tengo”,

Las tres posesiones que buscaba caen sobre sus manos como ligeras plumas,

Sonríe y agradece.

Cae en un profundo sueño de restauración.

Huyendo del sacrificio humano

Corro por la selva, soy perseguido por la multitud enardecida, alcanzo a distinguir las luces de sus antorchas a lo lejos, mi taparrabos se ha atorado con una mata, estoy desnudo, mi pene y mis testículos se golpean contra mi muslo, no me duelen, es mayor la adrenalina de salir con vida, me recuesto en la hierba y espero a que todos pasen, casi me pisa uno de ellos, continúo imperceptible; mi respiración al mínimo.

Se han ido, me pararé, lo hago, siento la navaja presionada contra mi nuca, un hilo de sangre caliente se escurre por mis hombros, maldito mi destino, maldito yo que no logré escapar, me amarran, me llevan a rastras, mi espalda está raspada por las piedras del suelo.

Al llegar allá el sacerdote ordena que me azoten, lo hacen y la piel que permanecía intacta de mi espalda se desprende como la de un plátano, es tanto el dolor que me vuelvo inmune a él, estoy rodeado por una ferviente multitud de personas, pintados con colores de guerra, soy el tributo para su Dios, si lograba escapar de ellos me convertía en un héroe, ahora seré inmortalizado para una deidad que probablemente ni exista y solo sea una excusa para que puedan seguir con estos actos violentos sin sentir un remordimiento de conciencia.

Es mejor dejarle la responsabilidad a algo desconocido que a uno mismo. Me rindo a mi destino, maldito destino, cruel, crudo y sangriento. Recuerdo el último beso que le di a aquella mujer, me llenó de vida, me hizo sentir eterno, invencible, divino, pero ahora me encuentro como la más inmunda bestia, sobre la plancha de piedra en lo alto de la pirámide.

El sacerdote toma con habilidad la cuchilla de obsidiana, mira al cielo, se hinca y recita unas palabras que dicen:

“Te entregamos esta sangre como ofrenda Gran Huitzilopochtli, bendícenos con más guerras, llena nuestros corazones de poder”.

Me mira a los ojos, pero en realidad no me está viendo, no ve al ser humano que se encuentra frente a él, tan solo mira al próximo objeto que le servirá como tributo, en una rápida sucesión de movimientos abre mi pecho con el filo de la piedra, logra perforar el hueso, con la otra mano toma con fuerza mi corazón y de un tajo corta las arterias que lo sostienen, en ese momento todo se detiene, lo jala y lo arranca de su hogar, por unos segundos miro como la vida se me escapa, la luz se desvanece, todo es oscuridad y me disuelvo en la nada.

 

Caer por el abismo

— No puedo seguir sosteniendo tu mano Efraín— Dijo mientras dejaba de aplicar fuerza, poco a poco sus dedos comenzaron a resbalarse de los míos, el pánico se comenzó a apoderar de todo mi ser, el sudor perlaba mi cuerpo y hacía de todo más inestable.

— ¡Espera!— Dije, por un instante vaciló y volvió a sostenerme con fuerza, pero cayó en cuenta del último recurso que estaba utilizando para que me salvara.

Me soltó

Caí.

La duración de la caída me pareció eterna, me sumergí en la oscuridad del abismo, era ese tipo de oscuridad tan densa que se siente como algodón, hasta podría decir que sentí placer.

Poco antes de llegar al suelo, el tiempo se detuvo y vi, sentí, viví plenamente el momento en que mi cuerpo se estrelló contra la dureza del piso, mi cráneo rebotó tres veces y a la tercera se partió, la masa encefálica se derramó, huyó de su recipiente y se integró con las olas del mar que golpeaban la pared de piedra.

En unos segundos los años de experiencia, todo el trabajo espiritual e intelectual acumulado se fue a la basura y fue en ese momento en que mi alma se elevó y logró despedirse de la prisión terrenal a la que se me había sometido.

Esta historia podría ser la muerte física de una persona, o la metáfora de un abandono (cuasi) imposible de superar, ustedes deciden como interpretarlo.

Mujer de ojos color mar Pt. 1

Desde que nació le apodaban la niña de ojos color mar, porque tenían gran semejanza con el vasto océano, cuando estaba feliz eran azul turquesa que refrescaba la mirada, cuando se sentía meditabunda eran azul oscuro como las profundas aguas y cuando estaba enojada se podían apreciar grandes olas reventando.

Ella nunca había estado en el mar, era una chica de ciudad, sus padres la habían mantenido refugiada en una burbuja de seguridad y por nada del mundo le permitían pensar en conocerlo, ya que decían que era un lugar peligroso y traicionero, que la gente no tenía la prudencia suficiente para mantenerse lejos de la gran masa de agua.

La niña creció y se convirtió en una mujer, el brillo de sus ojos estaba opaco, ya no hablaba, no tenía razón alguna hacerlo, porque su único anhelo era conocer el mar. Por las noches soñaba que se encontraba ahí, escuchaba su dulce canto que le relataba historias de la creación, se sumergía en sus refrescantes aguas, pero cada mañana despertaba más triste que el día anterior por estar separada del lugar que su corazón añoraba. No quería escapar de su hogar porque eso iba a ser una pérdida vital para sus padres.

Una tarde mientras estaba sentada en su cuarto su madre tocó con desesperación la puerta de madera, ella abrió, su madre estaba en un paño de lágrimas, el padre había sufrido un infarto y se encontraba muy mal, se encontraba en su cama y pedía por la hija.

En el cuarto, el señor tenía la voz entrecortada, y casi no podía abrir los ojos, pero dijo a su descendiente,

— Te he ocultado un secreto— Abrió su mano que contenía una llave —Abre el cajón de mi buró, encontrarás algo que llevas mucho tiempo buscando.

Al abrirlo, se encontró con una pequeña esfera que colgaba de una cadena dorada, dentro del objeto estaba el mar, al tomarlo, las olas del interior se agitaron en una danza alegre, ella respondió apretándolo contra su pecho. El progenitor continúo hablando,

— Nosotros provenimos de una tribu llamaba los “Hijos del mar”, ya que después de la formación de la tierra, los seres humanos se consagraron a  los elementos de la naturaleza y nuestra gente se entregó a la Abuelita Mar. Durante mucho tiempo, hasta que la hija del líder, tú bisabuelo,  se ahogó y en un arranque de dolor decidió romper el vínculo que nos unía, a partir de ese evento emigramos a la ciudad y el color característico de nuestros ojos se perdió, hasta que naciste tú.

La muchacha no pudo decir palabra, las lágrimas rodaban por su rostro, se agachó a besar la frente de su padre, que en un último suspiro le dijo,

Es tú deber restaurar nuestra unión con la Abuelita.

Ella depósito su cabeza en el estómago de su padre y sollozó durante largo rato con la certeza de que su misión de vida había comenzado.

Polvo de estrellas

Efectivamente compañero es un trabajo de alto rendimiento vivir dentro de mí, es un complejo funcionamiento del cual todavía no tengo pleno conocimiento, porque al llegar a este receptáculo, carecía de instrucciones, así que con el paso del tiempo y un poco de maña, he logrado entender de manera básica esta compleja máquina de la cual probablemente ni Dios sepa cuál sea su efectivo manejo.

Ser humano es una tarea difícil, hay tantos elementos de los cuales uno se debe preocupar, cómo la primera vez que sales a conducir y te dicen que tienes que estar pendiente de todos los detalles, cuando tu primordial angustia es sacar el clutch y acelerar a tiempo para que el automóvil no se apague, ahora imagina que una sola persona tiene que manejar miles de carros al mismo tiempo, en un infinito tráfico y cruce de vehículos, sumido en un caos porque algún monstruo japonés decidió invadir esa ciudad. Exacto. Esa es la mejor manera para definir el ser humano y tener que coexistir con miles más que se encuentran en la mismita situación que tú.

─ Gracias a Dios yo soy simplemente polvo de estrellas, mi única preocupación es seguir flotando eternamente.

─ Por eso te envidio hermano mío, pero nunca serás capaz de sentir en carne propia, el amor.

─ He escuchado de eso, ¿Hay gente que mata por eso no? ¿A qué se parece? ─Contestó con curiosidad.

─ No tiene forma, color u olor, pero vaya que tiene sabor, es la cosa más deliciosa del cosmos entero. ─ Suelta una gran bocanada de aire a forma de placer.

─ Me gustaría probarla, pero como te dije soy un simple conjunto de partículas de polvo de estrellas.

─ Todos seremos eso mismo hermano.

Los dos chocaron sus copas, rellenas de algún líquido misterioso, a ciencia cierta no podría decir que era, tal vez era esencia de amor.

La Lluvia

Me senté a observar la vida pasar, sin expectativas, ni ganas de sentir nada, suficiente había tenido con los últimos días, estaba acorazado por un mineral irrompible, incapaz de expresar lo que tenía dentro. Pasaron los minutos y me sentí perseguido por una cadena de nubes oscuras, al verlas fue como un efecto en cadena, las gotas comenzaron a caer, primero eran unas cuantas, hasta las podía contar, a los pocos segundos comenzaron a caer de manera violenta, un suicidio colectivo que con su sacrificio iba a fomentar la vida.

Mi ropa se empapó pero nada de eso me hacía sentir, yo seguía en un estado catatónico, me parecía impresionante la cantidad de agua que podía caer del cielo, era como si en un desierto donde no hay nada, la muerte es la que predomina, de pronto, cayeran miles de litros de agua, mágicamente, un milagro y con su duro impacto dieran el primer paso para fomentar el nacimiento de nueva vida.

Estaba ante una inmensa inseminación, tantas veces había visto la lluvia pero nunca en la vida la había percibido de esa manera. Cuando me cansé y decidí regresar a casa, la tormenta se hizo más fuerte y comenzó a golpear mi cuerpo, era como si quisiera penetrar en mí y hacer que volviera a sentir, pero yo seguí con mi camino, no hice caso del llamado, así que comenzó a granizar y entendí que tenía que parar y sentir esos pequeños impactos, que indefensos para la piel, iban rompiendo cada una de mis barreras interiores, aquellas que no me permiten expresarme, ni ser quien soy, así que regresé el regalo a la madre, a la tierra que tanto nos ha dado y comencé a llorar, porque yo también quería ser parte de tan mágico evento, que aunque mis lágrimas no fueran a acumular la cantidad de agua que el cielo, iba a estar contribuyendo a una obra, iba a sembrar una semilla en una árida tierra.

No se cuanto tiempo estuve mojándome, pero se que a cada momento que pasaba, mi corazón se iba abriendo y volvía a sentir. Como una flor que a punto de marchitar, recibe el sagrado elixir del agua y vuelve a estar viva, así renací.

Siempre en mi mente, siempre en mi corazón

Estaba admirando un bello atardecer acompañado por la suave melodía de las olas al reventar, qué mágica atmósfera lo envolvía. Dentro de ese aura de tranquilidad, la melancolía se disparó y comenzó a recordar el inicio de todo, el día que invitó a Laura, a la aventura de sus vidas.

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Ahí se encontraba, hermosa como la primera vez que la vio, sentada en una de las bancas del parque, esperando su llegada. Emocionado se acercó a ella y le hizo una propuesta, una idea que había entrado en su cabeza y no lo había dejado dormir, la intención de huir de la ciudad y recobrar sus raíces nómadas.

hands

(Tumblr, 2016)

─ Entiéndelo Laura, es la oportunidad de nuestras vidas, tenemos el mundo en nuestras manos ¿Dime que no estás cansada de esta ciudad, de la contaminación, del ruido, de todas aquellas cosas que nos hacen olvidar nuestra esencia?─ Dijo él agitado.

─ Miguel, necesitas tranquilizarte, tienes un trabajo, busca la estabilidad, tenemos que ahorrar para comprar la casa de nuestros sueños. Estoy de acuerdo con todo lo que dices, pero no estoy dispuesta a abandonarlo todo por una locura que se te acaba de ocurrir.

─ Laura, es que abre tu mente, date cuenta que somos recién egresados y cualquier paso que demos va a determinar la dirección de nuestras vidas. Yo no quiero esclavizarme a un trabajo y a una rutina, igual que todos los demás. Quiero ser libre y forjar mi propio camino, necesito regresar a mi naturaleza.

─Estás demente, bájate de tu nube, ve las cosas con calma, aterriza, vas a perderlo todo por un impulso─ Contestó Laura entre lágrimas.

─ Te amo más que a la vida misma, pero no estoy dispuesto a hundirme por un miedo que no te deja ver más allá de la seguridad en la que estás, adiós Laura, siempre en mi mente, siempre en mi corazón.─ Se acercó a besarla y desapareció de la escena.

high camp

(Tumblr, 2016)

De regreso al presente, contó con los dedos de su mano el tiempo transcurrido; uno, dos, tres años, desde que eso ocurrió y se sentía más vivo que nunca. La vida nómada lo había transformado en un hombre desapegado de lo material, acostumbrado a los cambios e inseguridad, ya no sentía miedo por perderlo todo, ya no añoraba enraizarse y forjar las bases de una existencia marcada por las posesiones, había aprendido a amar a cada persona que se cruzara por su camino, cada paisaje que se posara frente a sus ojos. Para ello tuvo que renunciar a un gran amor, a un bienestar económico y sobre todo a una vida llena de comodidades.

tree

(Tumblr, 2016)

Por fin, después de tanto transitar por el mundo, había llegado al final de ese camino, que con gran corazón le había ayudado a encontrar su esencia, pero era momento de regresar a ese lugar al que renunció, para así poder regalar las enseñanzas que llevaba cargando en su ser, un millón de semillas de amor que tenía que sembrar en el alma de la gente.