Letras a la mente (1.0)

El sonido de los coches a la distancia,

La marea en constante cambio,

A ratos sube, a ratos baja,

El viento de altamar que golpea mi cuerpo,

Lo acaricia y lo desgarra,

Me siento envuelto.

Los rayos del sol queman cada tejido de mi piel,

La entreverada telaraña de relaciones que genera mi mente,

El juego de sinapsis neuronal que nunca para,

El deseo de tomar la red de cables y aparatos,

Cargarlos hasta un abismo y tirarlos,

Ver como se estrellan contra el suelo,

Se rompen en pedazos y se convierten en una masa inservible que me ha liberado de mí.

Libre y con una mente fresca me podré sentar a orillas del mar,

Simplemente a contemplar la belleza de la creación.

No hay pasado, no hay futuro, tan solo el presente en el que me encuentro,

Ya no me preocupo, ya no me altero y mucho menos me angustio,

Suspiro en añoranza mientras continúo esclavo de mis propios pensamientos.

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¿Y si te dijera qué el único que te detiene eres tú?

Estaba sentado frente a la jaula, admirando los barrotes de oro puro que confinaban mi existencia, imaginando todo lo que sería capaz de hacer si saliera de esa cárcel, se acercó el cuidador y estuvo observándome durante largo rato.

─ ¿Cuándo me vas a dejar salir?─ Le pregunté como cada mañana.

─ Nunca has estado encerrado, en cualquier momento te puedes ir─ Me contestó con serenidad.

─ ¡Deja de mentirme, eres un demonio, el peor ser existente!─ Le dije enojado y le escupí en el rostro.

Tranquilamente se limpió con un pañuelo que sacó de su bolsillo y me continuó observando como si nada hubiera pasado.

─ Ese demonio del que hablas eres tú mismo.

─ ¡Deja de mentirme! ¡Estoy harto de que todos los días te burles de mí!─ Le contesté tomado de los barrotes y moviéndome como un loco por toda la jaula.

Materializó entre sus manos un espejo y lo puso frente a mí.

─ Mírate y dime si encuentras alguna diferencia.

Lo tomé entre mis manos y por primera vez en la vida me miré en el reflejo de un espejo, el reflejo era igual al torturador que estaba frente a mí, no había ninguna diferencia.

─ ¡Magia negra! ¡Deja de intentar hechizarme!─ Arrojé el espejo contra el suelo, se rompió en mil pedazos, tomé el más grande, lo puse contra mi cuello y presioné.

─ Si te quitas la vida, morimos los dos.─ Me dijo sin inmutarse.

Corté un pedazo de mi piel, sentí la sangre caliente escurrir a lo largo de mi cuello y para mi gran sorpresa aquel ser frente a mí, tenía la misma herida.

─ Antes de que nos mates, acércate a la puerta e intenta abrirla.

Estaba en shock, nada tenía sentido, así que nada perdía intentando abrir la puerta, me acerqué a ella y empujé, al menor esfuerzo cedió y se abrió de par en par.

El cuidador se acercó a mí y estiro su mano.

─ Felicidades, te has liberado de tu mente.

Estreché su mano y entendí todo. Nunca más iba a ser esclavo de mis barreras mentales.