Heridas personales

Una habitación oscura,

El indiscreto faro de la calle ilumina la escena,

En la que está una persona sentada,

La cual tiene un cuchillo en sus manos,

Lo sostiene con fuerza, su mirada es iracunda,

Observa su antebrazo, la suave piel que le cubre,

Con un dedo presiona el filo de la navaja para probarla,

Un delgado corte, la sangre escarlata se aglomera en una gota,

Que cae sobre la baldosa del suelo,

El líquido se junta hasta formar un pequeño charco,

Con el mismo dedo escribe un texto que dice:

“Yo nunca pedí nacer en este mundo”,

Se dispone a cortar las venas que irrigan su brazo izquierdo,

Con la habilidad de un artesano práctica el corte,

Siente la presión del filo sobre su piel,

Lo va a hacer,

Alguien entra al cuarto,

Es una mujer; no es su madre, tampoco su hermana,

Tal vez una amante, eso no importa,

Lo abraza, la sangre deja de ser lo único que mancha el suelo,

Las lágrimas de ambos fluyen como un torrente fluvial,

Ella se disuelve, Él se queda solo, pero ya no necesita de nadie,

Se ha vuelto a integrar, el arma blanca es inútil para liberarlo de sí mismo,

La única respuesta está en su interior,

Se adentra en el abismo de su ser y encuentra:

Vida, amor y serenidad,

Los intenta tomar pero no puede, la fuerza no ayuda,

Una voz le susurra algo al oído, es femenina y angelical:

“Humildad”,

Abre sus brazos y expone su pecho,

“Perdona la soberbia de haber pensado en quitarme lo más sagrado que tengo”,

Las tres posesiones que buscaba caen sobre sus manos como ligeras plumas,

Sonríe y agradece.

Cae en un profundo sueño de restauración.

Fin del camino, inicio de una vida

Yo creo que la vida es un flujo de periodos de tiempo que nos hacen crecer, pero hay ciertos momentos, muy específicos en que si estamos más conscientes y los utilizamos a nuestro favor, podemos evolucionar de manera desmesurada. Este verano ha sido una de las etapas más importantes de mi vida, porque me regalé la oportunidad de desarrollarme, decidí que cada momento de mi existencia lo iba a dedicar a abonar a mi progreso personal, porque topé con pared, fue un momento en el que todos mis artilugios para continuar en el camino perdieron su efecto y tuve que enfrentarme ante la cruda realidad, sin ningún arma más que mi ser, pero incapaz de usarlo, ya que no me conocía ni sabía quién era.

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Es impresionante como Dios, el universo, o como gusten llamarle, actúa a tu favor y dispone de los elementos que necesitas, cuando estás en sintonía con la vida. Todo comenzó con asistir a la Sagrada Ceremonia de la toma de Ayahuasca, necesitaba algo que me ayudara a romper con esa gran barrera que no me dejaba seguir adelante, la mayor parte de mi vida he estado deprimido y es uno de los peores estados en los que un ser humano se puede encontrar, porque no tienes fuerza ni voluntad para salir de ese agujero, así que decidí someterme a esta antigua medicina, fue una grandísima experiencia, dicen que son treinta años de terapia en una sesión y verdaderamente lo fue, doce horas de una intensa lucha conmigo mismo y mis demonios. Fue el momento en que decidí emprender el viaje a mi muerte, vencer el más grande de los miedos y así; hecho cenizas, incorpóreo decidí nacer, como alguien nuevo, fuerte y con muchas ganas de aportar un granito de arena al mundo.

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La cumbre más alta de este periodo fue el viaje que realicé con mi papá a La Baja Sur, porque ninguno de los dos era un campista experimentado, simplemente éramos personas con las ansias de recorrer míticas tierras, y encontrar en nuestro peregrinaje la esencia de la vida. Fueron días difíciles, desde el drástico cambio de clima al que estamos acostumbrados, era tal el calor que varias veces tuvimos que dormir bajo las estrellas y aun así tenías la sensación de estar en una hoguera, pero todo valía la pena al estar rodeado de tanta magia, la naturaleza es el mejor maestro que puede tener el ser humano, y aprender a contemplarla es uno de los mayores regalos que nos podemos dar.

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Conocimos playas de una belleza impresionante, nos rodeamos de gente buena y cálida, aprendimos a vivir como nómadas, recuperamos esa naturaleza olvidada, porque los primeros seres humanos, no tenían un hogar e iban deambulando por diferentes locaciones, a merced de las estaciones y el alimento. Pero es impresionante todo lo que uno puede crecer al estar en ese estado, comienzas a entender el desapego, dejas de necesitar gran cantidad de cosas y comprendes que con tener alimento y cobijo no necesitas de otra cosa. Me enseñó la simpleza y a encontrar en ella el milagro de estar vivos, que mientras menos nos complicamos, más obtenemos y apreciamos lo que nos rodea.

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Todo culminó con mi estadía en Los Cabos, el lugar donde todo empezó, el lugar al que yo llamo hogar, porque me hace sentir pleno. Pude convivir de nuevo con mi abuelo, una de las personas que más admiro, con Alonso mi tío, que se convirtió en un gran amigo, de Lorenzo su pequeño hijo, que me enseñó a volver a ser niño y de Jos, que me ayudó a volver a ver la vida sin vendas frente a los ojos. Gente con la cual pertenezco a una tribu, con la que realmente siento empatía y una conexión.

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Fueron días grandes, de mucha alegría, al igual que dolor y purificación interna. Mucho escribir, mucho descansar y mucho estar en contacto con el mar, que tanto instruye. Todo terminó con una acción que para muchos puede parecer banal, pero tuvo gran significado para mí, cortar mi cabello, después de dos años de dejarlo crecer, decidí deshacerme de todo aquello que fue recogiendo a lo largo de una de las etapas más difíciles de mi existencia, todo para volver a empezar limpio.

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Dicen que cada final es un nuevo comienzo y estoy seguro que toda esta gran aventura, es simplemente el nacimiento de muchas más, el inicio de un camino pleno, lleno de amor y crecimiento. Así que en vez de quejarme por todas las cosas negativas que puede tener este lugar, voy a apreciar cada situación que me rodea y encontrar el milagro de la existencia.

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Día 5: Los arbolitos

Tras varios días fuera de casa, lo conocido, la rutina pierde forma y se convierte en una masa amorfa, en un lejano concepto que utiliza la gente en la vida moderna para mantener su organización. Pierdes la noción del lugar en el que vas a comer, dormir o ir al baño. Dejan de existir los horarios, es el momento en que comienzas a experimentar en plenitud la vida nómada.

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Nos encontrábamos en La Ensenada de los muertos y después de todo el ventarrón, era un lugar muy hermoso, el agua estaba helada y nadé durante horas, hasta que decidimos recoger el campamento y continuar con nuestro rumbo, nos dirigimos a Los Barriles, un pueblo a la orilla del mar ubicado entre La Paz y San José del Cabo, por la carretera antigua. Fue un transcurso muy hermoso porque nunca imaginé ver tanta vegetación, un montón de árboles de mango, higos, y palmeras. En San Bartolo, paramos en una pintoresca casa, que vendía café colado y dulces regionales. Compramos una bolsa de mangos, cocadas de dulce de leche y varias chucherías para el camino.

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Al llegar a Los Barriles, que está en una zona denominada como la East Cape, nos adentramos por una población repleta de hoteles y turistas, accedimos a la playa y estuvimos bajo el sol por varias horas, decidimos partir al Parque Nacional Cabo Pulmo, que es una de las áreas más importantes del Mar de Cortés, ya que tiene una gran variedad de fauna y por el arrecife de coral vivo que se encuentra en sus aguas.

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Fue una gran travesía llegar hasta allá, porque transitamos por terracería, en una zona donde no hay letreros ni señal de celular, después de dos horas llegamos y decidimos acampar en una emblemática playa llamada, Los Arbolitos, tuvimos la suerte de snorkelear y ver el atardecer.

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Fue una de las noches más cómodas y una de las mejores playas que visitamos.

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