Soberbia: herramienta negativa de poder

Tengo impreso en la mente un pasaje de Carlos Castaneda; en el cual,  él le dice a Don Juan que se siente seguro y poderoso. A lo que el brujo Yaqui le contesta: cuando un hombre siente que está en la cima de la montaña es porque está en el precipicio a punto de caer.

Cuando nos sentimos tan altos es porque transpiramos soberbia, porque nos sentimos superiores a los demás e inmunes al error, se nos ha enseñado que la equivocación es negativa y de gente débil, los medios de comunicación promueven a súper-estrellas que llevan tatuada en la frente esta palabra.

En estos días a través de golpes de realidad, me he dado cuenta que soy un ser humano muy soberbio, que a veces realizo acciones con un “sentido positivo”, pero que detrás de ellas esconden un propósito egoísta, que en ocasiones termina por lastimar a otras personas.

¿Cómo resolverlo? 

Con humildad; aceptar que nos equivocamos y que no por ello somos malos, ya que es una forma de aprender, reconocer nuestros errores y ceder ante el orgullo de parecer que no somos vulnerables.

Todo ser humano tiene un lado débil que debe aprender a ver, trabajar y amar, porque es una parte que le define y le distingue de los demás, no quiere decir que sea mala, simplemente que es necesario fortalecerla.

Hoy acepto éste defecto que me acompaña, no en una actitud de tortura, sino de sinceridad y disculpa a todos aquellos que pude haber llegado a dañar en el camino, porque quiero trascender y para ello es necesario hacer conscientes mis áreas negativas y trabajar en ellas.

 

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El solitario lobo

El solitario lobo recorre el vasto territorio en busca de un sentido por el cual vivir sin compañía. Aúlla a la noche, a la luna, añora un abrazo que consuele su estado de soledad; no quiere regresar con la manada, es diferente, sus hermanos no lo aceptan, lo segregan: ¿Por qué ir con ellos? ¿Con quién se podrá sentir pleno? Necesita encontrar un grupo de lobos que sean cómo él, tal vez nunca llegue a ellos, tal vez no existan, tal vez la respuesta esté en su corazón, pero es mejor tomar la decisión de salir y vivir el dolor a carne viva, que seguir estancado en un círculo donde no se puede crecer.

— Luna, lunita, quiero sentirme bien ¡Ayúdame! — Dice el lobo entre aullidos.

— Hazlo tú, yo no lo haré por ti. — Contesta con un tono suave.

— ¿Cómo? Me siento perdido, sin rumbo, sin un sentido.

— Danza para mí.

— ¿Cómo?

— Déjate llevar por los movimientos que dicte tu corazón.

El lobo comienza a girar alrededor de la luna, no entiende que está haciendo, pero sigue las órdenes del satélite natural, sin que apenas lo note, una canción penetra en sus oídos suavemente.

La escucha con placer y continúa con el baile, conforme sus movimientos adquieren fuerza y complejidad, la canción aumenta de volumen y el ritmo también es más rápido e intenso, los tambores del corazón del mundo resuenan en su pecho.

— ¡No estoy solo! — Grita en éxtasis — ¡Nunca lo he estado! Me acompaña el amor del mundo. Soy todas las plantas, el riachuelo que se convierte en cascada, las estaciones del año, la presa y el depredador, ¡Gracias Luna!

El astro se mantiene inmóvil en el cielo, no le contesta palabra alguna, el lobo sonríe y corre por los páramos de la grande y bella Alaska.

Rompe con las cadenas de sufrimiento

Las cadenas de sufrimiento son enlaces de personas que se hacen y traspasan agonía entre ellas, al visualizarlo me imagino el infierno descrito por Dante Alighieri; fuego, calor, gente sufriendo y le agregaría cadenas de metal que los mantienen unidos para hacer del relato algo más crudo, pero a lo que me refiero con esto es algo que hacemos a diario.

Jaime está molesto porque tiene que trabajar el sábado, así que expresa su enojo con las personas que lo rodean, entre ellas está Margarita su novia, que le quiere mucho y se siente mal por verlo de esa manera, intenta alegrar su día, pero él está negado, así que la trata con indiferencia, ella se siente mal y se enoja a su vez por recibir este trato así que al llegar a su casa se comporta de manera arrogante con su mamá y ella a su vez con otra persona.

Esto es una cadena de sufrimiento, ya que al sufrir una persona y exteriorizarlo habrá alguien que resienta su humor y a su vez lo transmita a otro, generando muchos eslabones de gente que en vez de disfrutar su existencia, están pasándola muy mal.

Hace unos años tuve la oportunidad de asistir a una conferencia de un gran maestro y monje budista, Dilgo Khyentse Yangsi Rinpoche, y se me quedó muy grabada una frase: “Una persona feliz va a contagiar de felicidad a los que lo rodean”, ya que la transmitiremos a las personas que se crucen por nuestro camino, les dedicaremos una sonrisa, algunas palabras, tal vez hasta un abrazo y para ellos será un gran regalo y lo darán a alguien más.

Es necesario tomar consciencia de la manera en que nuestro estado de ánimo influye directamente en los demás, ya que hace del bienestar y la felicidad un tema fundamental en nuestro día, porque tenemos la responsabilidad de por lo menos no arruinarle el día al de nuestro lado, no es su culpa que estemos sufriendo, con una simple sonrisa podemos cambiar vidas.

Hay que hacer cadenas de felicidad.