Mantener la energía positiva

FUERZAS OPUESTAS

Las Leyes Universales nos enseñan que todo tiene un lado opuesto con la misma fuerza. Masculino y femenino. Blanco y negro. Luz y oscuridad. Positivo y negativo. Es el balance natural de las fuerzas.

Lo cual quiere decir que conforme más vayamos creciendo, evolucionando, acercándonos a la luz, también más oscuridad se formará del otro lado, o más que formarse, su manifestación tendrá más poder.

Por eso los retos de una persona que no ha hecho mucho por superarse son pequeños en comparación con los de alguien que dedica su vida a vencer sus limites, pero esto no quiere decir que sea bueno o malo, simplemente es.

EXPERIENCIA PERSONAL

Mis días se han convertido en una feroz lucha interna por lograr el equilibrio, tengo momentos de gran paz, claridad y entendimiento. Siento la esfera vital girar llena de poder. Mientras que en otros momentos me llegan miedos intensos, que me hacen querer poner un alto a todo y refugiarme en mi espacio de seguridad, pero por primera vez en mi vida estoy plenamente comprometido conmigo mismo.

Así que, me miro en el espejo y me digo: “Aquí no hay espacio para cobardes, estamos en la lucha por conseguirlo todo o quedarnos en la nada, pero no existen intermedios”. 

Me tiemblan las piernas, todo mi ser busca gritar un, “Saquenme de aquí, quiero regresar a mi hogar”, pero mi voz interior, la parte sabia que habita en mí. Se sienta en silencio y me invita a hacer lo mismo.

Me abraza como un padre a un niño asustado, me pide que me calme, respire y deje que las cosas se asienten.

Sigo su consejo, porque es la única manera de regresar al equilibrio. Después de que pasa la tormenta y resistí, abro los ojos y observo como ese mar que antes parecía hostil e impenetrable, ahora es una playa color turquesa que me invita a disfrutar de ella.

CONCLUSIÓN

Así es la vida queridos lectores, un mar, que dependiendo las emociones, se muestra como el infierno o un paraíso. Está en nosotros mantenerlo tranquilo para poder disfrutar.

Los invito a seguir leyendo mis textos, si les gustan haganmelo saber, siempre es lindo recibir comentarios de gente que me lee.

Advertisements

Los miedos son del tamaño de nuestra imaginación

El guerrero se entrenó para vencer a su enemigo, monstruo feroz de gran estatura, poder y malicia. Pensaba que en su actual estado no podría hacerle frente a la bestia, así qué se sumió en las más profundas meditaciones para despertar su espíritu ancestral, realizó ejercicios físicos que hicieron explotar sus músculos hasta tonificarlos y hacerlos fuertes, se desarrollo en las más complejas artes marciales y el uso de armas para estar a la altura.

En resumidas cuentas se pulió a tal grado que no quedó ninguna pizca de la antigua debilidad que en él se había presentado. Por medio de un halcón envió un mensaje a su enemigo, se encontrarían al atardecer en el campo de batalla, solo ellos dos, para definir la victoria entre uno u otro.

Llegado el momento, el guerrero sintió nervios, reprimió la sensación con el pensamiento “lógico” de que la gente fuerte no se siente así.

De frente con su enemigo, observó que tenía una musculatura más desarrollada que la suya, dientes afilados,  y era tal su nivel psíquico que su cuerpo levitaba. De sus manos emergía oscuridad que podía moldearse en el arma más letal. Ante tal imagen no pudo reprimir un agudo temblor que recorrió todo su cuerpo, sentía que el aire le faltaba, tomó grandes bocanadas de oxígeno que no hacían más que acentuar el miedo.

Huyó despavorido desde antes de haberlo intentado, simplemente le fue imposible mover un dedo frente a tal demonio. En su dojo se sentó tomado de las rodillas a temblar, llorar y maldecir la vida.  Se dijo a sí mismo « ¿Cómo es posible que después de tanto no hayas podido?¡Eres peor escoria que él!», se dio latigazos hasta que su piel sangró implorando la dejaran en paz, pero ni aun así dejó de hacerlo.

Exhausto se desplomó sobre el suelo de madera, manchado con sangre, en un profundo sueño en el cual se presentó su maestro. Iba sentado sobre una blanca nube que cambiaba de colores conforme la emoción del momento.

— Acércate— Dijo telepaticamente.

Dócilmente se acercó cabizbajo el alumno que no había podido sobreponerse a sus propios miedos.

— Maestro.

El maestro levantó el dedo índice de la mano derecha haciéndolo callar.

— No necesito tus excusas, quiero que me digas una cosa, ¿Por qué has dejado de confíar en ti?

El guerrero iba a comenzar a hablar, pero le era imposible dar una respuesta carente de excusas, simplemente no tenía razón alguna más que el miedo.

— Me dejé dominar por el miedo.

El maestro asintió con un movimiento de su cabeza, puso sus dos manos sobre la coronilla del guerrero y le transmitió energía sanadora. Quién se desvaneció relajado.

Al abrir los ojos se encontró sobre el piso manchado de sangre, tocó su espalda para sentir las heridas, pero ya no había nada, la piel estaba lisa y sana.

Tomo una ducha con agua helada, lavó su cuerpo con cariño y una vez más salió al encuentro de su enemigo, quien seguía en el mismo lugar del día anterior. Inmóvil.

Se posó frente a él e hizo una reverencia, sintió una vez más los nervios y las ganas de huir, pero sabía que no tenía escapatoria, desenfundó su espada y con un movimiento limpio del sable, cortó por mitad a su enemigo.

Sorprendido ante tal hazaña, vio a su enemigo evaporarse como humo blanco, anonadado sostuvo con más fuerza su espada a la espera de ser atacado por la espalda, era imposible que así de fácil pudiera vencer a tal enemigo.

Alerta y en guardia, gritó a su enemigo, “¡Sal bestia inmunda, no te escondas de tu destino!”, pero pasaron los minutos y nada ocurrió. El sol resplandecía, los pajarillos cantaban, la atmósfera estaba sumida en un sopor de tranquilidad.

Una voz le susurró al oído, “Los miedos son del tamaño de nuestra imaginación”.

El guerrero hizo una reverencia y agradeció a la vida por haberle impartido tan sabia lección.

 

Limpia tú mente para poder crecer

Entré en mi habitación, lugar en el que el descanso está permitido, estancia en la cual no es necesario entrar con cierto tipo de ropa, mejor dicho en la que ni siquiera se necesitan prendas, donde la creatividad fluye y hasta el llanto aflora. Cuna de creaciones y asesina de pasiones, pero que en ese preciso momento más bien era un dique de contención para todo aquello.

Expedía un terrible hedor a humedad, soledad y depresión, estaba saturado por la acumulación de basura y malos sentimientos, un ambiente que fomentaba al suicidio espiritual, en resumidas cuentas un caos. Me invadió un ataque de ansiedad y los monstruos de papel me arrinconaron en la esquina de mi cuarto, hasta que me decidí a limpiar aquel lugar.

Me armé con la mejor disposición a revolucionar la habitación, además de muchas bolsas de basura y desinfectantes. Primero corrí las persianas y dejé que la luz del sol iluminara la estancia, posteriormente abrí de par en par las ventanas, una ráfaga de aire fresco dominó al fétido hedor que ahí se había instalado.

Saqué un montón de basura, desde cartas sin remitente, lazos rotos, hasta ese amor no correspondido que tanta energía me había quitado. Arranqué de las paredes todas aquellas relaciones tóxicas que se alimentaban de mí, tuve que extirparlas hasta la raíz porque lloraban y suplicaban mantenerse ahí.

De la cama tuve que sacudir recuerdos de intimidad, de entrega hacia otro ser, que me mantenían atado a unas sábanas y una almohada que simplemente me habían dejado de pertenecer, una gran nube de polvo salió por la ventana para nunca más regresar.

Después de varias horas y muchas lágrimas derramadas logré la misión, mi cuarto una vez más estaba pulcro, me paré y observé con placer la estancia que ahora se veía vacía, tenía unos cuantos libros, la cama, y un escritorio. Nada más que lo necesario, tal vez esa limpieza que hice no fue de mi habitación, sino más bien de mí ser esencial que necesitaba deshacerse de tanto para poder crecer.