Visualiza fortaleza

Nos encontramos una vez más querido espejo que a través de la verdad me has llevado a conocerme más. Eres un estanque lleno de peces, ante el que me pongo en cuclillas y observo mi reflejo, si lo hago por unos instantes solo podré ver el paso del tiempo sobre mi cuerpo, el cabello ondulado que sigue creciendo, un negro bigote que delata el paso de la infancia, las facciones más duras y marcadas.

Si guardo silencio y abro mi corazón a la observación consciente, los peces brincan con la esperanza de que los vea y reconozca, son una multitud, de distintos colores y tamaños. Fijo mi mirada en uno de ellos.

Es naranja con manchas blancas, o tal vez al revés, blanco con manchas naranja, se mueve con una destreza admirable, cada aleteo que da hace salpicar el agua que moja mi rostro. Una voz se comunica conmigo a través de la mente.

— Es momento de enfrentarlo.

Sin necesidad de recibir el mensaje completo lo entiendo, mi estómago se constriñe y siento la ansiedad pulular en mi interior. Cierro los ojos y derramo unas lágrimas, ¿Por qué me cuesta tanto desprenderme de aquello que me hace daño?

— Porque te brinda seguridad— contesta la voz sin voz.

Una falsa seguridad, es como si caminara sobre un piso de papel de china, rodeado por un espectacular de una playa preciosa con un atardecer despampanante, detrás de todo esto hay oscuridad, simplemente no es real, pero por alguna extraña razón es más fácil pretender no saber que enfrentar la oscuridad.

— Siente como se desmorona el miedo conforme acercas la linterna al sitio oscuro, se desvanece y en su lugar queda una estatua de lo real.

Solo quiero cerrar los ojos y dejar que pase, me recuerda a ese momento en que vas a que te saquen sangre en el hospital y evitas ver cuando penetra la aguja, pero a final de cuentas sientes el pinchazo y después que pasa te das cuenta que no estuvo tan mal.

¡Ah qué difícil está esto! ¿Qué no puedo avanzar y dejar mi miedo ahí guardado en un cajón?

— No, tienes que reconocerlo e integrarlo, será tan difícil como tu quieras que sea.

No quiero que sea difícil, me encantaría que fuera sencillo, okay, respiraré profundamente, me calmaré un poco y voy a imaginar una situación completamente distinta.

Me visualizo sentado en el pasto de un valle rodeado por montañas nevadas, frente a mi tengo una caja negra, esa caja es mi miedo, me inclino para tomarla entre mis manos, su tacto es frío y rasposo, de mi corazón hago salir una esfera de luz.

La dirijo con mi mente hasta la caja, la oscuridad comienza a recorrerse, la esfera entra en contacto con el objeto y absorbe toda la oscuridad que queda. Ahora la caja es de madera de encino, es antigua y muy bella. En su tapa se lee escrito con cursiva la palabra, “fortaleza”.

La abro y me encuentro con una luz color violeta, al tocarla se impregna hasta mis venas, recorre todo mi cuerpo, llenándolo de vigor, reparando las viejas heridas, brindándome seguridad.

Respiro profundamente el gozo que se me ha regalado y agradezco a la vida.

 

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Los miedos son del tamaño de nuestra imaginación

El guerrero se entrenó para vencer a su enemigo, monstruo feroz de gran estatura, poder y malicia. Pensaba que en su actual estado no podría hacerle frente a la bestia, así qué se sumió en las más profundas meditaciones para despertar su espíritu ancestral, realizó ejercicios físicos que hicieron explotar sus músculos hasta tonificarlos y hacerlos fuertes, se desarrollo en las más complejas artes marciales y el uso de armas para estar a la altura.

En resumidas cuentas se pulió a tal grado que no quedó ninguna pizca de la antigua debilidad que en él se había presentado. Por medio de un halcón envió un mensaje a su enemigo, se encontrarían al atardecer en el campo de batalla, solo ellos dos, para definir la victoria entre uno u otro.

Llegado el momento, el guerrero sintió nervios, reprimió la sensación con el pensamiento “lógico” de que la gente fuerte no se siente así.

De frente con su enemigo, observó que tenía una musculatura más desarrollada que la suya, dientes afilados,  y era tal su nivel psíquico que su cuerpo levitaba. De sus manos emergía oscuridad que podía moldearse en el arma más letal. Ante tal imagen no pudo reprimir un agudo temblor que recorrió todo su cuerpo, sentía que el aire le faltaba, tomó grandes bocanadas de oxígeno que no hacían más que acentuar el miedo.

Huyó despavorido desde antes de haberlo intentado, simplemente le fue imposible mover un dedo frente a tal demonio. En su dojo se sentó tomado de las rodillas a temblar, llorar y maldecir la vida.  Se dijo a sí mismo « ¿Cómo es posible que después de tanto no hayas podido?¡Eres peor escoria que él!», se dio latigazos hasta que su piel sangró implorando la dejaran en paz, pero ni aun así dejó de hacerlo.

Exhausto se desplomó sobre el suelo de madera, manchado con sangre, en un profundo sueño en el cual se presentó su maestro. Iba sentado sobre una blanca nube que cambiaba de colores conforme la emoción del momento.

— Acércate— Dijo telepaticamente.

Dócilmente se acercó cabizbajo el alumno que no había podido sobreponerse a sus propios miedos.

— Maestro.

El maestro levantó el dedo índice de la mano derecha haciéndolo callar.

— No necesito tus excusas, quiero que me digas una cosa, ¿Por qué has dejado de confíar en ti?

El guerrero iba a comenzar a hablar, pero le era imposible dar una respuesta carente de excusas, simplemente no tenía razón alguna más que el miedo.

— Me dejé dominar por el miedo.

El maestro asintió con un movimiento de su cabeza, puso sus dos manos sobre la coronilla del guerrero y le transmitió energía sanadora. Quién se desvaneció relajado.

Al abrir los ojos se encontró sobre el piso manchado de sangre, tocó su espalda para sentir las heridas, pero ya no había nada, la piel estaba lisa y sana.

Tomo una ducha con agua helada, lavó su cuerpo con cariño y una vez más salió al encuentro de su enemigo, quien seguía en el mismo lugar del día anterior. Inmóvil.

Se posó frente a él e hizo una reverencia, sintió una vez más los nervios y las ganas de huir, pero sabía que no tenía escapatoria, desenfundó su espada y con un movimiento limpio del sable, cortó por mitad a su enemigo.

Sorprendido ante tal hazaña, vio a su enemigo evaporarse como humo blanco, anonadado sostuvo con más fuerza su espada a la espera de ser atacado por la espalda, era imposible que así de fácil pudiera vencer a tal enemigo.

Alerta y en guardia, gritó a su enemigo, “¡Sal bestia inmunda, no te escondas de tu destino!”, pero pasaron los minutos y nada ocurrió. El sol resplandecía, los pajarillos cantaban, la atmósfera estaba sumida en un sopor de tranquilidad.

Una voz le susurró al oído, “Los miedos son del tamaño de nuestra imaginación”.

El guerrero hizo una reverencia y agradeció a la vida por haberle impartido tan sabia lección.

 

Ser espontáneos para librarnos de la ansiedad

Se acaba una etapa y está por comenzar una nueva.

Mi interior es una licuadora de sentimientos; positivos, negativos y neutros (si es que existen), siento una oleada de energía que me mueve por dentro. Cada que una ola me impacta, me sacude con violencia, pierdo el equilibrio y trastabillo un poco pero me vuelvo a parar.

Todo se me está juntando; las ganas de hacer, las ganas de no hacer, el querer ver a gente, el no querer ver a otra gente. Despedirme o desparecer como un suspiro. Despreocuparme dejando que todo fluya o preocuparme por tener todo lo más preparado posible. Siempre estoy buscando armar un “plan perfecto”, para tener todo en control y no sentir estrés.

Por lo mismo en mi actuar me he vuelto más espontáneo, para que me lleguen estás inyecciones de ansiedad, ser capaz de recibirlas, digerirlas y posteriormente dejarlas ir, para que poco a poco pierdan su poder en mí, pero es una realidad que ahorita están en su máxima potencia, ya que me quedan días antes de partir al comienzo de mi vida como adulto.

Una amiga me mandó un texto de Osho en el que habla sobre abandonar la idea de seguridad, entregarnos al presente, sin un rumbo específico ni una forma de actuar tajante, yo utilizaría la metáfora de ser como un gato.

Los felinos parece que siempre están en estado de meditación, pueden permanecer largo tiempo inmóviles, sin pestañear, serenos, pero en cuanto perciben un cambio en el ambiente  brincan con gran agilidad y cambian de posición para estar a la altura del presente.

Ellos no están pensando—hasta donde sabemos— en conquistar el mundo o planeando su próxima cacería, solo se “dejan ser”. Si desean dormir lo hacen, si sienten hambre cazan, si quieren pasear lo hacen.

Son lo que tienen que ser en cada segundo de la existencia.

Siento que la vida me ha estado obligando( por años)— a raíz de la ansiedad— a estar presente, dejar tiradas las pendejadas que me invento en la cabeza y simplemente aprender a respirar y disfrutar de cada momento como sea que llegue, sin pensar en lo que viene o como reaccionaré a ello.

¡Soltemos queridos lectores!

Soltemos las ideas que tenemos de nosotros mismos.

Soltemos los estrictos planes que tenemos para el futuro.

Soltemos la necesidad de controlar todo.

Porque de control no tenemos nada, la vida tomará el curso que desee, las cosas ocurrirán según su cause, el único poder que tenemos  es el de estar a la altura del presente y actuar con amor, sinceridad y fidelidad a nosotros mismos.

El destino se crea a cada momento y está en nuestras manos tener una actitud positiva para que tome la forma que más deseamos.

 

 

Cómo abrir el corazón

En mí pecho se encuentra un órgano que bombea sangre, la filtra y la mantiene limpia para que yo pueda seguir viviendo, pero no sólo eso; en el plano energético, es el generador de amor. Es por dónde se filtran las toxinas negativas del ambiente y las que surgen en mi interior.

Si lo cuido, lo expando, y lo utilizo para amar, mi órgano va a hacerse más grande en su capacidad de expresar amor y de filtrar las malas energías, llenándome de luz que después será transmitida a lo que me rodea.

Pero si cierro mi corazón a las heridas, me criticó, me trato con desprecio y niego mi esencia única y personal, se forma una capa viscosa y putrefacta alrededor de él que no permite el paso de las energías y por ende al no limpiar lo negativo, me quedó con ello adentro de mí, que como un enfermo contagio todo por donde camino.

¿Cómo abrir el corazón?

Es una pregunta que me he hecho un millón de veces—si es que no más— pero apenas estoy aprendiendo que el corazón se abre sintiendo, se dice fácil para los que no son de cabeza dura como yo, para mí todo tenía que pasar a través de la mente para ser procesado y entendido.

Pero, eso no sirve cuando hablamos de sentimientos, espíritu y evolución del ser humano. Solo podemos abrir el corazón si sentimos: Lo bueno, lo no tan bueno, el placer, el dolor, la salud, la enfermedad, la libertad, la impotencia. Todo lo que llega a nosotros y nos hace estremecernos.

Nos enseñaron que a los sentimientos dolorosos se les cierra la puerta, pero eso solo les da más fuerza y hace que nos enfermen. Mientras que si les abriéramos los brazos y los aceptáramos sin juicios, ellos mismos se marcharían rápidamente. Porque el torrente de la de la vida está hecho para fluir, no sufrir.

Les propongo un ejercicio para suavizar el corazón:

Antes de dormirte y al despertarte, cierra los ojos y respira profundamente hasta que te sientas tranquilo, después mira en tu interior, sin juzgar observa lo que está pasando en el océano de tus emociones.

¿Hay un oleaje caótico? ¿Está tranquilo? o ¿Se ve que se acerca una tormenta?

Simplemente observa como una persona que está sentada en la playa admirando la belleza de la creación. Verás que poco a poco podrás distinguir en qué parte del cuerpo se manifiestan ciertas emociones, que sensación tienen, cómo se mueven y los aportes/deficiencias que dan a tu vida.

Hasta que con el tiempo y la práctica seas capaz de controlar y dirigir tus emociones de la manera más conveniente.

 

Experiencias trascendentales 1.0

La llegada del amanecer fue una experiencia repleta de textura y matices, tuve una sensación de integridad que no se siente todos los días. Conforme pasaban los minutos y la luminosidad aumentaba, podía percibir el alza del sol como si Dios hubiera accionado el interruptor de un controlador celestial, llenando de vida el día.

 

A la par de la llegada de un nuevo día, también un nuevo “yo”, se alzó.

Con estas palabras quiero empezar a relatar la experiencia que viví la semana pasada en ceremonia de Ayahuasca y Psilocibina. Admito que me da miedo escribir de ello por la opinión pública, pero también lo utilizo como herramienta de aceptación de mí mismo, de quién soy. Dejo de ocultar mi esencia. Es un camino que decidí tomar hace ya algún tiempo.

El bosque fue el espacio de práctica y liberación, la noche nos arropó dando inicio a la ceremonia, las tomas sucedieron y  a con el paso de los minutos mi mente se expandió, permitiéndome la entrada al juego astral de la consciencia.

Mi ego se inhibió y emergió; “Salvador”. El niño, el adulto, la esencia, lo real. Me sorprendí por su personalidad juguetona y llena de energía. Ahora que lo pienso, tal vez mi cansancio crónico proviene de utilizar gran parte de mi energía en mantener mi esencia bajo las sombras.

Durante la noche fui  un niño inocente, lleno de amor y con una palpable necesidad de sentirlo y transmitirlo. Bailé alrededor de la fogata, sentí las canciones tamborilear en mi corazón, pero también tuve que enfrentarme a la realidad, de la que se desprende una dura pregunta.

¿Quién Soy?

Me transmute en una hoja de papel que Dios tomó con sus mano y arrugó sin clemencia. Aquello que quería que permaneciese impoluto se convirtió en el eslabón más débil, esa hoja que escribí con cursiva y  buena ortografía; las leyes y caminos que rigen mi vida, como cada ceremonia, fueron destrozadas.

Recuerdo la insoportable presión de la medicina diciéndome, acepta lo que eres y mi terca negación de no hacerlo por miedo, entre las cosas que destacan recuerdo frases como:

“Extraño a _______, pero no me permito aceptarlo porque sería vulnerable”

” No quiero hacer aquello a lo que me comprometí”

“Me mantengo al margen de la vida porque me da miedo ser lastimado y rechazado”

“Necesito expresar amor; me estoy secando por mantener apariencias”

Aquella ola de totalidad terminó con una última frase que entregué a la llama de la fogata:

“¿Por qué siempre me obligo a hacer cosas que odio? ¿Por qué me obligo a vivir sintiéndome mal?”.

Lo que acabo de relatar no fue toda la experiencia, ni siquiera se acerca a la punta del iceberg, pero si dejo evidencia un aspecto importante de aquel sábado en que fui yo mismo.

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Gracias queridos lectores que me acompañan en el interesante caminar de la vida.

 

Meditar para estar consciente

Al meditar recuerdo pensar que era necesario el silencio total en el espacio que estuviera, no quería que ningún ruido externo penetrara en mi estancia sagrada porque me iba a distraer, así que cuando sucedía me llenaba de ira y echaba la culpa a ese ruido de que no pudiera concentrarme y entrar en un estado consciente.

Cualquier pequeño ruido, desde mi madre hablando hasta un carro que pasara, lo percibía como una maldición a mi crecimiento espiritual, llegue al punto de utilizar tapones de oídos, pero la realidad es que era una excusa para distraerme y no tomar responsabilidad de ello.

Se escucha muy extraño, pero tiene sentido. Últimamente cuando medito, lo primero que hago es hacerme consciente del espacio en el que estoy, de los sonidos, las entradas de aire, la calidez, el frío, el estado de mi cuerpo; si estoy tenso o siento dolor, al igual que mi estado anímico, porque esa es la consciencia plena y el propósito primario de meditar es estar en el presente.

Así que me he dado cuenta que los (mal llamados) ruidos externos ya no me molestan, porque comprendí que lo que realmente me distrae es el diálogo interno: pensar en los pendientes del día, en la experiencia que tendré ante cierto evento o en la manera de desenvolverme mejor con las personas.

Siempre buscamos excusas que nos liberen de nuestra propia culpa, es parte de las trampas que nos pone la mente y es importante que nos hagamos conscientes de ello para que dejen de tener poder sobre nosotros.

De antes

 

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(Tumblr, 2016)

Sumergido en un trance pude ver su rostro, que poco a poco fue cobrando nitidez y lo que antes se mostraba borroso frente a mí, se convirtió en la figura de una bella mujer, que brillaba en medio de la profunda oscuridad.

Me acerqué y mi ser fue inundado por un bienestar desconocido, sentí una gran calidez, como la del feto dentro del útero de su madre, que se sabe protegido y rodeado de amor, tal vez era la energía de Dios.

Estiré mi brazo y pude tocar su cabello, sedoso y lleno de textura, pude oler la dulce fragancia que despedía su ser, tomé valor y decidí abrazarla; acortar la distancia entre ella y yo, para poder fundirme en su esencia.

Nos miramos a los ojos y ella sonrío, a distancia milimétrica pude apreciar las finas facciones que le definían, esos hermosos labios, que con una sola sonrisa pueden matar a cualquiera, fui acercándome hasta tocarlos con los míos. Corto circuito, la electricidad era latente, la conexión fue total, como si dos estrellas colapsaran y la explosión se convirtiera en lo único existente, sentí que flotaba en un espacio inmaterial, donde solo ella y yo existíamos.

Cosmic Kiss
(Tumblr, 2016)

De pronto una pequeña molestia con sabor a miedo se empezó a formar dentro de mi pecho, un grito ahogado de ansiedad, al saber que nuestra eternidad era de un solo segundo y que al otro, iba yo a estar cayendo en una espiral de dolor, de la cual iba a despertar en la realidad, donde solo estaba yo, sentado en mi cuarto, en la oscuridad. Sin esa calidez que me había acogido entre sus brazos.

Comencé a ahogarme,  y fue así que dejé de estar en el cielo y descendí hasta el plano terrenal. En vez de sufrir, comprendí que esa visión no había sido aleatoria, o la proyección de una película inexistente, sino el inicio de una gran aventura, con otro ser.

Salvador Gonram.