Letras a la mente (1.0)

El sonido de los coches a la distancia,

La marea en constante cambio,

A ratos sube, a ratos baja,

El viento de altamar que golpea mi cuerpo,

Lo acaricia y lo desgarra,

Me siento envuelto.

Los rayos del sol queman cada tejido de mi piel,

La entreverada telaraña de relaciones que genera mi mente,

El juego de sinapsis neuronal que nunca para,

El deseo de tomar la red de cables y aparatos,

Cargarlos hasta un abismo y tirarlos,

Ver como se estrellan contra el suelo,

Se rompen en pedazos y se convierten en una masa inservible que me ha liberado de mí.

Libre y con una mente fresca me podré sentar a orillas del mar,

Simplemente a contemplar la belleza de la creación.

No hay pasado, no hay futuro, tan solo el presente en el que me encuentro,

Ya no me preocupo, ya no me altero y mucho menos me angustio,

Suspiro en añoranza mientras continúo esclavo de mis propios pensamientos.

Página en blanco

Tratar de medir la creatividad en tiempo transcurrido es uno de los aspectos que más bloquea su flujo, porque no es un trabajo medible, no podemos determinar con exactitud el tiempo que tardaremos en lograr que la inspiración tome posesión de nosotros, nos penetre y nos permita utilizar la energía divina para crear obras trascendentales.

Cualquiera puede escribir, pintar, dibujar y esculpir, pero los verdaderos artistas son aquellos que humildemente permiten que Dios funja como maestro de títeres y guíe sus trazos y palabras de acuerdo a su fin.

Son aquellos que se enfrentan al miedo de hacer una mierda, porque en muchas ocasiones al estar frente al lienzo en blanco lo único que pasa por la mente es: “No quiero cagarla”, ¿Cómo superar al antiguo yo? ¿De qué manera seré mejor que antes? Con valentía, frente a un miedo que nos paraliza y hace temblar.

Es estar parado frente a una ola que te dobla cuatro veces la estatura, sin la posibilidad de huir y con la plena consciencia que será un encuentro doloroso, en el que serás azotado por una fuerza superior a ti, que tu mejor opción es aligerar el cuerpo y fluir con el agua que te va a moldear de acuerdo a su gusto, porque si opones resistencia saldrás lastimado, parapléjico y en el peor de los casos muerto.

Así es la vida, una danza sin expectativas, que deja que los brazos se extiendan y el pecho se alce al cielo para abrir el corazón, mientras más intentemos dominar y sentir seguridad peor la pasaremos, dejemos que la realidad caiga bajo su propio peso.

Evaluar para tomar mejores decisiones

Cada cierto tiempo es necesario cerrar los ojos, respirar y poner en pausa el mar de actividades que llenan nuestra rutina, observar detenidamente cada cosa que nos obligamos a hacer y si aquello por lo que estamos trabajando nos hace algún sentido.

La palabra evaluación, me hace referencia a la primaria, a los periodos de exámenes en que de niños sufrimos nuestros primeros encuentros con el estrés innecesario, pero que ha cobrado un sentido distinto y con una connotación positiva para mí.

Evaluar es hacer un análisis sobre cierta información y emitir un juicio ya sea positivo o negativo, se nos ha enseñado que se utiliza para procesos de trabajo, escolares, de rendimiento pero nunca (o casi nunca) a aplicarla a nosotros mismos, no en un afán de juzgarnos, sino de darnos cuenta si estamos viviendo como deseamos.

Me di cuenta que doy pasos en ciertas direcciones que me hacen sentir incómodo y más que una falta de placer, me hacen sentir mal y conforme sigo tomando esos rumbos peor es mi estado interno, pero son cosas que por estar distraído en su momento no me di cuenta.

Vivir en la ciudad es vivir rápido, tomar decisiones impulsivas y mal meditadas, comprometernos con situaciones que no van de acuerdo con lo que somos; obligarnos a seguir rutas que no son nuestras y para eso es que sirve la evaluación.

Es la manera de bajar de las nubes de los pensamientos y fantasías y aterrizar aquellos elementos que son fundamentales para nosotros y también de los cuales podemos prescindir. Hoy te invito a que hagas el intento y descubras esos aspectos negativos que pueden estar bloqueando la luz de tus días.

Jurado Mezcal, FICG32

30 estudiantes de diferentes escuelas de cine, comunicación y animación de México, Costa Rica, Brasil, Guatemala, Alemania, Argentina, Cuba y Estados Unidos.

21 películas mexicanas, que vimos, analizamos, deliberamos y finalmente otorgamos premios a mejor director, fotografía, actor, actriz y el premio mayor a mejor película por $500,000 pesos.

10 días del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG32)

6 días para ver las películas

4 grandiosas personas que cuidaron, guiaron y fraternizaron con el jurado.

1 sola experiencia para encontrar amistades de vida.

Cuando me dijeron que había sido elegido para ser Jurado Mezcal, supe que iba a existir un antes y un después de mí, yo lo veía como uno de esos cursos intensivos que la vida te pone para evaluar tu crecimiento y asimismo te enseña cosas nuevas.

Fue un gran reto para mí, en el que tuve que demostrar mi fuerza interior, mi capacidad de adaptarme al cambio, ser flexible y la humildad que tanto creía tener, ante situaciones con las que no esperaba encontrarme.

Uno piensa que es fácil ver películas, pero no saben lo que es ver entre 3 y 5 filmes diarios, en una sala oscura y sin la posibilidad de dormirte en ellas, con tan solo 4 horas de sueño, todos desarrollamos una habilidad superior para mantenernos despiertos y estar atentos.

Fueron días exhaustivos, en los que me enamoré, comprendí mi misión de vida y conocí a personas de las cuales me puedo vanagloriar en llamar hermanos, fue una estancia que no solo engloba aspectos cinematográficos, sino de todo el espectro humano, desde los primeros días en que todos caímos enfermos del estómago y perdimos vergüenza, hasta la convivencia diaria con personas que no nos conocíamos y  de un momento a otro compartíamos una rutina.

Nunca antes había sentido tanta comodidad con un grupo de gente, siempre he sentido que debo de cuidar mi lado vulnerable, pero con ellos, pude prescindir de ello sin sentir angustia. Me sorprendió mucho conocer a gente tan rica en conocimientos, cultura, amor, creatividad y locura.

Comprendí que la locura no es mala, al contrario es necesario acogerla para ampliar los límites de la mente y explotar la creatividad al máximo. Descubrí mi mantra diario: “soy lo que debo ser, no lo que los demás quieren que sea. Renuncio a mi necesidad de complacer expectativas.”

La experiencia terminó con dos sentimientos: nostalgia, por las personas que partieron a sus hogares y felicidad, de saber que tengo hermanos y hermanas en diferentes partes del globo, me siento plenamente agradecido con la vida por unos días tan plenos.