El beso que dejamos atrás

— ¿Por qué me molestas diciéndome que te vas a morir Raúl?

— Pues, porque puede pasar, ¿No te habías puesto a pensar que hoy puede ser el último día que nos veamos? — Contestó el muchacho.

Los ojos de la chica se perlaron de lágrimas, las cuales derramó en silencio, como la suave corriente de un arroyo que se disuelve en el mar.

— ¡Deja de decir eso! ¡¿Qué no entiendes que me lastimas?! — Replicó entre sollozos.

Un nudo se formó en su garganta de Raúl, que intentó formular unas cuantas palabras para remediar las cosas, pero la voz se le quebró en cada intento. Desistió y se quedó en silencio por unos segundos que se tornaron eternos.

Estiró su brazo y con la yema de sus dedos rozó el  antebrazo de Maggie, ella no se movió, así que la continuó acariciando, como una madre acaricia a su hijo para consolarlo después de una tormenta eléctrica.

— Entiéndeme Margarita… La muerte está siempre con nosotros, desde el día que nacemos, hasta pues, el día en morimos…

— Pero hablas de ella como si estuviera latente, como si fuera un hecho que no te volveré a ver.

— No lo digo de ese modo, más bien es como. — Pensó en su respuesta. — Como cuando sales a carretera, que puede que llegues sin problemas a la playa, o se te descomponga el coche a la mitad.

— No compares tu vida con un pinche coche Raúl. — Replicó molesta.

— No, no, tranquila, no es eso. Ya pues, no sé cómo explicártelo, a lo que quiero llegar es que quiero que éste día quede impreso en nuestros corazones. Quiero que disfrutemos de cada segundo, quiero sentirte Maggie, eres lo más importan… — El nudo de su garganta se soltó y su voz se rompió en pedazos, liberando una oleada de emociones. —Te para mí.

Esta vez ella se acercó a él, lo abrazó y ambos se fundieron en el cuerpo del otro, la fragancia acre de Raúl, se mezcló con su perfume floral, aquel que tanto le gustaba a él, quien aspiró entre sollozos. Se hizo para atrás y con sus manos tomó su rostro, la observo como se observa un tesoro muy preciado.

Besó su frente, después sus parpados, como un ritual sagrado prosiguió con sus mejillas hasta llegar a sus labios. Esperó unos segundos, sus labios a unos milímetros de tocarse, alargó la espera saboreando el momento, hasta que decidió generar el choque.

Con los ojos cerrados visualizó destellos luminosos en el espacio oscuro de su mente, «Tal vez eso son las estrellas…», pensó, «El dulce beso de dos amantes que generan una explosión en el cosmos, de eso está hecha la vida».

Silenció la mente y se entregó a un instante que nunca más se repetiría.

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A veces

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(Gonram, 2016)

A veces cierro los ojos y me imagino cayendo de espaldas por un acantilado directo al mar, percibo la sensación de libertad producida por el aire fresco corriendo por mi cuerpo, el contacto con el agua fría y suave, que funge como un medio para generar el despertar de la conciencia. Al hundirme en las profundidades de este océano pierdo el miedo a la inmensidad, a lo desconocido y me lleno de placer por estar recibiendo tanto del universo.

A veces pienso que no hay nada más, que somos piezas de un ajedrez gigante y nuestras acciones no tienen ninguna repercusión, pero al abrir mi ventana y sentir el aire fresco de la noche, recuerdo la grandeza de nuestras acciones y como un pequeño acto de amor, puede repercutir en la felicidad de muchas personas.

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(Becausebirds.com, 2016)

A veces siento que Dios no existe, que es una invención de las religiones para manipular la voluntad de la gente, después observo la danza del colibrí frente a mí y entiendo el milagro de la vida, como Dios está en todo, motor de la existencia; que los dogmas fueron creados para traducir la espiritualidad en palabras, pero que no hay lenguaje capaz de describir su divinidad.

A veces tengo la certeza de que no te voy a encontrar, que el amor es una mentira fabricada por los antiguos poetas y que estaré por siempre solo. Pero luego miro un par de bellos ojos y mi corazón se desboca, poco a poco entiendo que todo llega a su debido momento.

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(Gonram, 2016)

A veces pienso que soy incapaz de amar, que solo es una emoción pasajera que con el paso del tiempo se va oxidando y se transforma en dependencia y esclavitud, hasta que me entrego enteramente a estar vivo y doy testimonio del sentimiento más bonito hacia otro ser.

A veces quisiera quitarme la vida, dejar a un lado todo este sufrimiento y dolor, para encontrarme con una paz tan soñada y añorada, luego cierro los ojos y respiro, con el paso de los minutos entiendo que tengo una misión, una transformación y un fin último, que todo esto es parte del proceso para llegar a ello y solo con sangre y lágrimas lo voy a poder alcanzar.

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(Gonram, 2016)

A veces dejo de hablar y comienzo a escuchar, a sentir y percibir el espacio a mí alrededor y me doy cuenta de todo lo que me pierdo por a veces, estar pensando en tantas cosas.

Salvador Gonram.

De antes

 

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(Tumblr, 2016)

Sumergido en un trance pude ver su rostro, que poco a poco fue cobrando nitidez y lo que antes se mostraba borroso frente a mí, se convirtió en la figura de una bella mujer, que brillaba en medio de la profunda oscuridad.

Me acerqué y mi ser fue inundado por un bienestar desconocido, sentí una gran calidez, como la del feto dentro del útero de su madre, que se sabe protegido y rodeado de amor, tal vez era la energía de Dios.

Estiré mi brazo y pude tocar su cabello, sedoso y lleno de textura, pude oler la dulce fragancia que despedía su ser, tomé valor y decidí abrazarla; acortar la distancia entre ella y yo, para poder fundirme en su esencia.

Nos miramos a los ojos y ella sonrío, a distancia milimétrica pude apreciar las finas facciones que le definían, esos hermosos labios, que con una sola sonrisa pueden matar a cualquiera, fui acercándome hasta tocarlos con los míos. Corto circuito, la electricidad era latente, la conexión fue total, como si dos estrellas colapsaran y la explosión se convirtiera en lo único existente, sentí que flotaba en un espacio inmaterial, donde solo ella y yo existíamos.

Cosmic Kiss
(Tumblr, 2016)

De pronto una pequeña molestia con sabor a miedo se empezó a formar dentro de mi pecho, un grito ahogado de ansiedad, al saber que nuestra eternidad era de un solo segundo y que al otro, iba yo a estar cayendo en una espiral de dolor, de la cual iba a despertar en la realidad, donde solo estaba yo, sentado en mi cuarto, en la oscuridad. Sin esa calidez que me había acogido entre sus brazos.

Comencé a ahogarme,  y fue así que dejé de estar en el cielo y descendí hasta el plano terrenal. En vez de sufrir, comprendí que esa visión no había sido aleatoria, o la proyección de una película inexistente, sino el inicio de una gran aventura, con otro ser.

Salvador Gonram.