Grietas de ser

La densidad de las nubes se aligeró, las antes ovejas celestes se convirtieron en espesa bruma que cubrió el espacio, una esfera carmín se entreveía tras la bruma, la energía del ambiente se tornó áspera. El aire que antes inhalaba con suavidad se hizo denso, como el peso en mi corazón.

A través del dolor me descubrí, frente a un espejo roto reconstruí mi imagen, que con esmero había desintegrado con juicios y falta de mérito. Cada pedazo de cristal que recogí del suelo me hizo un profundo corte en las manos.

Gracias amigo dolor, por enseñarme que el placer no es la única sensación de sanar, tardé mucho en comprender que el dolor es la fuerza que viene a romper con las superficies irregulares, desgarra los tumores emocionales y remueve lo podrido de las heridas.

Era usual que me escondiera de ti, en parte culpo a la propaganda social que se encargó de  revolver mis pensamientos con su diálogo colectivo cargado de veneno, me hizo creer que eras el enemigo, con la idea de que la única forma de sentirme bien, sería con el consumo de sus bienes plásticos.

Etapas interminables de brincar de un producto a otro, primero el alcohol y el tabaco lograron calmar la picazón de la ansiedad, cuando el destrozo estomacal se volvió insoportable, tuve que amainar mi sufrimiento con la imagen pervertida de una planta tan sagrada como la Santa María, que triste fue caer en la prostitución de un regalo para la expansión.

Cuando ya nada era suficiente para producir el efecto de anestesia que tanto deseaba, jugué con la idea del suicidio ¡Oh agridulce final a todo el sufrimiento humano! No sé decir si me salvé o fui salvado por la consciencia.

Duro camino que elegí tomar pero en el cual he descubierto el verdadero significado del gozo, no hay domingos, el descanso es una ilusión del futuro, que bien sé no existe. Iluminar la oscuridad es el eterno proceso de hacer visible aquellas partes de nuestro ser que nos aterran y desagradan.

Tanta maleza he desechado que la imagen que tenía de mí se desvaneció, en el llano de mi ser la tierra volvió a ser fértil y en dónde parecía no haber vida cayó un aguacero que a su termino me bendijo con los retoños de años de picar piedra y no encontrar tesoro.

Despierto cada mañana entre emoción y náusea, buscando enriquecer los nacimientos que con tanto esmero he cosechado, abonó con los mejores nutrientes, y busco ser capaz de eliminar la mala hierba antes que crezca, pero siempre gozar de cada momento de existencia.

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Juicios sin rostro

El número 14 son las emociones.

Cumplí un mes en San Cristóbal de las Casas, me parece muy interesante como cambia la temporalidad en nuestro interior conforme vamos creciendo. No solo en edad, sino que también en la evolución de la consciencia. Llevo como año y medio en que el tiempo ha dejado de tener sentido, pueden pasar 4 meses en los que perciba que no hay cambio y de pronto dos semanas sentirse como una vida completa.

A lo que voy es que me siento completamente diferente de cuando llegué aquí, he tenido tantos cambios de consciencia, como si un niño travieso prendiera y apagara el switch de una luz, que ya no recuerdo como me sentía antes de venir, ya no me identifico con antiguas maneras de pensar.

Además la energía cósmica que está operando en esta época es fuertísima, por eso, si hay días en los que se sientan excesivamente sensibles, vulnerables, temerosos, alegres, amorosos, no siempre es porque ocurra algo bueno o malo en su interior, es más bien la energía del ambiente que influye en nosotros.

¿Qué he experimentado?

Los últimos cuatro días han sido intensos para mí, en mi interior hay un movimiento fuerte, según la astrología el mes de marzo está marcado por un retroceso emocional (aparente), porque vamos a revivir antiguas heridas, que parecían superadas y surgen con máxima potencia manifestándose de forma física. Con el propósito de que nos desechemos lo que ya no sirve.

En mi se presenta como un bloqueo en el área del plexo solar; angustia, gastritis, colitis, ansiedad, dolores de cabeza, tensión en el cuerpo. Es curioso, porque durante muchos años así me sentía todo el tiempo, ahora que regreso un poco, me doy cuenta de lo mal que manejaba la energía y como ésta en vez de ayudarme, me consumía.

Para ser más concreto en lo que siento, les cuento una experiencia:

El otro día estaba pensando en como no he cumplido con mi propósito de estar más activo en redes sociales,  se me vinieron a la mente otras personas que admiro, quienes si lo hacen y su contenido está llegando a más personas.

De pronto me di cuenta de cómo siempre me sentía juzgado por “los otros”, así que hice el ejercicio de ponerle cara a este grupo de personas quienes yo percibía me tenían bajo su mira, calificando cada acción que yo realizaba según sus parámetros de positivo o negativo.

NO TIENEN ROSTRO

Me di cuenta que no tienen forma o rostro en sí, solo percibí una energía oscura con ojitos de caricatura y sonrisa malévola, pero en sí no son nadie. Son miedos de la infancia en que fui bulleado en la escuela y me inventé esta proyección del ego, para cuidarme y que así yo no cometiera errores que me pusieran en evidencia.

El problema es que como adulto libre, inconscientemente me seguía dejando manipular por creencias que no iban de acuerdo con quien soy, algo tan fácil como estar conscientes en que si a los demás no les parece bien tu forma de ser o expresarte, es problema de ellos (mientras no agredas al otro), somos tan libres como queremos.

Mi invitación para cerrar con este post, es que hagan introspección y visualicen quién les ha puesto esos limites que ustedes creen reales, dense cuenta que ustedes tienen en todo momento el poder de ser como quieran, nadie puede obligarlos a ser algo que no va de acuerdo con su esencia.

 

 

Cuando tu interior hable, escucha

Mi interior me pedía a gritos un cambio, así fue como me di cuenta que no podía permanecer estático, igual que siempre; impasible, distraído y como si nada pasara. Decidí cambiar el rumbo de mi existencia, porque si quería vivir, <No solo existir, sino realmente tener una experiencia plena de vida>, iba a necesitar de un sinfín de recursos.

Durante mucho tiempo me sentí maldito, como si fuera un despreciado por Dios, ya que siempre me he sentido todo menos “normal”, veo como la gente vive de manera despreocupada, disfruta de lo que esta frente a sí y hace lo mismo que muchos otros. Mientras que yo pareciera que a todo llevo la contra— No, no por hipster.

Ahora que lo pienso, eso ha sido un gran regalo porque ante la inconformidad se convirtió en una necesidad el encontrar algo que me hiciera sentir bien, aunque fuera algo pequeñito. Cuando decidí cambiar, comencé a cuestionar lo que para mi era correcto, busqué otras formas de aprender y desarrollarme, me lancé a un gran número de vacíos con tal de encontrar la razón de mi existencia. Me topé con demonios que hielan la sangre, he fallado y me he caído, pero siempre, por más lastimado que he estado logro levantarme.

He llegado a un punto en el que me he destrozado tantas veces que ya no me asusta morir, porque sé que el arco iris solo puede aparecer después de la lluvia.

Estoy lejos de ser perfecto, de ser un hombre pleno y de saberlo todo, pero eso no importa porque cada día estoy más cerca de lo que soy y eso me llena de felicidad.

El llamado está dentro de ti también, ese grito interno que obliga a frenar y observar lo que está ocurriendo. Asusta, es difícil de aceptar, pero es la única manera de cumplir con tu propio destino, así que:

Escuchalo, integralo y trabaja por conocerte más, verás como el mundo cambia cuando tú cambias. 

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El poder de las palabras

Un sabio amigo una vez me dijo,”Las palabras son hechizos, con los que vas creando tu realidad”, en su momento se me hizo interesante, pero con el paso de los años cada día ha cobrado más sentido esa frase. Uno de los aprendizajes más grandes de mi vida ha sido:

La importancia de la palabra.

Te puedes dar cuenta de quién es una persona por su diálogo, si prestas la suficiente atención encontrarás el subtexto que se esconde bajo la superficialidad, por ejemplo:

“Prefiero estar solo, odio a la gente, si por mi fuera nunca saldría de mi cueva”. Expresa un miedo gigante a ser rechazado por la sociedad.

 

Las palabras funcionan primero que nada, para exponer los miedos que se quieren ocultar, segundo, decretan la manera en la que quiero que se rija mi vida y tercero llenan de veneno a la gente que me escucha.

Utiliza con sabiduría tus palabras, cambia las oraciones negativas a positivas, habla cuando te nazca y no para llenar espacios. Es terrible la tensión que se genera por el silencio  entre dos personas que no tienen tema de conversación, pero me parece todavía peor hablar al azar para cubrir el vacío.

Últimamente hablo menos, observo y escucho más, lo cual me hace encontrar maestros en todas partes, cada persona me deja algo de sí mismo con su conversación y también cuando me nace platicar mis palabras tienen mayor poder y repercusión en quien está frente a mí.

Te invito a que observes la manera en la que hablas, si dices muchas cosas negativas o malas palabras, si tus temas de conversación son superficiales o llenos de aprendizaje, al igual que escuchar a tu gente más cercana e intentar descifrar lo que realmente necesitan y verás como vas a generar un gran cambio a partir de pequeñas acciones.

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Experiencias trascendentales 1.0

La llegada del amanecer fue una experiencia repleta de textura y matices, tuve una sensación de integridad que no se siente todos los días. Conforme pasaban los minutos y la luminosidad aumentaba, podía percibir el alza del sol como si Dios hubiera accionado el interruptor de un controlador celestial, llenando de vida el día.

 

A la par de la llegada de un nuevo día, también un nuevo “yo”, se alzó.

Con estas palabras quiero empezar a relatar la experiencia que viví la semana pasada en ceremonia de Ayahuasca y Psilocibina. Admito que me da miedo escribir de ello por la opinión pública, pero también lo utilizo como herramienta de aceptación de mí mismo, de quién soy. Dejo de ocultar mi esencia. Es un camino que decidí tomar hace ya algún tiempo.

El bosque fue el espacio de práctica y liberación, la noche nos arropó dando inicio a la ceremonia, las tomas sucedieron y  a con el paso de los minutos mi mente se expandió, permitiéndome la entrada al juego astral de la consciencia.

Mi ego se inhibió y emergió; “Salvador”. El niño, el adulto, la esencia, lo real. Me sorprendí por su personalidad juguetona y llena de energía. Ahora que lo pienso, tal vez mi cansancio crónico proviene de utilizar gran parte de mi energía en mantener mi esencia bajo las sombras.

Durante la noche fui  un niño inocente, lleno de amor y con una palpable necesidad de sentirlo y transmitirlo. Bailé alrededor de la fogata, sentí las canciones tamborilear en mi corazón, pero también tuve que enfrentarme a la realidad, de la que se desprende una dura pregunta.

¿Quién Soy?

Me transmute en una hoja de papel que Dios tomó con sus mano y arrugó sin clemencia. Aquello que quería que permaneciese impoluto se convirtió en el eslabón más débil, esa hoja que escribí con cursiva y  buena ortografía; las leyes y caminos que rigen mi vida, como cada ceremonia, fueron destrozadas.

Recuerdo la insoportable presión de la medicina diciéndome, acepta lo que eres y mi terca negación de no hacerlo por miedo, entre las cosas que destacan recuerdo frases como:

“Extraño a _______, pero no me permito aceptarlo porque sería vulnerable”

” No quiero hacer aquello a lo que me comprometí”

“Me mantengo al margen de la vida porque me da miedo ser lastimado y rechazado”

“Necesito expresar amor; me estoy secando por mantener apariencias”

Aquella ola de totalidad terminó con una última frase que entregué a la llama de la fogata:

“¿Por qué siempre me obligo a hacer cosas que odio? ¿Por qué me obligo a vivir sintiéndome mal?”.

Lo que acabo de relatar no fue toda la experiencia, ni siquiera se acerca a la punta del iceberg, pero si dejo evidencia un aspecto importante de aquel sábado en que fui yo mismo.

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Gracias queridos lectores que me acompañan en el interesante caminar de la vida.

 

La (eterna) búsqueda de la felicidad

Entre el paquete de creencias que nos instalan cuando somos niños, se encuentra la idea de pensar que la felicidad es un regalo que nos es dado al  nacer y que estamos listos para utilizar como nos plazca, cuando en realidad tenemos que luchar, trabajar por ella a lo largo de nuestra existencia.

Me apasiona el tema de la felicidad y el sentido de vida porque es lo único importante, ¿De qué sirve estar vivos si no vamos a disfrutar vivir? Es cierto que habrán momentos de enojo, tristeza y  agonía, pero no tenemos que sucumbir ante ellos.

Me gusta la enseñanza del Buda en éste tema:

“El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional.”

Así que de nada sirve estar lamentándonos por lo que ocurrió en el pasado o por lo que podría pasar en el futuro, yo sé que es fácil decirlo, pero experimentarlo requiere de gran coraje.

Soy una persona que en el exterior parece en paz, en constante gozo y armonía; pero la realidad es que tengo un caos interno, en forma de basilisco que me intenta devorar día con día y contra el cual debo luchar para no caer presa de la depresión.

Hay temporadas en que pierdo, pero he aprendido a  no dejarme hundir, porque sé que a pesar de la tormenta que no me permite ver el horizonte, nada es eterno y llegara el momento en que la luz vuelva a iluminar mi camino.

Hoy los quiero invitar a que se den un tiempo de silencio y vuelvan a apostar por ustedes mismos, todos somos un Buda en potencia solo necesitamos creer en nosotros y trabajar por ello.

Buenas Vibras.