Un beso

Estábamos sentados el uno frente al otro, quedé impactado por la belleza de sus facciones, miré sus ojos y me introduje en su esencia, me abrió las puertas de su ser y me dejó fascinado, con lo bella que era esa mujer.

─ Estás preciosa.

─ Gracias ─ Me contestó con un poco de timidez.

Me acerqué más y quedamos a un palmo de distancia, podía sentir su respiración, la calidez que emanaba al tocar mi cuerpo, pude ver como su piel se erizaba conforme rompía el espacio que nos separaba. Decidí tomar su mano y entrelazar mis dedos con los suyos, su corazón comenzó a latir al ritmo de los tambores que marcan el inicio de la guerra, más bien de una tregua diría yo, de la unión de dos seres.

─ ¿Por qué no te acercas más? ─ Me preguntó.

─ Porque antes de ello quiero que estemos sincronizados.

─ ¿Para qué? ─ Me contestó como si no entendiera de lo que estaba hablando.

─ Shh…─ Acerqué mi dedo índice a sus labios y suavemente la hice callar.

Ella cerró los ojos y comenzó a respirar profundamente, era el momento adecuado de efectuar el ataque, me acerqué y posé mis labios sobre los suyos. No quedan palabras para describir el acto.

 

Advertisements

¿Te quieres?

Cuando me hizo aquella pregunta no esperé contestar de la manera en que lo hice, pero con el tiempo me he dado cuenta que era la única respuesta posible.

─ ¿Te quieres? ─ me preguntó.

Cualquier persona normal contestaría que sí, aunque no fuera así, porque no es usual expresar debilidad, pero yo estaba tan seguro de mi respuesta que contesté sin dudarlo.

─ No me quiero, sino amaría la vida y yo añoro estar muerto.

Que dura respuesta para otro ser que no conoce tu situación, que no ha vivido bajo tu piel y sentido la desgracia en la carne, pero preferí ser sincero, romper con el paradigma. Claro está que, no me odio, ni me detesto, simplemente no siento amor hacia mí, no siento mi cuerpo como un hogar, ni siquiera tengo un camino que seguir, simplemente estoy vivo porque debo estarlo.

─ Entonces ¿Piensas en quitarte la vida? ─ Hizo una segunda pregunta, la angustia se reflejaba en sus pupilas. Me tomó de los hombros y me abrazó, sentí como unas pequeñas gotas resbalaban por mi espalda, ella estaba llorando levemente.

─ Lo he pensado, es cierto, pero no pienso hacerlo ─ Le contesté consternado. ¿Cómo podía pensar que iba a cometer tal acto? A pesar de no querer la vida, el despojarme de ella, más que un pecado u ofensa ante Dios, significaba haber fracasado en mi misión en este plano de existencia, sería regresar otra vez al sufrimiento y definitivamente yo no quiero eso. Lo que más quiero es convertirme en polvo de estrellas y disolverme en el Cosmos.

─ ¿Y qué vas a hacer? De nada te sirve estar vivo si lo detestas. Se separó de mí y optó por una postura agresiva, mi expresión continuó inmutable, no había nada que alegar, todo era claro como el agua.

─ Buscar niña, buscar.

─ ¿Y qué vas a buscar? ─ Me preguntó confundida.

─ Amarme.

La miré a los ojos, me levanté y sin despedirme de ella partí. Nunca más nos íbamos a volver a encontrar.