Juicios sin rostro

El número 14 son las emociones.

Cumplí un mes en San Cristóbal de las Casas, me parece muy interesante como cambia la temporalidad en nuestro interior conforme vamos creciendo. No solo en edad, sino que también en la evolución de la consciencia. Llevo como año y medio en que el tiempo ha dejado de tener sentido, pueden pasar 4 meses en los que perciba que no hay cambio y de pronto dos semanas sentirse como una vida completa.

A lo que voy es que me siento completamente diferente de cuando llegué aquí, he tenido tantos cambios de consciencia, como si un niño travieso prendiera y apagara el switch de una luz, que ya no recuerdo como me sentía antes de venir, ya no me identifico con antiguas maneras de pensar.

Además la energía cósmica que está operando en esta época es fuertísima, por eso, si hay días en los que se sientan excesivamente sensibles, vulnerables, temerosos, alegres, amorosos, no siempre es porque ocurra algo bueno o malo en su interior, es más bien la energía del ambiente que influye en nosotros.

¿Qué he experimentado?

Los últimos cuatro días han sido intensos para mí, en mi interior hay un movimiento fuerte, según la astrología el mes de marzo está marcado por un retroceso emocional (aparente), porque vamos a revivir antiguas heridas, que parecían superadas y surgen con máxima potencia manifestándose de forma física. Con el propósito de que nos desechemos lo que ya no sirve.

En mi se presenta como un bloqueo en el área del plexo solar; angustia, gastritis, colitis, ansiedad, dolores de cabeza, tensión en el cuerpo. Es curioso, porque durante muchos años así me sentía todo el tiempo, ahora que regreso un poco, me doy cuenta de lo mal que manejaba la energía y como ésta en vez de ayudarme, me consumía.

Para ser más concreto en lo que siento, les cuento una experiencia:

El otro día estaba pensando en como no he cumplido con mi propósito de estar más activo en redes sociales,  se me vinieron a la mente otras personas que admiro, quienes si lo hacen y su contenido está llegando a más personas.

De pronto me di cuenta de cómo siempre me sentía juzgado por “los otros”, así que hice el ejercicio de ponerle cara a este grupo de personas quienes yo percibía me tenían bajo su mira, calificando cada acción que yo realizaba según sus parámetros de positivo o negativo.

NO TIENEN ROSTRO

Me di cuenta que no tienen forma o rostro en sí, solo percibí una energía oscura con ojitos de caricatura y sonrisa malévola, pero en sí no son nadie. Son miedos de la infancia en que fui bulleado en la escuela y me inventé esta proyección del ego, para cuidarme y que así yo no cometiera errores que me pusieran en evidencia.

El problema es que como adulto libre, inconscientemente me seguía dejando manipular por creencias que no iban de acuerdo con quien soy, algo tan fácil como estar conscientes en que si a los demás no les parece bien tu forma de ser o expresarte, es problema de ellos (mientras no agredas al otro), somos tan libres como queremos.

Mi invitación para cerrar con este post, es que hagan introspección y visualicen quién les ha puesto esos limites que ustedes creen reales, dense cuenta que ustedes tienen en todo momento el poder de ser como quieran, nadie puede obligarlos a ser algo que no va de acuerdo con su esencia.

 

 

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Soberbia: herramienta negativa de poder

Tengo impreso en la mente un pasaje de Carlos Castaneda; en el cual,  él le dice a Don Juan que se siente seguro y poderoso. A lo que el brujo Yaqui le contesta: cuando un hombre siente que está en la cima de la montaña es porque está en el precipicio a punto de caer.

Cuando nos sentimos tan altos es porque transpiramos soberbia, porque nos sentimos superiores a los demás e inmunes al error, se nos ha enseñado que la equivocación es negativa y de gente débil, los medios de comunicación promueven a súper-estrellas que llevan tatuada en la frente esta palabra.

En estos días a través de golpes de realidad, me he dado cuenta que soy un ser humano muy soberbio, que a veces realizo acciones con un “sentido positivo”, pero que detrás de ellas esconden un propósito egoísta, que en ocasiones termina por lastimar a otras personas.

¿Cómo resolverlo? 

Con humildad; aceptar que nos equivocamos y que no por ello somos malos, ya que es una forma de aprender, reconocer nuestros errores y ceder ante el orgullo de parecer que no somos vulnerables.

Todo ser humano tiene un lado débil que debe aprender a ver, trabajar y amar, porque es una parte que le define y le distingue de los demás, no quiere decir que sea mala, simplemente que es necesario fortalecerla.

Hoy acepto éste defecto que me acompaña, no en una actitud de tortura, sino de sinceridad y disculpa a todos aquellos que pude haber llegado a dañar en el camino, porque quiero trascender y para ello es necesario hacer conscientes mis áreas negativas y trabajar en ellas.

 

La cafetería

Me acerqué a la cafetería, con la esperanza de encontrar a un viejo fantasma, camuflado entre embriagantes notas de café, al entrar, el piso de madera cruje ante mis pies y me recuerda un tiempo de largas pláticas, repleto de carcajadas, el retrato de un ayer que me iluminó de placer.

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(Urban Sketchers)

Para mi sorpresa te encuentro, un viaje al pasado, lo único que cambia es la persona  frente a ti, ya no soy yo, se trata de otro hombre, el reemplazo perfecto, no puedo evitar sentirme mal y alejarme de ahí, tú no te das cuenta, pero yo sí.

Qué grande es el dolor que puede provocar una escena delante de nosotros, una benigna serie de imágenes que desfilan ante nuestros ojos, sin la intención de lastimarnos, pero que nos provocan desgarres de tristeza.

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(Val.)

Qué difícil es dejar ir, sobre todo a aquellas personas que no solo tocan el interior de nuestro ser, sino que nos inundan con nueva vida; aquellas que se convierten en energía vital en nuestra existencia, que al caminar dejan huella, ¿por qué los tenemos que soltar? Que agradable sería poder cerrar la mano y como un montón de coloridos globos impedir que sigan volando hasta su destino, dulce egoísmo de retener aquello que nos hizo feliz.

Me encuentro en una orilla de la banqueta, con la cabeza entre las rodillas, las lágrimas como un torrente empapan mis pantalones, o tal vez estoy en un rincón de mi mente, ya no sé, de lo único que estoy seguro es que el horizonte se va cerrando y quedo encapsulado dentro de él, cada respiración se hace más corta, y la esperanza se apaga.

CandyWareHouse
(CandyWareHouse, 2016)

De pronto algo cambia mi destino, un niño se acerca a mí, viene de la mano de su madre y le pregunta el porqué de mi desolación, ella no sabe que responder. Toma impulso y se suelta de su brazo, corre hacia mí, en un gesto de empatía y me ofrece su paleta de caramelo, una espiral de colores. Yo me niego y le agradezco. Él no desiste de su intento y me embarra el objeto en el rostro. Ese simple acto me deja anonadado, una acción tan diminuta como esa, me hizo entender un principio básico de la vida.

Es necesario cerrar ciclos, puertas, ventanas para abrir otras nuevas, permitir un eterno flujo de energía alrededor de nosotros, dejar de ser presas que buscan retener el agua, para de manera egoísta llenarnos hasta reventar, a tal grado que olvidamos, que sin movimiento el agua se estanca y lo que alguna vez nos hizo bien se convierte en tóxico y desagradable.

The Great Wave off Kanagawa  by KATSUSHIKA HOKUSAI
(Kanagawa oki no namiura, Katsushika Hokusai)

Así que en  vez de buscar guardar para mí todo lo maravilloso y pudrirme con ello, comprendo que debo liberar las compuertas de mi deseo, y dejar que fluya y siga su camino, agradezco y honro a todo aquel que pasa por mí, pero al dejar que la corriente continúe, logro llegar al mar, eterno repertorio de espiritualidad.

Salvador  Gonram.

A veces

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(Gonram, 2016)

A veces cierro los ojos y me imagino cayendo de espaldas por un acantilado directo al mar, percibo la sensación de libertad producida por el aire fresco corriendo por mi cuerpo, el contacto con el agua fría y suave, que funge como un medio para generar el despertar de la conciencia. Al hundirme en las profundidades de este océano pierdo el miedo a la inmensidad, a lo desconocido y me lleno de placer por estar recibiendo tanto del universo.

A veces pienso que no hay nada más, que somos piezas de un ajedrez gigante y nuestras acciones no tienen ninguna repercusión, pero al abrir mi ventana y sentir el aire fresco de la noche, recuerdo la grandeza de nuestras acciones y como un pequeño acto de amor, puede repercutir en la felicidad de muchas personas.

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(Becausebirds.com, 2016)

A veces siento que Dios no existe, que es una invención de las religiones para manipular la voluntad de la gente, después observo la danza del colibrí frente a mí y entiendo el milagro de la vida, como Dios está en todo, motor de la existencia; que los dogmas fueron creados para traducir la espiritualidad en palabras, pero que no hay lenguaje capaz de describir su divinidad.

A veces tengo la certeza de que no te voy a encontrar, que el amor es una mentira fabricada por los antiguos poetas y que estaré por siempre solo. Pero luego miro un par de bellos ojos y mi corazón se desboca, poco a poco entiendo que todo llega a su debido momento.

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(Gonram, 2016)

A veces pienso que soy incapaz de amar, que solo es una emoción pasajera que con el paso del tiempo se va oxidando y se transforma en dependencia y esclavitud, hasta que me entrego enteramente a estar vivo y doy testimonio del sentimiento más bonito hacia otro ser.

A veces quisiera quitarme la vida, dejar a un lado todo este sufrimiento y dolor, para encontrarme con una paz tan soñada y añorada, luego cierro los ojos y respiro, con el paso de los minutos entiendo que tengo una misión, una transformación y un fin último, que todo esto es parte del proceso para llegar a ello y solo con sangre y lágrimas lo voy a poder alcanzar.

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(Gonram, 2016)

A veces dejo de hablar y comienzo a escuchar, a sentir y percibir el espacio a mí alrededor y me doy cuenta de todo lo que me pierdo por a veces, estar pensando en tantas cosas.

Salvador Gonram.